Opinión. 

Noviazgo adolescente: el cibercontrol "no es amor ni protección"

Por la psicopedagoga Romina Tarifa.

Por  Lic. Romina Tarifa

En las adolescencias, ¿qué pasa en las relaciones de noviazgo o pareja entre los adolescentes y las adolescentes? Somos conscientes que la violencia de género no surge en la adultez donde se dan los mayores casos de femicidios, la situación de desigualdad se construye a partir de las infancias que vivimos. Sin dudas, la adolescencia es una etapa que nos demanda atención porque es cuando se comienza a vivir las primeras relaciones de pareja, a partir de las cuales se puede construir una relación de violencia o una relación basada en el reconocimiento del otro con respeto y empatía.

Las niñas y adolescentes quienes están en crecimiento y en desarrollo, son las más vulnerables y esto queda en evidencia a partir de los datos que nos brinda la Oficina de las Mujeres de la Corte Suprema de Justicia, la cual determinó que de las 251 víctimas directas de femicidios cometidos entre enero y diciembre de 2020, 24 eran niñas y adolescentes. Las adolescentes están siendo asesinadas principalmente por parte de sus parejas, ex parejas o amigos que tienen algún vínculo con ellas, donde su agresor en muchos casos es otro adolescente.

La pandemia nos empujó más a convivir en la cultura digital de la conectividad y visibilidad permanente, más que nunca las redes sociales tienen un rol preponderante en la construcción y mantenimiento de las relaciones socioafectivas. Los adolescentes se conectan y comunican entre ellos con naturalidad, siendo las redes los espacios de encuentro donde comparten con sus parejas y amigos, y también donde la sobreexposición de su esfera íntima y privada se expresa.

En esta cultura digital se impone el fenómeno de la ciberviolencia de género por la existencia de reiterados ataques persistentes y violentos que se llevan a cabo por razones de género focalizándose principal y fuertemente en las mujeres y la comunidad de la diversidad sexual. De esta forma, la violencia de género digital se expresa a través de actos violentos que son cometidos, instigados o agravados en parte o totalmente por el uso de las tecnologías de la información y comunicación. Esta violencia genera, al mismo tiempo, violencia psicológica por las graves consecuencias que genera en la salud mental de las víctimas y violencia simbólica debido a la repetición y perpetuación de mensajes, patrones y valores estereotipados que reproducen dominación y desigualdad.

Un tipo de violencia digital es el cibercontrol donde se usa principalmente el celular. Es importante reconocer que no es exclusivo de los y las adolescentes, también lo viven los jóvenes y adultos, pero es evidente que les afecta más a ellos por estar empezando a experimentar sus relaciones socio-afectivas de parejas y más afecta a las adolescentes por la desigualdad de género que vivimos. Si bien también lo llevan a cabo las mujeres contra los varones, se dan casos con mayor intensidad de los varones contra ellas.

En nuestro cotidiano, el celular ocupa un lugar central porque lo usamos como una extensión de nuestro propio cuerpo, y algunas personas de forma consciente o sin pensarlo mucho lo utilizan para ejercer el control sobre sus parejas o con quienes tienen alguna relación sexoafectiva. Se desarrolla con intensidad en el tiempo, con conductas que controlan, amenazan, vigilan, acosan e invaden la privacidad de la vida digital y personal. Se justifica y se encubre el control con las excusas de sentir celos y amor o con la intención de proteger a la pareja.

¿Cómo podemos identificar el control y vigilancia “cibercontrol?

Podemos reconocer algunas intenciones que provocan algunas conductas en las redes:

