Es bastante común que los niños más pequeños desarrollen una suerte de obsesiones benignas, como con los animales, los aviones, las naves espaciales o las finanzas internacionales. Bueno, esa última no es tan común, pero el resto son completamente normales.

Una de estas fascinaciones más comunes es la de los dinosaurios. Y cómo evitarlo. Si para un niño ver una jirafa es algo impresionante, cuando se enteran que alguna vez caminaron por la tierra unos lagartos enormes con dientes y garras, sus mentes llegan a casi colapsar.

Resulta que los últimos estudios sobre la infancia han señalado que hay una relación directa entre la fascinación por los dinosaurios y los niños que llegan a tener una inteligencia superior a la de la mayoría de las personas.

Un estudio publicado en Science Direct dio con esto resultados luego de seguir el crecimiento de un grupo de niños.

La lógica detrás de esto es que los niños que desarrollan estas fascinaciones, tiende a ir mucho más lejos de la información que reciben. No se quedan con saber que existen los dinosaurios: cada nueva información los estimula a saber más.

Pasan de querer conocer cada dinosaurio a enterarse qué comían o en qué partes del mundo vivían. Y como son los niños, no se dan por vencidos aunque no haya más datos por conocer.

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