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7 de agosto de 2023 - 11:40
Ciencia.

Argentino halló un cráter gigante en las Islas Malvinas

Ante el descubrimiento, el joven llamado Maximiliano Rocca cree que allí ocurrió un suceso histórico. El hueco data de 250 millones de años atrás.

Redacción de TodoJujuy
Por  Redacción de TodoJujuy

En el año 2002, Maximiliano Rocca se enteró de la existencia de una extraña formación circular de gran tamaño ubicada junto a las Islas Malvinas, oculta bajo el agua. Durante ese año, encontró un artículo escrito por el geólogo Michael Rampino, quien trabajaba en la Universidad de Nueva York, y que sugirió en la década de los '90 la posibilidad de que esa formación fuera en realidad un cráter de impacto.

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Rocca, un apasionado de la geología y analista de sistemas, destina parte de su tiempo libre a explorar este campo, aunque no completó su carrera en la materia. Al leer el artículo, quedó enormemente impactado. Su asombro creció al buscar en Internet y no hallar información sobre el tema. El trabajo de Rampino era fascinante, pero breve, y no profundizaba en el estudio de esa inmensa cuenca. “Nadie parecía haberse hecho eco de ese trabajo. Decidí que yo sería la persona que investigaría a fondo ese lugar”, dijo Rocca en diálogo con colegas de Infobae.

Al iniciar su investigación, lo primero que halló fue un mapa de anomalías gravimétricas de Malvinas, fechado en 1997, proporcionado por el Servicio Geológico Minero de Argentina (SEGEMAR). En el mapa, se podía apreciar una impresionante estructura circular ubicada al noroeste de Gran Malvinas, justo al lado de las islas.

Luego, como siguiente paso, se comunicó con geólogos británicos especializados en Malvinas. Inicialmente, encontró cierta tensión y una escasa disposición para colaborar. Hasta ese momento, los británicos apenas habían prestado atención a la geología submarina que rodea las islas. En uno de los escasos trabajos, los autores admitían la existencia de algo misterioso e inexplicado en la zona noroeste. Allí fue donde localizaron la cuenca y añadieron un enigmático signo de interrogación.

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Después de algunos meses, lograron acceder a compartir información sobre la región. Hacia el año 2004, Rocca tenía en su poder los mapas de anomalías gravimétricas que revelaban la presencia de un inmenso cráter con un diámetro de 250 kilómetros. Este hallazgo proporcionó el primer indicio que confirmaba su suposición, pero aún necesitaba más datos e información, específicamente mapas magnéticos, que no pudo obtener hasta transcurridos diez años.

En el año 2015, tuvo la oportunidad de conocer al geólogo paraguayo Jaime Báez Presser, un especialista en cráteres de impacto. Rocca se acercó a él y le solicitó la posibilidad de obtener mapas de anomalías magnéticas de las Islas Malvinas. En apenas unos días, Báez Presser le brindó acceso a una base de datos global que contenía esos mapas magnéticos, incluso desconocidos para él. Nuevamente, en esos mapas se encontró con una anomalía de valores magnéticos positivos que se alineaba perfectamente con su teoría.

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"Recuerdo que cuando vi esos mapas de Jaime pensé: 'No lo puedo creer... esto encaja a la perfección con un cráter de impacto colosal'. La estructura al noroeste de Malvinas es casi una copia del cráter de Chicxulub en Yucatán, México, de 200 kilómetros de diámetro y también tapado por sedimentos más jóvenes. Es el impacto que mató a los dinosaurios hace 66 millones de años", explicó.

Con los datos recopilados, redactó su primer ensayo científico sobre el tema, contando con la colaboración de Báez Presser como coautor. La revista Historia Natural de la Universidad Maimónides fue el lugar donde publicaron el artículo en 2015. Tras ese primer trabajo, se puso en contacto con Rampino, quien fue el primero en descubrir la cuenca, para informarle sobre los avances en la investigación. Trabajaron en conjunto y en 2017 lanzaron un nuevo informe, esta vez en la prestigiosa revista Terra Nova de Oxford.

“Fue muy importante porque publicamos en una de las mejores revistas de geología del mundo y nada menos que en Inglaterra”, rememoró Rocca. La difusión del artículo generó repercusiones en la comunidad científica y también captó la atención de la prensa. El Penguin News, el único periódico que circula en las Islas Malvinas, se hizo eco del descubrimiento.

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En esa época, se difundió la narración de un posible hallazgo que podría modificar parte del registro geológico: un gigantesco cráter formado hace unos 250 millones de años, cuyo impacto pudo haber desencadenado una extinción masiva.

Tras varios años, transcurrió un tiempo considerable durante el cual se registraron algunos progresos en la indagación. En ese lapso, Rocca hizo contacto con otro geólogo llamado Dietmar Müller, perteneciente a la Universidad de Sidney, quien le proporcionó el mapa más completo de las anomalías gravimétricas de la región. “Este mapa es para la geología como las radiografías para los médicos”, dijo el investigador argentino.

