#TiempoDe Narices Rojas

Gastón Rivera junto a Javier Valdiviezo hablaron sobre lo que significa el voluntariado, la importancia de ayudar y expresaron lo que significa compartir con los adultos mayores.

Los voluntariados desempeñan un papel clave en la vida de muchas personas, proveen ayuda afectiva, cuidado específico y sobre todo mucho amor y respecto. Narices Rojas es parte de todo el esfuerzo de un grupo de jóvenes por colaborar con el cuidado de los adultos mayores.

Javier Valdiviezo de 16 años y Gastón Rivera de 27 años fueron de los primeros en ser parte del grupo Narices Rojas. El 22 de febrero del 2014 fue la primera vez que asistieron a un hogar junto a 13 chicos y vivieron su entrega de alegría con  cada uno de los “abuelos” como ellos los llaman, porque sienten una relación de parentesco y de hogar. “surgió un cambio en nuestras vidas” expresaron con una sonrisa.

Javier y Gastón se acompañaron desde un principio en la tarea de ayudar, aunque tienen diferencia de edad el objetivo en común los hace inseparables. Lograron juntar 70 chicos un sábado para que asistan a un hogar. “Fue gratificante ver a un abuelo con tres chicos cada uno riéndose, jugando, cantando y bailando” expresó Gastón.

“En el hogar en donde está cada uno, solo les brindan contención y atención, pero no tienen el calor de la familia y eso es lo que nosotros queremos trasmitirles” manifestó Javier.

Ambos comparten el hecho de que hacer un voluntariado los aleja de los malos actos y situaciones, dedican el tiempo del sábado para estar con otra persona y brindarles apoyo y algo muy valioso que es su tiempo.

Desde un principio asistieron con sus Narices Rojas que los identifica, “nos preguntaban por qué teníamos la nariz roja y nosotros le respondíamos porque nos habíamos caído, era un tema de conversación, de acercarnos y romper cualquier barrera”.

Un tema que los sensibilizó es el hecho de que no solo hay alegrías sino que tienen que afrontar perdidas, Gastón comentó una historia que lo hizo crecer y hacerse más fuerte “Yo visitaba mucho a una abuelita que rezaba por mí, ella siempre me preguntaba cómo me iba y si aprobaba las materias, un día fui contento porque le quería contar que había aprobado una materia y ya no estaba. Son momentos que uno no entiende, pero seguí adelante para ayudar a otros que necesitaban, aprendí mucho de esa situación”.

Javier también comentó que tiene que escuchar cómo los adultos mayores son abandonados por sus propios hijos. “Un abuelo me contó que su hijo no lo podía cuidar por su trabajo y que lo dejaba solo por unos días, pasaron dos años y nunca volvió”.

Narices Roja le presta no solo sus oídos a cada una de las personas,  sino que les entrega su amor y cariño y sobre todo momentos de alegría. “Sentir que nos esperan cada sábado es lo que nos incentiva día a día”.

Manifestaron que están haciendo cursos para aprender lenguaje de señas, porque sienten que pierden comunicación con algunos y quieren poder romper todas las barreras y darles el mismo trato a cada uno.

Actualmente son 44 chicos los que participan del voluntariado y se comprometen a las actividades que son organizadas en las reuniones que presentan, por lo general visitan el Hogar San Antonio, el  Hogar Guillermón, San Francisco y el Hogar de día de Virgen del Valle que queda en el Barrio Mariano Moreno.

En el mes de octubre tienen pensado realizar un proyecto  en donde puedan ayudar también a los animales de la calle. El cual consiste en utilizar las botellas de tres litros como plato y colocar alimento por donde frecuente cada integrante.

Para contactarse lo pueden hacer a través del Facebook Narices Rojas Jujuy.

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