  • Controlar los horarios de conexión y actividad en línea: “Estuviste conectada en WhatsApp hasta las 3hs de la mañana. ¿Con quién hablabas?”
  • Vigilar sus relaciones sociales, conversaciones y opiniones en línea e interferir en las mismas: “¿Por qué aceptaste ser amiga de ese tal Saúl? ¿Lo conoces?. No le hubieras aceptado.
  • Vigilar qué publica y quiénes son sus amistades: “¿Porque le diste me gusta a ese tal Santiago? ¿Quién es? ¿De dónde lo conoces?
  • Censurar fotos que publica y comparte en redes sociales: ”!No pongas fotos en IG con esa ropa!”
  • Exigir que le responda al instante: “Te veo en línea! ¿Por qué estás en línea y no me escribís?”
  • Controlar lo que hace en las redes sociales criticando las actividades y publicaciones: “¿Por qué publicaste una foto en tu Instagram sin mandármela antes a mí?”
  • Exigir que demuestre su geolocalización: “¿Dónde estás? ¡Envíame tu ubicación!”
  • Controlar con quienes se encuentra: “Estoy con mi prima!. Ok, mándame una foto así las veo!”
  • Obligar a que envié imágenes o vídeos íntimos: “¡Envíame una foto sexi quiero verte ahora!”
  • Condicionar y amenazar para que le obedezca sin importar la voluntad de su pareja: ¡Si realmente me amas envíame unas fotos sexis. Todas las parejas lo hacen”
  • Demandar que le comunique sus contraseñas invadiendo su vida digital privada: “¡Pásame tus contraseñas si no tenés nada que ocultarme!”
  • Comunicarse con un lenguaje sexista y agresivo:”No pongas fotos en IG con esa ropa, parecés una puta. ¿Acaso te estás ofreciendo para otros?.

Prestemos atención a la identidad digital de nuestros contactos porque parte de esa identidad que nos muestran a través de sus mensajes y perfiles están comunicándonos quienes son, sus creencias, sentimientos y por ende sus conductas.

El celular y cada perfil de la red es personal y privado, si alguien no confía en nuestra palabra y exige pruebas para creernos es una señal de que la relación no es confiable ni saludable. El cibercontrol es un indicador clave para darnos cuenta que no estamos con una persona que nos trate como personas iguales a ellos “como pares-pareja”, al contrario, el trato se aproxima más a ser un objeto que se busca poseer porque cree que no piensa, no siente y tampoco decide por sí mismo.

Frente a esta realidad, no se trata de señalar quién es el más violento de la relación porque la violencia no está aislada ni depositada, la realidad es mucho más compleja. Se trata de reconocer que vivimos en un sistema desigual que se está transformando dónde podemos llegar a construir relaciones violentas, pero también podemos aprender a construir vínculos sanos entre amigos y parejas.

¿Cómo frenamos el cibercontrol? No podemos creer que con prohibir el uso del celular o prohibir una relación determinada se solucionen los problemas y menos aún si nos referimos a los y las adolescentes, quienes ya experimentan cierta independencia. Las conductas violentas no están en el aparato celular o en una persona determinada, la violencia está en la relación que se construyó basada en creencias y experiencias de lo que sería una relación y sus roles. Sobre estas creencias vivimos nuestras relaciones, por ejemplo, una adolescente puede creer que para salir con sus amigas necesita del permiso de su novio y este puede creer que si es necesario que le pida permiso, cuando sabemos que una relación tiene que expresarse la libertad, el diálogo, la empatía, el respeto y la confianza, y no en el control y el sometimiento.

El cibercontrol no se presenta de forma aislada, esto significa que también están presentes otras violencias como la violencia psicológica, simbólica, verbal y/o física, en la mayoría de los casos. Esta forma de violencia digital puede generar diversas consecuencias como la normalización de la violencia en las parejas que genera un precedente para futuras relaciones. Consecuencias psicológicas como la depresión, ansiedad, baja autoestima y miedos de relacionarse con los otros, y en casos extremos agravar la violencia con casos de lesiones y femicidios.

Es urgente poder educar a los niños, niñas y adolescentes desde una educación sexual integral que les brinde herramientas sobre el cuidado del cuerpo, el valor de la afectividad, el respeto por los otros, el autoconocimiento y autoestima, los derechos sexuales y reproductivos, entre otros. Y con respecto a la convivencia en la cultura digital, tenemos que orientar y acompañar a los adolescentes para el ejercicio de una ciudadanía digital más consciente donde puedan identificar las acciones violentas y los peligros y, al mismo tiempo, puedan comunicarse desde el respeto, responsabilidad y la empatía sin violencias.

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