El crecimiento de las compras por internet y la llegada de plataformas internacionales de indumentaria instalaron un nuevo debate sobre los hábitos de consumo. El fenómeno conocido como fast fashion, o moda rápida, propone prendas a precios accesibles y colecciones que cambian constantemente, pero también genera interrogantes sobre su calidad, el impacto ambiental y las condiciones de producción.
Qué hay detrás del fast fashion: precios bajos, calidad y contaminación
La diseñadora jujeña Julieta Cardozo explicó cómo funciona la moda rápida, sus efectos ambientales y laborales, y la importancia de comprar conscientemente
La diseñadora de moda jujeña Julieta Cardozo analizó esta tendencia y advirtió sobre las consecuencias de un modelo que incentiva la compra permanente de ropa, muchas veces sin considerar su durabilidad.
Qué es el fast fashion y cómo funciona
El fast fashion es un sistema de producción y comercialización de indumentaria basado en lanzar nuevas colecciones en períodos cada vez más cortos. Su objetivo es responder rápidamente a las tendencias y estimular el consumo mediante precios competitivos.
Cardozo explicó que actualmente también se habla del hyper fast fashion, una modalidad todavía más acelerada que se caracteriza por renovar productos constantemente y ofrecer valores muy bajos.
Según señaló, las grandes empresas generan microtendencias que rápidamente pierden vigencia, mientras que muchas prendas presentan una calidad que limita su vida útil.
El impacto ambiental y laboral de la moda rápida
Uno de los principales cuestionamientos al fast fashion está relacionado con la cantidad de residuos textiles que produce. Cardozo mencionó la acumulación de ropa descartada en el desierto de Atacama, en Chile, como ejemplo de las consecuencias ambientales de este sistema.
También puso el foco en las condiciones laborales que pueden existir detrás de la fabricación de prendas de bajo costo.
Expresó, en referencia al impacto ambiental, las posibles consecuencias sanitarias y la explotación laboral vinculada a determinadas cadenas de producción.
La especialista remarcó que conocer el origen de la ropa y las condiciones en las que se fabrica permite tomar decisiones de compra más informadas.
Por qué es importante leer las etiquetas de la ropa
Durante la charla, Cardozo recomendó prestar especial atención a la composición de los materiales utilizados en la indumentaria.
Explicó que muchas personas únicamente revisan las etiquetas para conocer el talle, sin observar qué fibras componen las prendas.
Entre los materiales más habituales mencionó el poliéster, el nylon y el acrílico, además de las mezclas con algodón y otras fibras.
La diseñadora recordó que algunos de estos componentes son derivados del petróleo y planteó la importancia de conocer sus características, tanto por su durabilidad como por sus posibles efectos en personas sensibles a determinados materiales.
También aclaró que el precio elevado de una prenda no siempre garantiza una mejor calidad, ya que en algunos casos el consumidor paga por el posicionamiento, la trayectoria y el marketing de una marca.
La competencia entre los diseñadores argentinos y las plataformas internacionales
Cardozo también analizó las dificultades que enfrentan los productores y diseñadores nacionales para competir con los precios de las grandes plataformas internacionales.
Desde su experiencia como creadora de moda, explicó que fabricar indumentaria en Argentina implica afrontar costos relacionados con los impuestos, las telas y otros factores productivos que dificultan la comparación directa de precios.
En ese sentido, consideró que existe una competencia desigual entre los emprendimientos locales y las grandes compañías que comercializan productos a escala internacional.
Cómo consumir moda de manera más consciente
Frente a este escenario, la especialista propuso repensar los hábitos de compra y evitar adquirir prendas únicamente por impulso o por seguir tendencias pasajeras.
Cardozo destacó la importancia de elegir ropa de mayor durabilidad, revisar las etiquetas y considerar alternativas como las ferias americanas y la indumentaria de segunda mano.
Como ejemplo, comparó una remera económica que pierde su forma después de pocos lavados con una prenda de mejor calidad que puede utilizarse durante años. Según explicó, reemplazar constantemente ropa de baja durabilidad puede terminar generando un gasto similar o incluso mayor.
Finalmente, remarcó que el objetivo no es dejar de comprar ropa ni renunciar a la moda, sino adoptar una mirada más consciente sobre aquello que se consume.
La reflexión apunta a considerar no solamente cuánto cuesta una prenda, sino también cuánto tiempo puede utilizarse, cómo fue fabricada y qué impacto genera antes de convertirse en residuo.
