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Javier Milei, el presidente que no deja de comportarse como candidato

A casi cuatro meses de sus asunción, analizamos la gestión de Javier Milei al frente del Ejecutivo nacional.

Por  CPN Alberto Siufi

Javier Milei es realmente un caso único y hasta irrepetible. Es un presidente que llegó a la máxima magistratura del país sin tener ningún gobernador que le responda, sin haberse presentado con candidatos propios en ninguna provincia, sin tener ningún intendente en todo el país y con tan solo el apoyo de 38 diputados nacionales y 7 senadores.

Es más, llegó a las elecciones generales de octubre sin ni siquiera haber visitado todas las provincias y, aun así, obtener un segundo lugar que luego lo catapultaría a la Presidencia de la Nación en el balotaje.

Fue un candidato disruptivo, difícil de imaginar, que supo captar la bronca de la gente con un discurso muy confrontativo y polémico, donde la palabra “casta” reflejaba todo el malestar y la frustración de una sociedad que estaba dispuesta -por lo que se vio- a darle un escarmiento a la actual dirigencia política.

Ahora, a meses de este suceso impensado para la Argentina, lo que no se termina de entender es porque luego de haber protagonizado una campaña única, agresiva y disruptiva que lo hizo ganar la presidencia, Milei siga sin poder focalizar la idea de que ya no es más candidato.

Javier Milei anunció el envío de la ley el primero de marzo en la apertura de sesiones ordinarias del Congreso.
Javier Milei

Javier Milei

Esto se da a tal punto que hoy vemos a Javier Milei transitar la política de la misma forma que lo hizo durante la campaña. Por momentos, se transforma en un energúmeno que reacciona de manera intempestiva y agrede a personas sin ningún tipo de necesidad, participando en redes sociales con un alto nivel de actividad como si aún fuera un candidato que nada tiene que ver con la conducción responsable de un país.

En este marco, también es difícil de entender como desde el primer momento haya decidido darle la espalda al Congreso y buscar la confrontación permanente con senadores y diputados, y con determinados espacios políticos, como lo es el caso de la Unión Cívica Radical y Juntos Por el Cambio.

Tampoco es menor la pelea permanentemente que mantiene con los Gobernadores, a los cuales agrede sistemáticamente y los destrata persistentemente. Esta situación, por ejemplo, llevó a que los Gobernadores de la Patagonia se junten y actúen en conjunto, y le generen fuertes dolores de cabeza, con planteos que tienen que ver con la energía, el gas, las centrales hidroeléctricas, YPF, entre otros.

Recientemente también volvió a la costumbre de agredir a mandatarios de otros países. A lo que ya había sucedido con Ignacio Lula Da Silva tildándolo de comunista (presidente de Brasil y principal socio económico de la Argentina), se sumó, en las últimas semanas, un nuevo capítulo de tensión con China, generando un importante cruce diplomático que obligó a que la canciller Diana Mondino tenga que salir a interceder y a poner paños fríos en la relación con uno de los principales mercados para las exportaciones argentinas (En el mes de febrero, de las 82.548 toneladas de carne que se vendieron al mundo, el 75% fue a parar a China).

Otros incidentes de la misma índole tuvieron como protagonistas al presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, y al presidente de Colombia, Gustavo Petro. Al primero de ellos, Milei lo tildó de ignorante, en tanto que al segundo lo señalo de “asesino terrorista”, todo en el marco de una entrevista que mantuvo con la CNN.

Para el caso de AMLO, dicen algunos entendidos que fue Donald Trump quien puso calma a la situación; mientras que para el caso de Colombia la situación no tuvo ningún tipo de contención: el país cafetero retiró a su embajador del país y expulso a los diplomáticos argentinos de suelo colombiano.

Por último, no debemos olvidar la pelea con el Papa, al cual trato de representante del maligno en la tierra; la pelea constante con la prensa, donde a quien opina distinto lo tilda de ensobrado; y la pelea -con idas y vueltas- con su vicepresidenta Victoria Villarroel, a quien necesita imperiosamente, pero que, aun así, es foco de reiterados ataques en redes sociales por parte de las huestes libertarias.

Ante esta realidad, ¿cómo puede alguien llevar adelante acuerdos políticos cuando tiene al maltrato como forma permanente de tratar a la gente? Ya lleva más de cien días en la gestión y aún no logra sacar ninguna ley. Tampoco tiene asegurado que el Mega DNU libertario vaya a sobrevivir. Del cachetazo que se le dio en el Senado por 42 votos a 25, ahora se le suma un posible revés final en la Cámara de Diputados de la Nación, donde ya hay 119 voluntades dispuestas a votar en contra del DNU, a las cuales, si se le suman 10 voluntades más, se daría por caída de forma definitiva de la iniciativa gubernamental, generando un costo político tremendamente grande para el gobierno nacional.

Da la sensación de que Javier Milei no cree en la concepción de República, ni en la división de poderes. Y por lo que viene sucediendo recientemente, tampoco en el diálogo.

Ahora, crea o no Milei, en política se construye con acuerdos y con negociación.

¿Política solo para ricos?

Para finalizar, me queda por hacer un último comentario referido a dos situaciones que se vienen dando en el Congreso de la Nación.

La primera de ellas tiene que ver con el sorteo de los salarios que llevan adelante los legisladores nacionales de la Libertad Avanza, actitud que inició Javier Milei cuando era diputado nacional -y que coherentemente dejó de hacer desde que fue electo presidente-, y a la cual ahora se sumaron Manuel Quintar, diputado nacional por Jujuy, y Martin Menem, presidente de la Cámara de Diputados de la Nación.

Por el otro lado, también se encuentra la fuerte disputa que se da en el seno del parlamento nacional por el congelamiento de los haberes de los Senadores y de los Diputados nacionales.

Ante este panorama, la primera reflexión que nos surge es que tener Diputados y Senadores pésimamente remunerados abrirá la puerta para que solamente puedan acceder a una banca los ricos o los corruptos o los inútiles. Nadie que tenga una vocación de trabajo por el prójimo va a dejar todo en sus provincias (puesto laboral, familia, etc.) para embarcarse en una tarea que, si bien denota una importante responsabilidad social, también requiere de fuertes erogaciones para poder vivir y trabajar en la capital del país.

En lo que respecta a la situación de los sorteos de los salarios, me parece que este tipo de actitudes demagógicas en nada ayudan a la política y a la resolución de los problemas de fondo que hoy tienen los argentinos.

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