El hecho reavivó la preocupación social por los antecedentes trágicos asociados al uso de bengalas en lugares cerrados, una práctica prohibida por las normas de seguridad vigentes.
El fuego y el humo, una amenaza inmediata
Las bengalas alcanzan temperaturas extremas y desprenden una gran cantidad de humo en pocos segundos. En un espacio cerrado, ese humo reduce el oxígeno disponible y dificulta la respiración, incluso antes de que el fuego avance.
En situaciones de incendio, la inhalación de humo representa uno de los mayores riesgos para la vida. La desorientación, la irritación en ojos y vías respiratorias y la pérdida de conciencia pueden aparecer en minutos, aun sin contacto directo con las llamas.
Además, el calor intenso facilita la propagación del fuego sobre materiales habituales en boliches, como telas, decoraciones, cables, banderas o estructuras livianas, lo que transforma un foco puntual en un incendio fuera de control.
Bengalas en espacios cerrados
Bengalas en espacios cerrados (Imagen ilustrativa).
Quemaduras y lesiones en segundos
El contacto con una bengala provoca quemaduras graves en muy poco tiempo. Las chispas y restos incandescentes no solo afectan a quien la enciende, sino también a personas cercanas que quedan expuestas sin advertencia previa.
La ropa, el cabello y la piel se convierten en superficies vulnerables ante la caída de partículas encendidas. En un lugar colmado, el riesgo se multiplica por la imposibilidad de mantener distancia y por la dificultad para moverse con rapidez.
Este tipo de lesiones puede producirse incluso cuando la bengala permanece encendida por pocos segundos, lo que refuerza el nivel de peligrosidad de su uso en ambientes cerrados.
Otro de los riesgos más serios vinculados al encendido de bengalas es la reacción del público. El humo, el fuego y la falta de visibilidad generan miedo y desesperación, factores que pueden desencadenar corridas o avalanchas humanas.
En locales con alta concurrencia, el pánico colectivo suele provocar bloqueos en salidas de emergencia, caídas y aplastamientos. En esos casos, el peligro no proviene solo del fuego, sino del comportamiento desesperado ante una amenaza percibida.
La experiencia demuestra que, en contextos nocturnos, el tiempo de reacción resulta mínimo y cualquier obstáculo en la evacuación agrava las consecuencias.
Un episodio que expuso fallas de control
El caso de Monterrico dejó al descubierto la falta de controles efectivos que permitió el ingreso de pirotecnia prohibida a un boliche. La normativa vigente prohíbe de manera expresa el uso de bengalas en espacios cerrados por los riesgos que implican.
Tras tomar conocimiento del hecho, la Municipalidad de Monterrico confirmó mediante un comunicado oficial que en el local se utilizó este tipo de pirotecnia, en contravención a las normas de seguridad. La situación generó preocupación e indignación en la comunidad.
Vecinos y usuarios en redes sociales manifestaron su temor por lo ocurrido y cuestionaron la ausencia de medidas preventivas que eviten este tipo de episodios en espacios nocturnos con gran afluencia de público.
Entre las principales recomendaciones se destaca el control estricto en los accesos a locales bailables para impedir el ingreso de pirotecnia. La presencia de personal capacitado y revisiones adecuadas resulta clave para reducir riesgos.
Embed - Espacios cerrados y bengalas: una combinación de alto riesgo en Jujuy