Ana Bohe nació en Palpalá, pero la vida la llevó a vivir en Bariloche. Tras superar dos graves enfermedades, la jujeña se convirtió en nadadora de aguas abiertas, y el Nahuel Huapi es su ambito.
Ana Bohe es doctora en Química, investigadora del Conicet y jefa de departamento del Centro Atómico Bariloche. Nació en Jujuy, más precisamente en Palpalá, y sus aspiraciones profesionales la llevaron por todo el país, pero la vida la puso a prueba.
En Palpalá aprendió a nadar de pequeña donde nació su pasión. Luego se mudó a Tucumán para estudiar la licenciatura en Química, y tras eso, viajó a La Plata a cursar el doctorado. Allí se casó y tuvo hijos. Luego en 1991 y a los 34 años, llegó a Bariloche, donde siguió con su pasión.
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Ana Bohe es de Palpalá, científica y nada en aguas abiertas en Bariloche (Foto TN)
“Queríamos una ciudad parecida a la que habitábamos cuando éramos chicos, una ciudad pueblo que conjugara naturaleza, aire libre y desarrollo profesional en contacto con el mundo, así uno no se siente aislado”, dijo Ana en TN recordando a su Palpalá natal.
Junto a su esposo Horacio Nassini, ingeniero mecánico con especialidad en combustibles nucleares, y a sus hijas María Belén, Daniela y su hijo Pablo Matías, que nacieron en La Plata, Ana trabajó como profesora en la Universidad Nacional del Comahue.
En 1992 comenzó su carrera como investigadora en el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet), hasta que ingresó al Centro Atómico Bariloche, cuna de la ingeniería nuclear en América Latina, es una de las sedes pioneras de la Comisión Nacional de Energía Atómica.
Sus años más duros
En el 2003 Ana Bohe afrontó una operación por cáncer de mama. “Fue un tratamiento difícil, que se extendió desde septiembre hasta marzo del año siguiente, aunque me recuperé rápido”, pero tres años después y como consecuencia de los tratamientos con radiación, tuvo una leucemia secundaria.
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Ana nació en Palpalá y trabaja como científica en Bariloche (Foto TN)
Ocho meses de tratamiento, con internaciones alternadas, conjugando 20 días en el sanatorio y 15 de recuperación en casa. “Fueron los momentos más críticos. Ahí yo solo pensaba en la natación, en que quería volver a nadar. Si bien trabajo en ciencias, nunca pensé ‘tengo que volver a trabajar’, solo pensaba en la natación”, remarca.
“La natación me dio esperanza y paciencia. Pensar en los momentos lindos que había tenido y en los que quería tener”, dijo Ana Bohe. “Siempre pensé que iba a volver a nadar. En realidad, yo pensaba que quería nadar. No aceptaba la situación de no volver a hacerlo”.
Sobre fines del 2007 y comienzos del 2008, Ana estuvo aislada ya que su sistema inmunológico estaba debilitado. Cuando tuvo el alta médica, lo primero que hizo fue ir a nadar. “Cuando volví y traté de nadar, no podía mover los hombros. El tratamiento me provocó una alteración en las articulaciones, llegué a la pileta y no podía mover los hombros”, describe.
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Ana Bohe es de Palpalá, científica y nada en aguas abiertas en Bariloche (Foto TN)
Internada siempre soñó con nadar en el Lago Nahuel Huapi. “Me veía bajando por la calle, yendo al lago y cruzando a la isla. Pienso en las primeras experiencias a nado en aguas abiertas. Eso me hace sentir una sensación de tranquilidad, disipa la ansiedad y me da mucha fuerza”, recordó Ana.
La vida en aguas abiertas
Ana no imaginó en convertirse en una nadadora de aguas abiertas. Tomó clases y empezó a entrenar. “Yo nadaba en cualquier charco que había, pero nunca lo había hecho en aguas frías. En el norte el agua es templada”, dice Ana quien al principio no creyó que podía sumergirse en las aguas del lago Nahuel Huapi.
La temperatura del agua en verano se estima ente 12 y 13 grados, pero en invierno entre los 5 y 8 grados. El Huapi es un lago de origen glaciar que posee un ancho máximo de 10,2 kilómetros y su superficie es de 529 kilómetros
Ana ya participó de competencias de aguas abiertas, como en el tradicional triatlón Escape a la isla Huemul, la competencia que combina 1500 metros de natación en el lago Nahuel Huapi, 40 kilómetros de ciclismo y 10 de pedestrismo, por un circuito desde Playa Bonita en la avenida Bustillo, hasta el Cerro Catedral.
“Ese desafío lo organicé yo. Lo hicimos en un sistema de postas. Daniela, mi hija la del medio, se entrenó para poder participar en ciclismo, Carmen, mi amiga que corre por la montaña, hizo el pedestrismo y yo nadé. Claro que no ganamos, pero lo cumplimos en un tiempo estipulado, algo así como 2 horas para las tres actividades”, explicó.
Su vida como científica
En el Centro Atómico Bariloche, Ana Bohe busca soluciones a los problemas para el tratamiento de uranio. “Mi especialidad es cinética de reacciones y procesos heterogéneos. Muchas de esas reacciones se utilizan para tener insumos para los reactores nucleares, se utilizan para el procesamiento de combustibles gastados, aplicando a distintas necesidades de la energía nuclear”, describe Ana.
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Ana Bohe es jujeña, científica y nada en aguas abiertas (Foto TN)
“Los procesos son procesos físicos, pero todos los problemas son químicos. Trabajamos para resolver los problemas que se van presentando”, cerró la oriunda de Palpalá.
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