No fue el mejor partido. Por el contrario. El emotivo final puede resultar engañoso. Porque las emociones escasearon, con poco fútbol y mucho juego trabado. Pero a la luz del trámite, el punto no es mal negocio. Porque salvó el invicto de Morales Santos como técnico y elevó un poco más la autoestima.

El primer tiempo fue impreciso, trabado y con prevalencia de los que destruyeron. Gimnasia no pudo generar juego con un Auzqui errático, Morales poco activo y con Virreyra que perdía más de lo que ganaba. Situaciones de peligro no hubo, solo algunas aproximaciones que no generaron inquietud ni en De Girogi ni en Galván.

El segundo tiempo fue parecido, aunque el equipo de Álvarez logró un poco más de profundidad e inquietó con un par de escaladas por la derecha que encontraron buenas respuestas del 1 local. Hasta que Lillo recogió un rebote en el área luego de un tiro de esquina y puso el 1 a 0.

Morales Santos intentó con el ingreso de Bailone y Sufi, encontró un poco más de atrevimiento, pero sin precisión para inquietar. Un tiro de Auzqui fue lo más peligroso, con Morón haciendo tiempo en exceso y sin prejuicios.

En esos minutos finales y con Sánchez ya como centrodelantero, llegó lo más peligroso del local. Lo tuvo Sufi de cabeza y Buono en el área chica, pero no pudieron. Y cuando parecía que todo se desmoronaba, Sánchez definió como un 9 de calidad y a los 49 puso la igualdad, merecida, porque ninguno había hecho méritos para ganar.

Igualdad festejada como pocas, por la relevancia de sumar, mantener el invicto de su técnico y acrecentar un ánimo que hasta hace algunas semanas no era el mejor. Y no es poco. En lo futbolístico hay que mejorar, pero lo mejor es hacerlo con puntos en el bolsillo.

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