El importante sector tabacalero de la provincia transita un trascendente periodo de su historia. Atraviesa una profunda crisis financiera poblada de muchos matices, que debe ser analizada desde varias aristas.

Enfrenta problema de precios producto de la actitud monopólica de una industria insaciable que en las dos campañas anteriores no otorgó ajustes al precio bajo el amparo de una crisis internacional que parecía que la debía soportar el productor en mayor medida. En esta última campaña, se adueñó de los beneficios de la devaluación del peso y de la quita de retenciones. Una vez más el productor fue la variable de ajuste de la voracidad de un socio dominante.

Enfrenta una fuerte crisis de su Cooperativa que arrastra una cuantiosa deuda, para hacerse cargo se dictó una ley declarando la emergencia y el compromiso de afectar recursos del Fondo Especial para su cancelación.

El Fondo Especial del Tabaco se transformó en un complemento del precio de mucha importancia para la subsistencia del sector, hoy arrastra problemas de burocracia  que hace que los fondos no lleguen en el tiempo ideal, una lógica situación producto del cambio de autoridades tanto en el gobierno nacional como provincial, pero este mes es clave y la plata no sobra para nadie.

Transita un tiempo muy importante en su calendario productivo, es la época donde el productor produce los almácigos para la campaña. En esta época se define cuántas hectáreas se plantarán. El desafío es importante, hace 6 años se plantaban 20.000 hectáreas, nos caímos a 17.000 que parecían ser un piso, hoy estamos en menos de 14.000 hectáreas. Esto es equivalente a mucho desempleo; recuperar 5000 hectáreas como objetivo es recuperar 5000 puestos de trabajo directos, el rumbo que se pretende es ése. Gobierno y tabacaleros lo sueñan como un horizonte muy necesario.

Tiene graves problemas de rentabilidad; el sinceramiento del tipo de cambio que generó la administración Macri con la salida del cepo terminó golpeando al productor. La mejora en el precio no la vio porque la industria se apropió de ella como dijimos al principio, pero los costos de producción están muchos de ellos dolarizados e impactaron fuertemente en la rentabilidad. Devaluación más costo financiero más costo salarial generó temor. Mucha presión para el productor a la hora de decidir cuánto va a plantar. No será tal vez el año ideal para recuperar áreas sembradas.

La presión tributaria pareció ser una mala praxis del Gobierno a la hora de tomar decisiones. La incrementó de tal manera que hoy un 80% del precio del cigarrillo es impuesto. El precio del paquete creció en forma sideral, el gobierno pronosticó recaudar para el FET más de 1100 millones en el año y en el mes de mayo, primer mes de aplicación, recaudó 101 millones menos. La presión fiscal aumentó el comercio ilegal; la voracidad fiscal le dejó la mesa servida al contrabando, hay silencio oficial sobre el tema, la persistencia en el error parece ser lo que pasará.

Todo este cuadro de situación habla a las claras  de la crisis que vive el sector. El tabacalero está acostumbrado a transitar estos tiempos con el sacrificio y el esfuerzo que fue forjando como hombre del campo, de un campo que lo moldeó a vivir momentos de frutos generosos y otros de maldiciones climáticas que parecen a veces ensañarse, pero que nunca los hacen bajar los brazos. Están curtidos y acostumbrados a arriesgar, forma parte de su genética.

Pero hoy enfrenta algo trascendental y muy complicado para su propia existencia, se enfrenta con una Cooperativa de Tabacaleros fuertemente endeudada pero producto de una fuerte corrupción. Durante mucho tiempo se habló de desmanejos y situaciones puntuales que ponían en tela de juicio algunas administraciones. Hoy lo que hay es mucho más profundo, la Cooperativa ha sido saqueada por varios delincuentes; en el medio sin duda quedarán embarrados directivos que seguramente jamás se llevaron un peso indebidamente, pero convalidaron con su inacción y su inoperancia a que algunos se enriquezcan. Los directivos actuales no podrán hacerse los distraídos, el riesgo de quedar en la complicidad los obligará a avanzar judicialmente.

En este mismo cuadro aparece Monterrico S.A., la fábrica de cigarrillo CJ, que cerraba el negocio en su totalidad porque permitía llegar a la etapa final, hoy transformada en lo peor de la corrupción. El día 11 de julio seguramente se resolverá su disolución. La Cooperativa de Tabacaleros dueña del 98 % de su capital heredará sin duda una deuda millonaria, tal vez superior a los 60 millones de pesos, pero también hereda la obligación moral de accionar contra los que la vaciaron. En Monterrico S.A. accionaron una verdadera banda de delincuentes. La gestión que asumió en febrero del 2013 tendrá la pesada carga de cerrar las puertas de una empresa que de no ser por los corruptos funcionaría bien. Las investigaciones realizadas determinaron cifras multimillonarias de cigarrillos en negro, estampillas falsas, depósitos en Córdoba con millones de paquetes no declarados.

Así como el país se sorprende con una corrupción sin precedente, la familia tabacalera vive un proceso de corrupción generalizada jamás visto. Deberán denunciar todo en la Justicia y también deberán activar causas que ya existen y como también paso en el país duermen el sueño de los justos en los juzgados.

Los tabacaleros necesitan un mani pulite. Durante mucho tiempo fueron corporativos y barrieron la roña bajo la alfombra, hoy la inmundicia es tan grande que no hay alfombra que la contenga. Muchos apellidos tradicionales del sector quedarán sin duda imputados y comprometidos. Cada uno deberá hacerse cargo de su error o de su omisión. La asamblea del 11 sacará a la luz muchas cosas. La producción tabacalera aparte de buen precio, financiación, buen clima y condiciones de mercado, también necesita un baño de honestidad y honradez. Deberá depurar de su seno a los muchos corruptos que la invadieron, al igual que el país necesita que los responsables se hagan cargo de sus errores.

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