Socialización y desarrollo de hábitos

El primer paso de la escolarización contempla el enfoque integral de la persona. Debido a que la edad temprana es el mejor momento para comenzar a internalizar pautas de comportamiento, deben promoverse conductas que favorezcan la calidad de vida actual y futura.

“El jardín acoge al niño, y trabaja en pos del desarrollo integral, debe entenderse que no sólo se trata de socialización, sino que además posibilita la construcción de hábitos fundamentales para la escuela primaria y para la vida misma”, afirma Mariana Etchegorry, maestra jardinera y psicopedagoga, docente del Instituto Católico Superior y miembro titular por el Colegio de Psicopedagogos en el Consejo de Niñez Adolescencia y Familia de Córdoba.

Por su parte, Torres advierte que “la construcción de hábitos y, en general, de todas las regulaciones que hacen a la vida en sociedad –como por ejemplo el control de esfínteres, el cuidado de la higiene en general, la regulación de las emociones, el propio control de la agresión, el uso del tiempo y del espacio (momentos pautados para el juego, el sueño, la alimentación)–, son procesos que se inician en el niño de manera temprana y es el ámbito primario, familiar, el responsable de constituirlos a través del vínculo afectivo y de cuidados”. Añade que “al mismo tiempo, son el reflejo de procesos importantes de constitución psíquica”.

El niño adquiere ciertos hábitos a través de las rutinas que su familia le va imponiendo. Pero esto es solo una parte del proceso. La regulación de la conducta y la propia aparición de la moralidad en el niño también están relacionados con los vínculos que establece.

“Las diferentes instituciones preescolares son, sin duda, grandes socializadoras y formadoras de hábitos. Por un lado, los van imponiendo a través de la rutina institucional: primero se saluda, luego se desayuna, luego se juega, etcétera, actividades que se realizan en general en el mismo orden y en espacios diferenciados. Esto colabora con la internalización y ordenamiento de las conductas en el niño. Por otro lado, en la convivencia con pares, cada uno aprende no sólo a que no dispone de un adulto con exclusividad, lo cual le reditúa en autonomía e independencia personal, sino también que las leyes y normas imperantes le implican una restricción, pero al mismo tiempo un beneficio. En lo práctico, la norma de “no pegar”, por ejemplo, implica que él debe abstenerse de hacerlo si se enoja con un compañero pero, al mismo tiempo, lo protege del golpe que otro le pueda propinar. La norma de que “los juguetes del jardín son de todos y se comparten”, le permite un uso si bien acotado pero posible de los mismos”, describe Mariana Torres, licenciada y profesora en Psicología.

Las actividades de rutina permiten anticipar lo que vendrá y otorgan seguridad al niño, ya que sabe, por ejemplo, que después de comer, los vienen a buscar. “El docente debe poner en palabras el porqué y el para qué de cada una de sus propuestas”. Los hábitos son importantes, siempre y cuando apunten a la independencia, a la resolución de problemas de manera autónoma, a la toma de decisiones. “Resulta fundamental que vayan acompañados de la palabra. Una vez le dije a un niño que vaya al baño a lavarse las manos. Como no volvía a la sala, fui a buscarlo y le pregunté por qué no volvía, me dijo: ‘Vos no me dijiste que volviera’. A veces, creemos que algunas actitudes o acciones resultan obvias”, sostiene María Celina Ruiz, licenciada en Educación Inicial por la Universidad Nacional de Santiago del Estero (Unse) y directora del Jardín Maternal Municipal “Arroz con Leche”.

Los adultos deben poder aceptar que sus hijos, desde pequeños, como todo ser humano y como todo miembro de la sociedad, estén regulados por determinadas normas que hacen tanto a su salud mental como a la posibilidad de la vida en sociedad. Etchegorry añade que “en muchos sentidos, el Jardín de Infantes es el que posibilita el “corte” fundamental que permite a algunos niños constituirse como sujetos. Muchos padres están desorientados en el rol, e imposibilitados de señalar los límites necesarios para el desarrollo sano. Sin juzgar las causas, se pueden citar algunas: condiciones de vida, ajetreo de la rutina, historias personales.

Coherencia. “Los hábitos deberían guardar coherencia con la vida social. ¿Por qué entonces el salir de la sala en tren? ¿Por qué fila de nenas y varones? ¿Los organizamos así porque nos resulta cómodo para “controlar”? Podrían salir ordenados sin formar fila”, declara la licenciada en Educación Inicial María Celina Ruiz.

Flexibilidad. “La vida del jardín requiere una gran flexibilidad. Todo puede ser alguna vez. ¿Por qué no? Las mesas se convierten en barcos, alguna mamá se queda porque su hijo la necesita, pueden ‘no jugar’ o no participar de alguna actividad porque no tienen ganas, pueden ir de visita a otra sala o a la sala de dirección, etcétera. Los hábitos deben estar directamente relacionados con la propuesta educativa y requieren revisiones periódicas, afirma María Celina Ruiz.

Aprendizajes

Respeto por el prójimo
Respeto de los tiempos y los espacios
Cuidado personal y de los objetos del jardín
Valor de la palabra
Control de esfínteres
Aprender a esperar
Escuchar y ser escuchados
Mantener el orden
Acomodar sus pertenencias
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