En el diálogo, se revela que hay una estructura circular de 250 km de ancho bajo el agua y tierra al lado de las islas, que parece tener la forma de un plato sopero. Los geólogos reconocieron previamente la existencia de una cuenca en ese lugar, pero no se dieron cuenta de que podría ser un cráter de impacto de asteroide o cometa. Sin embargo, los interlocutores afirman que esta cuenca es única en la zona y en el mundo, y en realidad es un gran cráter de impacto, lo que lo convierte en algo especial y relevante para el estudio geológico.

La hipótesis

El cráter solo se revela en cartografía geofísica. No se encuentran rocas identificables, lo cual es razonable dada la antigüedad estimada de la cuenca. El impacto se habría producido aproximadamente hace 250 millones de años.

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Según la explicación de Rocca, la cuenca presenta dos características que concuerdan perfectamente con las de un cráter de impacto provocado por un asteroide o cometa.

1. Exhibe un círculo de mediciones gravimétricas ascendentes con un diámetro de 250 kilómetros, circundando un núcleo de mediciones descendentes. Este diseño es característico de los cráteres de impacto de gran magnitud, y se observa incluso en los cráteres presentes en la Luna y Marte.

2. Presenta una extraordinaria singularidad ascendente del campo magnético, que el estudioso denominó la "Rosaleda Malvinas", debido al tono habitualmente empleado en los mapas para representar los valores magnéticos máximos.

“Cuando juntamos las dos cosas en el mismo lugar y asociadas a una cuenca con forma de cráter, la conclusión lógica a la que llegamos es a la de un cráter de impacto. Es la explicación más simple”, añadió.

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Hace algunos años, Rocca consideraba como su principal suposición el impacto de un asteroide. En la actualidad, inclina su preferencia hacia un cometa. Los asteroides se componen principalmente de rocas, con una alta presencia de silicatos y hierro, y carecen de hielos o gases. Por el contrario, los núcleos de los cometas son ricos en gas helio-3, están constituidos por hielos y dióxido de carbono.

Un grupo de investigadores japoneses ha publicado un estudio reciente que informa sobre el descubrimiento de gas helio-3 de origen extraterrestre hace unos 252 millones de años, durante el final del período geológico conocido como Pérmico, en territorio japoné. “Esto nos dice que algo puso todo ese gas extraterrestre en ese momento de la historia. Y lo más fácil para explicarlo es que un cometa golpeó la Tierra”, dijo Rocca, que aclaró que por el momento la hipótesis es especulativa, y que se necesita más trabajo para probarla.

Según su teoría, se plantea la posibilidad de que un núcleo de cometa con un diámetro superior a 10 kilómetros haya colisionado hace aproximadamente 252 millones de años en la región de Malvinas. Este evento coincidiría con la peor extinción en masa conocida en la historia, conocida como "gran mortandad", en la cual se estima que desapareció el 90% de las especies marinas y el 70% de las especies terrestres del planeta.

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Para comprender la envergadura de dicho suceso, realizó una comparativa utilizando la unidad de medida de energía llamada "megatón de TNT". Cada megatón equivale a un millón de toneladas del explosivo trinitrotolueno (TNT).

Un misil balístico nuclear posee una capacidad destructiva equivalente a 10 megatones de TNT, lo que sería capaz de devastar una ciudad del tamaño de Buenos Aires. Sin embargo, cuando se trata del impacto de un cometa, de un objeto cósmico moviéndose a una velocidad de 30 kilómetros por segundo, como el que generó el cráter de Chicxulub en Yucatán, la energía liberada alcanza los 100 millones de megatones de TNT. Esto demuestra la magnitud descomunal de tal evento en comparación con las capacidades destructivas humanas.

"Si, cien millones de megatones de TNT -repitió Rocca-. Eso equivale a un terremoto de magnitud 12, muchísimo más potente que cualquier terremoto que haya ocurrido en la historia. Bueno… el posible impacto en Malvinas habría liberado una energía similar", dijo.

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Investigación frenada

Inmediatamente después de la publicación del artículo en la revista de Oxford, la cuenca cercana a las Islas Malvinas adquirió mayor relevancia. A pesar de los progresos modestos alcanzados por Maximiliano Rocca desde entonces, nunca obtuvo el respaldo suficiente de los geólogos británicos, quienes parecen optar por el silencio debido a que la única explicación plausible, con los datos disponibles, es la presencia de un cráter de impacto.

El principal desafío que enfrentó radica en la necesidad de realizar un análisis exhaustivo del lugar, lo cual requeriría efectuar una perforación en el área del cráter para obtener muestras de rocas. Sin embargo, dicho procedimiento resultaría costoso, demandando millones de dólares.

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“Para estudiarlo bien y a fondo habría que ir con un barco petrolero de perforación. Habría que parar justo encima del cráter y perforar unos cuantos cientos de metros para sacar muestras de roca del sitio mismo del cráter. Los ingleses no quieren ni hablar de hacerlo. Por eso el tema está paralizado”, alertó Rocca.

Mientras tanto, un descubrimiento que podría arrojar luz sobre el final de la Era Paleozoica, hace más de 250 millones de años, permanece oculto en las profundidades del mar.

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