Por Raquel Abraham
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Sabemos que en las relaciones de pareja se atraviesan distintas etapas y se sortean dificultades constantemente. No es sencillo convivir con una persona y encontrar en ella todo: amor, pasión, amistad, romance, contención, humor, etc. En nuestra cultura, depositamos enormes expectativas en esta relación, y lo cierto es que, como en todo vínculo, debemos ser tolerantes, generosos, comprensivos y…¡tantas cosas más! Ahora, ¿qué sucede cuando una relación que supone, debe brindarnos felicidad y expansión, por lo contrario, nos hace sufrir? ¿Cómo sabemos cuándo una relación amorosa llega a su fin? ¿Cuándo es más saludable dar vuelta la página para escribir una nueva historia (solas o acompañadas)?
Ante tantos interrogantes, consultamos a la licenciada en Psicología Carola Alías (MP 259), para que nos aporte una mirada teórica y terapéutica sobre una relación, compleja, si las hay, que es la vida de a dos, la vida en pareja.
¿Si sentimos que en nuestra pareja, algo no está funcionando bien, ¿cómo podemos discernir si es una crisis pasajera, o un daño que tal vez solo pueda repararse mediante una separación? En síntesis, ¿cómo sabemos cuándo decir “basta”?
En toda pareja existen períodos de crisis, de desencuentros, de cuestionamientos o de quejas mutuas, de necesidad de algo que el otro no da etc. La crisis puede llevar a replanteos mutuos y a la toma de una decisión que tiene que ver con el cambio. Dicho cambio tendrá que ver con nuevos modos de funcionar de la pareja, con una reconstrucción o con la separación de la misma. Para decir basta habrá que evaluar cuales son las ventajas y desventajas de estar juntos, un vínculo se rompe cuando ya no tiene más razón de ser, cuando se puso en palabras o en actos la ruptura del acuerdo. El divorcio se produce cuando los cónyuges dejan de tener la necesidad y, al mismo tiempo, el deseo de estar juntos. Desde la psicología enfocamos la separación del vínculo matrimonial como un proceso. Este proceso, en su transcurso, desenmascara y actualiza conflictos de la pareja. Y como toda crisis conlleva un proceso de duelo y elaboración.
¿Es recomendable tomarse el famoso “tiempo” para evaluar en soledad y calma, o las crisis son mejor atravesarlas juntos, bajo el mismo techo?
Creo que las crisis pueden ser atravesadas por la pareja bajo el mismo techo, de hecho es lo que se escucha frecuentemente en la consulta. Tomarse un tiempo para evaluar en soledad, es una opción que se escucha frecuentemente en el noviazgo, en parejas adolescentes que no conviven.
¿Puede tener éxito una pareja que decide permanecer junta por no lastimar a sus hijos?
No considero que una pareja que permanezca junta solo por sus hijos pueda tener éxito. Habría que marcar la diferencia entre vínculo conyugal es decir la pareja en sí y pareja parental, que es aquella que cumple con las funciones organizadora, sostenedora, metabolizadora y de individuación de los hijos. La manera en cómo se cumplan o no estas funciones puede dar lugar a diferentes disfunciones familiares, que se pueden exacerbar en el proceso de separación. En lo que existe consenso es en que la pareja parental no se separa aunque se separen los cónyuges. La pareja parental, separada como pareja conyugal, sigue interesada en la continuidad vital del hijo. El hijo, proyecto realizado por la pareja, fue investido por los proyectos y anhelos de ambos padres. Pensamos que cuando los padres se separan siguen invistiendo al hijo de forma separada y no como producto de un proyecto compartido, en este sentido los cónyuges pueden seguir forjando el futuro de sus hijos pero no juntos.
La Dra. Louise Despert, en su libro Hijos del divorcio, considera que la separación en sí, no es automáticamente destructiva, pero sí lo es la incubación de las causas y sus exteriorizaciones antes que la separación llegue a producirse. El hecho de que los padres vivan juntos en la desdicha es una de las causas que más confunde a los niños. Ante una separación es cierto que los hijos sufren, deben reacomodarse a cambios etc. Pero el dolor inicial desaparece cuando logran ver a sus padres felices. Existen muchas parejas que son infelices o que están marcadas por la indiferencia, el maltrato o el desamor. Y eso es algo por lo que también los hijos sufren. Los hijos no están pidiendo el sacrifico de permanecer juntos.
¿Acudir a terapia de pareja puede ayudar a decidir si debemos o no terminar el vínculo amoroso?
La terapia de y en pareja trabaja fundamentalmente desde una perspectiva intersubjetiva, donde los cónyuges se plantean si “es posible la pareja”. En un marco de múltiples interrogantes , donde cada miembro de la pareja habla de sí mismo en presencia del otro. Muchas veces los miembros de una pareja prefieren esta alternativa terapéutica, que les promete un posible cambio, en lugar de definir la situación con una separación. La intervención terapéutica supone una intervención para el cambio, el cual puede tener que ver con tomar la decisión de separarse o no.
¿Por qué en general a la gente le cuesta tanto separarse, aún sabiendo que tienen una relación nociva para ellos mismos y para sus hijos?
Creo que a una pareja le cuesta separarse porque la separación matrimonial implica un cambio, una perdida que conlleva un proceso de duelo y que puede producir en los cónyuges una vivencia de desamparo, donde se sienten despojados de una parte importante de su mismidad. La convivencia, con sus ritos, costumbres y habitos tales como comer, dormir, etc, es en cierto modo reaseguradora, es decir cumple la función de marco y sostén. Es por ello que resulta a veces tan difícil romper un vínculo matrimonial generador de sufrimiento: se teme más perder la estabilidad protectora del vínculo que el objeto del vínculo.
Si ya decidimos que lo mejor para nosotros es separarnos, ¿cómo se lo comunicamos a nuestra pareja?
Comunicar al otro el deseo de separarse es una decisión interna que ya viene siendo procesada. Me parece importante hablar con sinceridad sin buscar culpables y sin dañar al otro.
¿En qué casos debemos replantearnos que tal vez es válido darnos una segunda oportunidad?
Creo que una pareja se da una segunda oportunidad cuando hay un real replanteo propio por parte de cada miembro y deseos de volver a elegirse, cuando uno deja de lado el egocentrismo y puede encontrar al Otro. Cuando vislumbramos una pequeña luz que nos recuerda quién es aquel que amamos y elegimos. Cuando podemos decir “en el desacuerdo estamos de acuerdo”.
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