Esté 8 de marzo a nivel internacional conmemoramos el Día Internacional de la Mujer trabajadora. Una fecha que nos invita a reflexionar sobre la condición de desigualdad que vivimos nosotras en los distintos ámbitos de la sociedad. En Argentina casi todos los días somos testigos de los casos de femicidios, es decir, casos de asesinatos contra las mujeres por parte de hombres que son sus ex parejas, parejas, amigos e incluso desconocidos.
La violencia de género hoy es una problemática visible que nos preocupa como sociedad y que exige que el Estado, y la Justicia principalmente, actúen brindando respuestas contundentes para las víctimas y sus familias. Esta violencia contra las mujeres también se lleva a cabo en la cultura digital siendo hoy la pandemia la excusa más oportuna para estar más conectados que antes. Vivimos un proceso acelerado de digitalización de las actividades humanas donde necesitamos estar conectados para realizar trámites, estudiar, trabajar, comunicarnos e informarnos, entre tantas otras actividades.
De esta forma, internet y todo el mundo de las redes sociales, se convirtió en un continuo de nuestra realidad cotidiana, lo que sucede allí es real porque detrás de las publicaciones hay personas y porque toda nuestra conducta impacta generando consecuencias reales en los otros. Sin dudas, este mundo de las redes donde convivimos conectados, es un espacio público de participación ciudadana y donde expresamos nuestras ideologías religiosas y políticas, opiniones, gustos, y toda nuestra vida personal que dejó de ser tan privada.
Todas nosotras conocemos el fenómeno de la ciberviolencia de género porque fuimos víctimas o bien conocemos otras mujeres que vivieron diversas formas de violencias. Se apunta contra las niñas, adolescentes y mujeres en su conjunto donde se nos acosa sexualmente, se nos acosa, hostiga y amenaza. También somos blanco de mensajes de odio y discriminatorios que tienen como principal intención controlar, invadir nuestra privacidad, desacreditar y anular nuestras voces en este nuevo espacio público.
Un ejemplo de la ciberviolencia de género es el cibercontrol predominante en las relaciones de noviazgo adolescente e incluso relaciones entre adultos. A través del uso del celular los varones controlan, acosan e invaden la vida privada digital de las mujeres, ejercen acciones de control y violencia que disfrazan con intenciones de amor y protección. Detectar el cibercontrol a tiempo puede prevenir que lleguemos a situaciones extremas como un femicidio.
Las mujeres que fueron víctimas de situaciones de violencia en el mundo de las redes sociales deciden autoexcluirse para poder protegerse y de está forma, dejan de usar sus perfiles en las redes. Se privan de ser ciudadanas digitales participativas en el espacio público como es hoy internet.
Nosotras tenemos derecho a navegar en internet sin tener que estar expuestas a situaciones de ciberviolencias por el solo hecho de ser mujeres. Tenemos derecho a expresar nuestras voces, a ejercer nuestra ciudadanía digital activamente y aprovechar todo lo bueno e innovador que nos brinda internet para el desarrollo de nuestras vidas. Entre todos, frenemos la ciberviolencia contra las mujeres protegiendo especialmente a las niñas y adolescentes para que convivan en una internet segura.
Romina Tarifa
Lic. en Psicopedagogía
Promotora de la Protección y Ciudadanía Digital
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