¿Quién fue San Juan y qué tiene que ver con el fuego?
San Juan Bautista fue el profeta que, según la Biblia, bautizó a Jesús en el río Jordán. Su figura representa la purificación, la esperanza y el renacimiento. Según la tradición cristiana, su nacimiento fue anunciado por un ángel a su padre, Zacarías, y fue motivo de gran alegría.
¿Dónde nació la tradición y cómo se vive en Jujuy?
Aunque la raíz más antigua es celta y europea, la fogata de San Juan fue traída a América por los colonizadores españoles. En el norte argentino —especialmente en Jujuy, Salta y Tucumán— se transformó en una fiesta popular con fuerte impronta comunitaria. Allí, los vecinos juntan leña, papeles viejos, y hasta arman muñecos que representan “lo malo del año” para purificarlo todo con el fuego.
En algunos lugares se realizan procesiones, juegos, danzas y comidas típicas. Y, por supuesto, no puede faltar el momento en que los más valientes intentan saltar la fogata, una prueba de fe, coraje o... simple tradición.
Una costumbre nacida antes del cristianismo
Mucho antes de que la Iglesia celebrara a San Juan Bautista, diferentes pueblos encendían grandes fogatas para acompañar los cambios de estación.
En Europa, las celebraciones se relacionaban con el solsticio de verano, cuando el Sol alcanzaba su mayor presencia y los días comenzaban lentamente a acortarse. Las hogueras buscaban prolongar simbólicamente esa luz, proteger las cosechas, alejar los malos presagios y pedir fertilidad para la tierra.
El fuego era entendido como una fuerza capaz de transformar. Consumía lo viejo, calentaba durante la noche y reunía a las personas alrededor de una misma llama.
En el hemisferio sur, la fecha coincide con el comienzo del invierno. Por eso, el símbolo adquiere otra dimensión: la hoguera se convierte en abrigo, resistencia y compañía frente a las noches más frías del año.
La tradición cristiana y San Juan Bautista
Con la expansión del cristianismo, las antiguas costumbres no desaparecieron. Fueron reinterpretadas y vinculadas con la figura de San Juan Bautista, cuyo nacimiento se celebra el 24 de junio.
Juan ocupa un lugar especial dentro de la tradición cristiana. Fue el profeta que anunció la llegada de Jesús, llamó a la conversión y preparó al pueblo para recibir al Mesías.
El Evangelio de Lucas cuenta que sus padres, Zacarías e Isabel, eran personas mayores y no habían podido tener hijos. El anuncio de su nacimiento llegó como una promesa inesperada y fue recibido como una obra de Dios.
Cuando nació el niño, Zacarías escribió en una tablilla: “Juan es su nombre”. Después recuperó la palabra y pronunció un canto de alabanza en el que anunció que su hijo sería llamado profeta del Altísimo y prepararía los caminos del Señor.
La Biblia no relata que Zacarías haya encendido una hoguera para anunciar el nacimiento. Esa imagen pertenece a la tradición transmitida durante generaciones, que buscó unir el nacimiento del santo con las antiguas fiestas del fuego.
fuego
Con la expansión del cristianismo por Europa se empezó a asociar esta noche con San Juan Bautista, puesto que se celebraba cerca de la fecha de su nacimiento; por lo que pasó a llamarse, Noche de San Juan o Fogata de San Juan.
Juan, testigo de la luz
El sentido cristiano de la hoguera se vincula especialmente con la misión del Bautista: ser testigo de una luz que no era la suya, sino la de Cristo. El sentido cristiano de la hoguera se vincula especialmente con la misión del Bautista: ser testigo de una luz que no era la suya, sino la de Cristo.
Juan no buscó ocupar el centro. Su vida estuvo dedicada a señalar a otro, a anunciar que alguien más grande estaba por llegar.
Por eso, la llama puede leerse como un símbolo de su mensaje. El fuego ilumina, despierta, purifica y obliga a mirar. De la misma manera, la predicación de Juan buscaba despertar las conciencias y llamar a las personas a cambiar de vida.
Su figura también representa humildad. En lugar de conservar protagonismo, supo apartarse y reconocer que su tarea era preparar el camino.
El fuego como renovación
En numerosos lugares se mantiene la costumbre de arrojar al fuego papeles donde se escriben temores, preocupaciones o situaciones que se desean dejar atrás.
También existen ritos como saltar las llamas, compartir alimentos, cantar, bailar o reunirse en silencio para pedir protección y buenos deseos.
Más allá de las distintas creencias, todas esas prácticas comparten una misma idea: el fuego transforma. Más allá de las distintas creencias, todas esas prácticas comparten una misma idea: el fuego transforma.
La madera deja de ser madera, el papel se convierte en ceniza y aquello que se entrega a la llama ya no regresa de la misma manera. Esa transformación material expresa un deseo profundamente humano: cambiar, sanar y comenzar otra vez.
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Una de las costumbres es saltar sobre la fogata de San Juan. En la playa es más comun ver estas imágenes
Galicia, España (M. Dylan/Europa Press)
Una noche para encontrarse
La hoguera también conserva un valor comunitario. Durante siglos, el fuego fue el centro de la vida familiar: allí se preparaban los alimentos, se buscaba calor y se contaban historias.
En la noche de San Juan, esa escena vuelve a repetirse. Las personas se reúnen, comparten recuerdos y transmiten las costumbres a las nuevas generaciones.
Los niños escuchan historias que antes oyeron sus padres y abuelos. Los mayores vuelven a nombrar a quienes ya no están. La comunidad se reconoce alrededor de una misma tradición.
Así, la hoguera deja de ser solo un rito religioso o una celebración popular. Se convierte en un puente entre generaciones.
San Juan y la cultura de los pueblos
La devoción por San Juan Bautista cruzó continentes y se arraigó de diferentes maneras en Europa y América Latina.
En algunos lugares, la celebración está acompañada por música y bailes; en otros, por procesiones, misas, comidas compartidas y ceremonias junto al fuego.
Cada comunidad sumó sus propias costumbres, paisajes y formas de expresar la fe. Por eso no existe una única noche de San Juan: existen tantas como pueblos la celebran.
En el norte argentino, donde conviven la tradición católica, la memoria indígena y los ciclos de la naturaleza, el fuego puede reunir distintos sentidos. Es señal de fe, agradecimiento a la tierra, protección ante el invierno y ocasión para fortalecer los vínculos comunitarios.
San Juan Bautista
La historia de San Juan Bautista
ACI Prensa
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