El tabaquismo es un retroceso

En el mundo, más de cinco millones de muertes se relacionan con el consumo de tabaco.

En el mundo, más de cinco millones de muertes se relacionan con el consumo de tabaco. De la población actual, 500 millones morirán por causa del tabaco y el tabaquismo activo es la principal causa prevenible de muerte. Entre las enfermedades más comunes y frecuentes que su consumo incrementa, son globalmente conocidos el cáncer, la enfermedad cardiovascular, las enfermedades respiratorias, reproductivas, y otras (como la fractura de cadera, las cataratas, la enfermedad ulceropéptica).

En 2005, el 12 por ciento de las mujeres en el mundo fumaban. En promedio, una mujer fumadora vive ocho años menos. Hay diferencias en motivaciones y hábitos entre hombres y mujeres, así como en las consecuencias del consumo de cigarrillo.

El diseño de estrategias para cada sexo, tanto en el abordaje, como en el tratamiento de las enfermedades y efectos secundarios que provoca, es un desafío para todo aquel que trabaja en salud en particular, aunque por supuesto principalmente para cualquier sistema sanitario (gobierno, obras sociales, prepagas y otras instituciones)

La mujer desarrolla más rápidamente la adicción a la nicotina, y enfrenta mayores problemas a la hora de dejar de fumar.

Aunque aún la mayor parte de las mujeres son no fumadores, entre el 61 y el 63 por ciento están expuestas a serlo en forma pasiva. También hay indicios de que las causas para que ellas consuman cigarrillos son necesidades psicológicas y sociales, que van más allá de la adicción. Estrés, depresión, ansiedad, múltiples ocupaciones y el sentirse sobrepasadas son algunas de las razones. También fuman para aliviar tensiones o reducir sentimientos de incomodidad y dependencia emocional.

Por otro lado, las mujeres son más susceptibles a los carcinogénicos (posibilidad de enfermar de cáncer) que los hombres. Para una mujer, la equivalencia de fumar un cigarrillo corresponde a 1,7 en relación con el hombre.

Hasta fines del siglo 19 y comienzos del 20 la escena de una mujer fumando en público se asociaba marcadamente con la decadencia moral. De hecho, la sociedad eminentemente machista de aquella época lo relacionaba con la promiscuidad, la prostitución, profesiones de mala reputación o la falta de femineidad. Suponía una grave infracción a las normas sociales, o a lo que la sociedad esperaba de ellas.

Por eso, cuando en marzo de 1929 en Nueva York una mujer fue compelida a apagar el cigarrillo, un grupo de congéneres se manifestó en las calles de la ciudad norteamericana, en protesta contra la desigualdad de derechos. Y en forma sostenían sus cigarrillos en alto 
como símbolo de “antorchas de libertad”.

Hasta no hace muchas décadas, el consumo de tabaco estuvo relacionado como una práctica hegemónica de hombres y, esta codificación, sirvió en parte para que la mujer se manifestara en contra de ese dominio, lo cual fue aprovechado oportunamente por las compañías tabacaleras que, tras estas manifestaciones, vieron más que triplicadas sus ganancias.

El inicio en el hábito/consumo de tabaco se está acentuando entre adolescentes por encima de los 
varones.

Lo que alguna vez fue considerado como un “progreso cultural”, una conquista un avance en la igualdad de derechos, se asocia a una mayor inversión en salud en relación con el hombre y hoy existen además múltiples evidencias de que el hábito de fumar en la mujer tiene un efecto mucho más deletéreo en su organismo que en su par masculino, algo que se manifiesta en prácticamente todas las enfermedades que están asociadas con el consumo de tabaco.

En una de sus últimas ediciones, la revista de divulgación científica Lancet publicó un estudio prospectivo sobre los riesgos de mortalidad del hábito prolongado de fumar, y de los beneficios del abandono de esa práctica en el género femenino. Las estadísticas llevan incluso a preguntarse: ¿las mujeres fumadoras triplican su riesgo de muerte?

A partir de la extensión del hábito entre las mujeres a partir de las décadas del cincuenta y sesenta, fue posible seguir su evolución, analizar su comportamiento frente a las enfermedades asociadas al tabaquismo y comparar el efecto que produce en ellas con el que genera en los hombres. Una de las conclusiones más destacadas de esta investigación es que dos tercios de todas las muertes de mujeres fumadoras entre los 50 y 70 años son causadas por el tabaquismo.

Incluso, se descubrió que hay más mortalidad en las mujeres que fuman menos 
de diez cigarrillos por día, en comparación con las que no fuman en absoluto.

El consumo de tabaco en la mujer está ligado a la aparición temprana de la menopausia y está asociado con la osteoporosis.

Es por ello que en aquella reivindicación de la libertad y la igualdad de derechos de 1929, la mujer no sabía que defendía otro factor de dependencia y dominación, claramente letal. Un factor de desigualdad sí, pero ya no social, ¡sino biológico!
3 en ese número de veces aumentaron las ganancias de las tabacaleras cuando la mujer se incorporó al mercado de consumo de cigarrillos, algo que se consideró inicialmente una conquista, ya que, a comienzos de siglo, cuando una exponente del género femenino era vista fumando, la idea que se imponía era la de decadencia.

Respuesta del organismo. La mujer desarrolla más rápidamente la adicción a la nicotina y enfrenta mayores problemas a la hora de dejar de fumar. Es un factor de desigualdad, pero ya no social, sino biológico.

*Jefe del Servicio de Cardiología de la Clínica Privada Vélez Sársfield de Córdoba

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