Quién fue Alfredo Yabrán, el empresario acusado de ordenar la muerte de José Luis Cabezas
Antes del crimen de José Luis Cabezas, Alfredo Yabrán había acumulado gran fortuna e influencia, convirtiéndose en el empresario más poderoso de los 90.
Quién fue Alfredo Yabrán, el cartero entre las sombras.
“Poder es tener impunidad”, afirmó Alfredo Yabrán en una entrevista con colegas de Clarín en 1998. Con el paso del tiempo, esa frase terminó definiendo al empresario, cuyo nombre quedó inevitablemente ligado a ambos conceptos. Sin embargo, mucho antes del crimen del fotógrafo José Luis Cabezas —del que fue señalado como autor intelectual—, Yabrán ya se movía envuelto en un espeso clima de secreto y silencio.
¿Cuál fue el camino de este descendiente de inmigrantes sirio-libaneses que construyó un imperio en las sombras, se convirtió en una de las figuras más influyentes de la Argentina de los años noventa y eligió quitarse la vida cuando el cerco judicial comenzó a cerrarse sobre él?
Quién fue Alfredo Yabrán
Mediante el control de los negocios de seguridad y transporte, Alfredo Yabrán —nacido en Entre Ríos el 1° de noviembre de 1944— construyó un patrimonio estimado en alrededor de 400 millones de dólares.
Quién fue Alfredo Yabrán, el cartero entre las sombras.
De forma directa o utilizando intermediarios, concentró un entramado empresarial que incluía al correo privado OCA, los depósitos fiscales de Edcadassa, la firma de clearing bancario Ocasa y el manejo de rampas y free shops en aeropuertos, a través de compañías como Intercargo e Interbaires.
Además de su poder económico, el empresario fue tejiendo una extensa trama de vínculos con figuras influyentes de distintos sectores, que abarcaban desde dirigentes del peronismo y la UCR hasta altos representantes de la Iglesia Católica. Cuando los medios empezaron a poner el foco en su figura, ese entramado de relaciones se activó rápidamente para respaldarlo y protegerlo.
Durante los años noventa, bajo la presidencia de Carlos Menem, el Estado impulsó un profundo proceso de privatizaciones de los servicios públicos. Tras la venta de ferrocarriles, agua y energía, el sistema postal aparecía como el próximo objetivo. En ese escenario, Yabrán partía con ventaja para quedarse con el negocio, en gran medida gracias a su acceso privilegiado a los despachos de la Casa Rosada.
Antes del asesinato del reportero gráfico José Luís Cabezas, el empresario amasó una fortuna y contactos de todo tipo, manejándose con un halo de misterio.
El vínculo con el poder menemista no se quebró ni siquiera en la etapa más crítica de su caída. Aun cuando gran parte de la opinión pública lo señalaba como el cerebro detrás del asesinato del fotógrafo de la revista Noticias y la Justicia avanzaba en su contra, Yabrán fue recibido por Jorge Rodríguez, entonces jefe de Gabinete de Carlos Menem.
En ese contexto, el empresario llegó incluso a fotografiarse sosteniendo un cartel con la frase “no se olviden de Cabezas”, en una provocación que muchos interpretaron como una demostración explícita de impunidad.
Tras el asesinato del reportero gráfico, el lema no se olviden de Cabezas movilizó al periodismo y la sociedad.
Los enemigos
Alfredo Yabrán se quitó la vida en 1998, pero el velo de misterio que lo rodeaba comenzó a deshilacharse tres años antes, cuando el entonces ministro de Economía, Domingo Cavallo, denunció ante la Cámara de Diputados que el empresario formaba parte de “una mafia enquistada en el poder”.
Cavallo apuntó contra Yabrán con la intención de quebrar su monopolio y permitir que la estadounidense Federal Express participara en la licitación del correo. No obstante, en 1996, luego de su intervención en el Congreso, Carlos Menem solicitó su renuncia.
Para ese momento, Yabrán ya formaba parte del círculo cercano al menemismo, lo que despertaba la molestia de un rival político del riojano que buscaba proyectarse hacia la presidencia en 1999: el entonces gobernador de Buenos Aires, Eduardo Duhalde.
