Fotografiarse se ha vuelto un ejercicio prácticamente diario para todas las personas en este mundo, pero en particular para nuestra generación de nativos digitales, niños y adolescentes.
¿Alguno de ustedes se ha puesto a pensar en la manera que ese simple acto fue distorsionándose y cambiando el objetivo de captar un momento para recordar, en una necesidad de obtener una imagen perfecta y digna de ser compartida en las redes sociales? Y eso no culmina allí porque luego se espera que todo aquel que la vea la apruebe con un “me gusta” o realice comentarios favorables. Pero sucede que esto no suele ser siempre así y cuando la respuesta social no es la esperada… “Agarrate Catalina”.
Hoy en día no vemos que a ningún adolescente le falte un dispositivo que pueda captar su imagen y mucho menos aplicaciones que la corrijan convirtiéndola en una fotografía perfecta e ideal que se utiliza para sociabilizar a través de las redes sociales, y sobre todo ser aceptado. En todo este interjuego hay un punto esencial que todos debemos comenzar a mirar en profundidad y prestarle una especial atención: la Imagen Corporal y la consecuente Autoestima.
En tiempos pasados, Sócrates nos decía “Conócete a ti mismo” y la verdad es que tenía mucha razón, porque justamente de eso se trata la tan nombrada Autoestima. Quizás la acción de tomarse fotografías todo el tiempo pasaría a ser una manera de experimentar ese conocimiento, porque la imagen puede mostrarme cómo soy, cómo estoy, quién soy, pero proyectando un deseo de aceptación social y hasta de apreciación y aprobación del otro. Y también entra a jugar la construcción de la identidad, pero basada en ideales propiciados por una sociedad que marca un modelo a seguir en torno a la imagen física. Así que, a estar bien atentos, porque de esta forma vamos por muy mal camino y hacia un destino que no es más que el desarrollo de algún tipo de trastorno en nuestra salud mental, porque la preocupación excesiva por el aspecto físico del propio cuerpo puede causar un daño profundo en nuestra psiquis.
Una pregunta más detallada sería ¿qué es lo que realmente esperan de lo que la lente capta? Muchos adolescentes que inician la etapa con inseguridad sobre su aspecto físico y su cuerpo, caen presos de este mundo digital, en el que muchos consiguen gran cantidad de seguidores por una simple fotografía, y pasan a convertirse en exitosos Influencers. Y todos los seguidores confirman ese éxito pensando que por ahí es el camino ideal. Pero lamento decirles que no, porque esas personas tienen un objetivo totalmente diferente que es influir en la manera de pensar o en la forma de comportarse de otros, sobre todo a través de los medios digitales. Entonces no se trataría de personas en conflicto con su imagen corporal y tampoco estarían buscando que una foto sea aprobada.
Mi intención no es afirmar que tomarse una fotografía sea algo malo o negativo, el punto es saber hasta dónde se convierte en una costumbre imparable, en una obsesión sobre todo para los Adolescentes, que con el fin de aceptar su imagen física y de sentirse bien consigo mismos, harán de todo hasta reflejar el modelo soñado y ser aprobados socialmente por desconocidos.
Con todo esto apunto a ver si dentro de nuestra propia familia, grupo de amigos, de pares, escuelas, trabajos, etc., nos pusimos a revisar o hablar del tema, si miramos a nuestros adolescentes o nuestras propias acciones, para evaluarlas y ver si estamos reforzando esta de conductas de pertenecer al mundo de las redes sociales donde se teje el estereotipo social y el modelo de imagen idealizado que mucho daño puede causar.
A fines prácticos y para no aburrirlos, pasaremos a algunas ideas que pueden ser de utilidad para ir generando cambios.
Una práctica fundamental es enseñar el autoconocimiento utilizando una mirada no del exterior físico, sino de la persona en su totalidad, porque para fortalecer nuestra Autoestima, tendremos que aprender a querernos, a aceptarnos con las fortalezas y las debilidades propias que hallaremos en esa introspección. Y al hacerlo deberemos repetir la premisa de que no somos, ni seremos, ni existen los seres perfectos.
Otra propuesta es saber que cumplir con un modelo de imagen no es más que eso, una copia sin originalidad y al final quedamos vacíos por cumplir con expectativas que luego pasarán de moda. Lo esencial es reconocer el cuerpo que me tocó con mis habilidades y destrezas personales como un todo, sin intentar recortarlo con las imágenes de una cámara digital. La premisa sería el “todo es más que la suma de las partes”.
Mirarnos y encontrar en nuestro aspecto físico lo bueno, lo positivo, y no lo que está mal, lo defectuoso, lo que no tengo o lo que quiero cambiar, es el mejor ejercicio diario para reconstruir la representación mental de quién soy y cómo soy. Y cuando no puedas, seguro podrás contar con la ayuda de un profesional que podrá acompañarte en este proceso no tan sencillo, pero tampoco imposible.
Berenice Ruesjas
Lic. en Psicología MP 330
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