Jorge, residente de Dolores, en la provincia de Buenos Aires, resolvió dar un giro a su vida tras pasar décadas dedicado a la actividad comercial. A lo largo de 26 años fue pizzero, hasta que un viernes por la mañana, tras hacer cuentas, vendió el local, su embarcación de pesca y dotros bienes para iniciar una nueva etapa.
Al cumplir 55 años, decidió alejarse de las obligaciones del trabajo convencional para dedicar más tiempo a sí mismo y disfrutar de las pequeñas cosas de cada día. En una entrevista concedida al canal de YouTube Pibitos Viajeros, describió este cambio de rumbo como una fuente de felicidad cotidiana.
Un micro de larga distancia transformado en una vivienda
El principal objetivo que se propuso para esta nueva fase de su vida fue comprar un micro de larga distancia de dos pisos y adaptarlo a sus necesidades. Se trata de una unidad fabricada en 2007, equipada con carrocería Marco Polo y un motor Mercedes-Benz.
Aunque Jorge no tenía experiencia al volante de vehículos de semejantes dimensiones, se capacitó en distintas tareas, entre ellas carpintería, instalaciones eléctricas y termofusión, para acondicionar el micro y convertirlo en una vivienda sin depender de trabajadores contratados, ya que no contaba con el dinero necesario para afrontar esos gastos.
La unidad, que antiguamente llevaba a 63 pasajeros en viajes por carretera hacia Brasil, funciona como su residencia permanente desde hace cinco años. En el nivel inferior del colectivo instaló una cocina completamente equipada, un sanitario acondicionado y un servicio de acceso a internet mediante Starlink.
El piso superior del colectivo fue acondicionado para reunir las funciones de sala de estar y habitación, con muebles fabricados a partir de madera reutilizada y una mesa con mecanismo giratorio que ofrece la posibilidad de apreciar el paisaje costero desde diferentes perspectivas. Para disponer de electricidad, la vivienda móvil cuenta con un conjunto de paneles solares, acumuladores e inversores. En cuanto al agua, el abastecimiento se obtiene mediante una perforación ubicada en las inmediaciones.
Una nueva vida frente al mar
Jorge llegó a la conocida isla de Punta Médanos un 26 de noviembre, una fecha que todavía conserva muy presente en su memoria. Según recuerda, después de avanzar entre una zona poblada de acacias, se encontró de pronto con una vista abierta del horizonte y experimentó lo que describió como “un amor a primera vista”.
Ante la ausencia de comercios y prestaciones habituales en la zona, Jorge decidió abrir un pequeño almacén para brindar asistencia a quienes están de paso. Entre los productos que pone a disposición de los visitantes se encuentran carnada para pescar, hielo y artículos de primera necesidad. Esta iniciativa también le dio la oportunidad de formar parte de un grupo humano unido por la solidaridad, integrado por personas de distintas nacionalidades y procedencias.
Vivir en ese paraje costero implica afrontar condiciones que no son sencillas. Las inclemencias meteorológicas de la región, donde las ráfagas pueden llegar a los 90 kilómetros por hora y las tormentas levantan grandes cantidades de arena, representan una exigencia constante para la resistencia de la estructura en la que vive.
Para Jorge, vivir en el colectivo se asemeja a permanecer en una embarcación, debido al balanceo permanente del vehículo. Aun así, destaca la tranquilidad que encuentra en ese ambiente y la libertad de organizar sus días sin estar sujeto a rutinas estrictas.
La filosofía de Jorge: vivir con lo indispensable y disfrutar el presente
Durante la entrevista, confesó: “Aprendí a vivir sin dinero”, y recordó que comenzó esta aventura con apenas 50.000 pesos en efectivo y una billetera virtual con fondos limitados. Desde su perspectiva, llevar pocas pertenencias y desprenderse de las preocupaciones materiales ayuda a alcanzar la felicidad, porque permite vivir sin ataduras ni remordimientos.
Jorge comparte su hogar con Hachi, su perro de raza caniche, y Antonia, su gata, y durante esta etapa también contó con la colaboración de otros aventureros. Uno de sus conocidos le prestó un Jeep para que pudiera brindar ayuda en los meses de invierno, cuando la cantidad de visitantes que llegan al lugar cae considerablemente.
Aunque las personas de su círculo cercano le sugirieron plasmar sus vivencias en un libro o difundir las anécdotas de su recorrido, Jorge prefiere mantenerse alejado de la exposición pública. Su presencia en las redes sociales es discreta y utiliza la cuenta @antoniobusdolores.
Un encuentro de viajeros y nuevos proyectos para el futuro
De cara a septiembre, Jorge preparó una reunión de aficionados a viajar y vivir en vehículos adaptados en el terreno donde reside, con el propósito de generar un espacio para compartir vivencias y conocimientos entre personas interesadas en adoptar formas de vida diferentes.
En cuanto a sus próximos pasos, prefiere avanzar con prudencia y mantenerse abierto a distintas posibilidades, sin establecer un rumbo fijo. Su filosofía consiste en aprovechar el presente sin someterse a una planificación minuciosa de cada movimiento. Además, anima a quienes quieran conocer su historia a acercarse hasta su vivienda en Punta Médanos, convencido de que animarse a modificar el propio estilo de vida puede traer resultados favorables.
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