Antes del asesinato del reportero gráfico José Luís Cabezas, el empresario amasó una fortuna y contactos de todo tipo.
Duhalde atribuyó la frase a Raúl Alfonsín, aunque hay quienes aseguran que salió de su propia boca. Lo concreto es que el asesinato de Cabezas se interpretó como “un muerto” que ambos caciques del peronismo de los 90 se habían “tirado” en medio de una lucha por el poder.
Al gobernador lo inquietaba especialmente que el homicidio se hubiera producido dentro de la jurisdicción de la Policía Bonaerense, conocida en ese entonces con el ominoso apodo de “la maldita policía”.
Yabrán, nacido en Entre Ríos el 1ro de noviembre de 1944, había amasado una fortuna cercana a los 400 millones de dólares.
Las fuerzas de choque
La protección que mantenía en secreto a Yabrán descansaba en un reducido pero eficiente grupo de hombres encargados de resguardar tanto su persona como la de su familia, además de mantener a raya a los medios. Entre estos agentes de seguridad se encontraban figuras como “El Tigre” Acosta, Víctor Dinamarca y Adolfo Donda, todos con pasado en la represión durante la última dictadura cívico-militar.
Un ejemplo de la estrecha relación entre el empresario y quienes habían sido mano de obra del régimen militar fue que una de sus compañías, Tecnipol, se encargó de elaborar un manual de técnicas de interrogatorio para la Policía Bonaerense, con Dinamarca y Donda como responsables de su redacción.
Cómo fue el recorrido de este hijo de inmigrantes sirio libaneses, que llegó a ser el empresario más poderoso de la Argentina.
En 1997, cuando los medios de comunicación comenzaban a acercarse a la figura de Yabrán, su jefe de seguridad, Gregorio Ríos, informó al comisario de la Policía Bonaerense, Gustavo Prellezo, que el empresario deseaba disfrutar de unas vacaciones sin sobresaltos. A partir de ese contacto, el oficial, junto con un grupo de asesinos provenientes de Los Hornos, en La Plata, llevó a cabo el secuestro y posterior asesinato de José Luis Cabezas el 25 de enero de ese año.
El fin de la impunidad
En Pinamar, Cabezas logró capturar una imagen de Yabrán paseando por la playa junto a su esposa durante sus vacaciones. Esa fotografía se convirtió en portada de la revista Noticias y su rostro apareció en todos los quioscos del país. Por este trabajo, el fotógrafo pagó con su vida: dos disparos terminaron con él. Irónicamente, años antes, el propio Yabrán había advertido: “Sacarme una foto a mí es como pegarme un balazo en la frente”.
José Luis Cabezas fue asesinado en 1997.
Después del crimen del reportero, la consigna “no se olviden de Cabezas” unió a periodistas y a la sociedad en rechazo a la impunidad que se escondía tras el poder. El hombre que presumía que ni la SIDE poseía una foto suya quedó finalmente expuesto.
A pesar del respaldo que recibía desde el gobierno de Menem, Yabrán se vio obligado a enfrentar a la Justicia y a salir a los medios para defender su imagen, aunque lo hiciera a regañadientes. En marzo de 1997 aceptó participar de una entrevista en el programa de Mariano Grondona, donde apuntó contra Cavallo, acusándolo de responsabilizarlo del asesinato del fotógrafo, y negó cualquier intención de quedarse con el correo.
José Luis Cabezas.
Pocos días después de su aparición en Hora Clave, el 24 de marzo de 1997, Menem, mediante un decreto presidencial, otorgó la concesión del Correo al grupo SOCMA, dirigido por Franco Macri, padre del entonces futuro presidente Mauricio Macri.
El 20 de mayo de 1998,Alfredo Yabrán apareció sin vida en su propiedad rural en Entre Ríos, víctima de un disparo de escopeta. En ese momento, la Justicia se preparaba para detenerlo por su rol como autor intelectual del asesinato de José Luis Cabezas. Para entonces, el empresario ya había perdido el velo de anonimato que lo protegía, y su influencia —o más exactamente, la impunidad que disfrutaba— comenzaba a desmoronarse.