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20 de abril de 2026 - 13:07 País.

Bajó el consumo de carne: cuál es el corte económico que más eligen los argentinos

La economista, Paula Ariet, explicó que los hogares cambian milanesas por preparaciones “de olla” y priorizan cortes que sean mucho más rendidores.

Bajó el consumo de carne vacuna en Argentina y, dentro de ese ajuste, un corte se volvió protagonista: la carne para puchero, por ser de las opciones más económicas y rendidoras. En lo que va de 2026, el consumo cayó cerca de un 10% y quedó entre los niveles más bajos de los últimos 20 años.

Según la economista Paula Ariet, la baja se explica en todo el país por la pérdida de poder adquisitivo, con precios que crecieron por encima de los salarios y empujaron a las familias a cambiar hábitos y recortar compras.

Un consumo en retroceso y un “límite” para seguir reemplazando

La caída en el consumo no responde a un cambio de preferencias aislado, sino a un ajuste que se profundiza con el deterioro del ingreso real. Ariet en diálogo con Canal 4 explicó que el encarecimiento sostenido de alimentos, y especialmente de la carne, empuja a los hogares a “escalones” de sustitución cada vez más restrictivos.

“Principalmente lo que pasa es que hemos perdido poder adquisitivo porque los precios crecieron más que los salarios”, sostuvo. Y agregó que, una vez agotadas las alternativas, “lo único que te queda ahora es dejar de consumir determinadas cosas, ya no hay más sustitución posible”.

Carne

El corte económico que más se compra: puchero, por precio y rendimiento

En ese proceso de reemplazo interno —pasar de cortes tradicionales a opciones más baratas— aparece una elección que se repite: la carne para puchero. Según Ariet, se impone porque rinde más por porción, se adapta a preparaciones “de olla” y permite estirar comidas en hogares con presupuestos ajustados.

“Antes usabas milanesas y ahora consumen puchero, no tenés más opción”, señaló. En su mirada, el puchero se sostiene como alternativa porque “es mucho más rendidora” y porque, al cocinarse por más tiempo, permite una textura más blanda aun con cortes más económicos.

puchero

Del cambio de corte al cambio de proteína

La economista describió que el fenómeno no se detiene en elegir cortes más baratos: cuando el bolsillo no da más, la sustitución avanza hacia otras proteínas. En esa transición, el pollo se consolida como el principal reemplazo por una cuestión de precios relativos.

“Siempre el pollo va a ser más barato que la carne, entonces lo único que te queda es dejar de consumir carne”, explicó, graficando una ruta de ajuste: cambiar de un corte a otro, luego a otro más económico, y finalmente migrar hacia el pollo.

Inflación y hábitos: el impacto en los sectores más vulnerables

Ariet remarcó que la inflación no solo encarece productos: también redefine rutinas de consumo, especialmente en los hogares de menores ingresos. En ese marco, planteó una idea central: el ajuste se expresa como resignación de consumo.

“La inflación es el impuesto de las personas más vulnerables de la economía”, afirmó, y completó: cuando no hay margen para seguir reemplazando, “lo único que te queda cuando estás en los niveles más vulnerables es dejar de consumir”.

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La carne, entre el precio y la identidad

Además del peso económico, Ariet señaló un factor cultural: la carne vacuna ocupa un lugar simbólico en la mesa argentina. Por eso, el recorte no es neutro. Aun así, la presión de los precios termina imponiéndose.

En sus palabras, la carne “representa como la identidad argentina”, pero su encarecimiento —por encima del promedio inflacionario— empuja a un ajuste que, en muchos hogares, ya no se resuelve con “elegir un corte distinto”, sino con comprar menos o directamente reemplazarla.

Qué variables empujan los precios

Al explicar el trasfondo inflacionario, la economista enumeró cuatro precios clave: dólar, servicios, salarios y combustibles. Advirtió que los combustibles impactan en la logística, y que el petróleo se traslada también a costos de envases y embalajes.

En ese esquema, la dinámica de costos termina llegando al mostrador y obliga a redefinir el menú familiar: menos carne vacuna, más opciones rendidoras como el puchero y, cuando el presupuesto se tensiona todavía más, un salto hacia proteínas más baratas como el pollo.

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