Dormir, despertarse, concentrarse y mantener la energía a lo largo del día están atravesados por distintos ritmos que actúan de manera simultánea. El psicólogo Rodrigo Aladzeme (MP 284) explicó cómo se relacionan el reloj biológico, el reloj solar y el reloj social, y qué ocurre cuando las exigencias de la vida cotidiana obligan al cuerpo a modificar sus ciclos naturales.
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Reloj biológico, social y solar: qué son y cómo influyen en el día a día según un psicólogo jujeño
El psicólogo Rodrigo Aladzeme explicó cómo interactúan los ritmos internos, la luz natural y las obligaciones cotidianas, y por qué es clave encontrar un equilibrio.
Según detalló el profesional, el organismo cuenta con mecanismos internos vinculados al descanso y al estado de alerta, pero estos también reciben la influencia de la luz natural y de las actividades impuestas por la sociedad, como los horarios laborales, escolares o las tareas nocturnas.
Qué son el reloj biológico, el solar y el social
Aladzeme señaló que el reloj biológico está vinculado con los ritmos internos del organismo y se encuentra estrechamente relacionado con los ciclos de luz y oscuridad.
En ese esquema interviene también el reloj solar, determinado por la salida y la puesta del sol. De acuerdo con el especialista, la disminución de la luz acompaña la activación de procesos asociados al descanso, mientras que con la llegada del día se ponen en marcha mecanismos relacionados con el estado de alerta.
El tercer factor es el denominado reloj social, que tiene que ver con las obligaciones y costumbres que forman parte de la vida cotidiana.
“Ahí viene el reloj social, que es justamente la cultura”, explicó Aladzeme. Trabajar desde muy temprano, estudiar en horarios determinados o cumplir turnos nocturnos puede obligar al organismo a modificar el ritmo que naturalmente seguiría.
Cuando el cuerpo debe hacer una “adaptación forzada”
Para el psicólogo, el conflicto aparece cuando las exigencias sociales no coinciden con los tiempos del organismo. En esos casos habló de una “sobreadaptación”, es decir, una adaptación forzada a determinados horarios.
Un ejemplo habitual ocurre con quienes deben levantarse cuando todavía es de noche o con las personas que trabajan durante la madrugada y necesitan dormir durante el día.
“Muchas veces no se puede adaptar, que sería lo saludable. La sobreadaptación viene a ser una adaptación forzada”, explicó.
Este desajuste también puede reflejarse en una situación frecuente: dormir varias horas, pero levantarse con la sensación de no haber descansado correctamente.
Melatonina y cortisol: qué papel cumplen en el descanso
Durante la entrevista, Aladzeme explicó además el papel que cumplen la melatonina y el cortisol dentro de los ritmos diarios.
La melatonina está relacionada con el sueño, mientras que el cortisol interviene en el estado de alerta y en la activación del organismo. Cuando los horarios de descanso cambian constantemente o se desarrolla actividad durante la noche, el especialista indicó que estos procesos pueden perder su regularidad.
“Hay gente que trabaja de noche, que empieza a trabajar a las 12 y termina a las 8 de la mañana. Se ha alterado su nivel de sueño y el cortisol y la melatonina empiezan a desregularse”, señaló.
Según explicó, esa situación puede traducirse en un descanso de menor calidad y en una sensación sostenida de estrés o cansancio.
Falta de descanso: cómo puede impactar en la concentración
El psicólogo advirtió que mantener durante mucho tiempo los tres relojes desalineados también puede repercutir en determinadas funciones cognitivas.
Entre las posibles consecuencias mencionó dificultades para procesar información, menor capacidad de concentración y problemas relacionados con la memoria.
En este punto también puso como ejemplo los horarios escolares muy tempranos. El especialista sostuvo que comenzar actividades cuando el organismo todavía no alcanzó un nivel adecuado de activación puede afectar la capacidad para incorporar, procesar y elaborar nueva información.
El descanso, por lo tanto, no solo tiene impacto sobre el cansancio físico, sino también sobre el funcionamiento cotidiano, el estudio y el rendimiento laboral.
Dormirse no es lo mismo que acostarse
Al momento de hablar sobre hábitos saludables, Aladzeme marcó una diferencia central: estar en la cama no necesariamente significa estar descansando.
Como referencia general, señaló que lo ideal sería lograr entre siete y ocho horas de sueño y, siempre que los horarios personales lo permitan, intentar dormirse alrededor de las 22 o 23.
“Es dormirse a las 10 u 11 de la noche, no acostarse”, remarcó. Permanecer en la cama utilizando el celular, mirando televisión o realizando otras actividades retrasa el momento en el que efectivamente comienza el descanso.
Por eso, sostuvo que cada persona debe organizar sus horarios teniendo en cuenta sus propias obligaciones. Alguien que necesita comenzar a trabajar a las 6 de la mañana, por ejemplo, deberá adelantar también el horario de sueño para intentar conservar una cantidad suficiente de descanso.
Buscar un equilibrio posible entre los tres relojes
No todas las personas pueden organizar su rutina exclusivamente en función de la salida y la puesta del sol. Los trabajos, la escuela, las actividades familiares y otras responsabilidades condicionan los horarios.
Por eso, Aladzeme planteó que el objetivo no pasa por seguir un esquema rígido, sino por buscar una adaptación saludable entre el reloj biológico, el solar y el social.
El descanso, concluyó, debe ser considerado una parte fundamental del bienestar y del rendimiento cotidiano, al mismo nivel que otros hábitos como la alimentación o la actividad física.