Con un perfil bajo, lejos de la exposición mediática, construyó durante casi tres décadas una trayectoria sostenida por la constancia, la pasión y el amor por enseñar. Hoy es referente de los ritmos latinos en Jujuy y director de una compañía que compite a nivel nacional.
El origen de una pasión que nunca se apagó
El vínculo con el baile nació en la adolescencia, casi como un empujón del destino. “Siempre me gustó bailar, pero fue mi cuñada la que me insistió para que vaya a un gimnasio y me anime a competir”, recordó en diálogo con TodoJujuy. Esa primera experiencia en un torneo en Salta marcó el inicio de una historia que ya no se detuvo.
A partir de ahí, el baile pasó de ser una inquietud personal a una pasión profunda. “Yo siempre me consideré bailarín, pero ser profesor me permitía seguir cerca del baile todos los días”, explicó dando cuenta de su pasión. Enseñar apareció como una forma de no soltar nunca aquello que lo hacía sentir vivo.
Bailar y enseñar: dos maneras de expresarse
Para el Negro Manuel, bailar y enseñar no son lo mismo. “Bailar es soltar todo lo que llevás adentro. Enseñar es cómo transmitís eso a otros”, definió con emoción. En sus clases, el objetivo va mucho más allá de aprender una coreografía.
“Siempre les digo a mis alumnas que no vienen por mí, vienen a regalarse una hora para ellas”, puntualizó. En ese espacio, el baile se vuelve una herramienta de expresión, de liberación y también de autoestima, especialmente para quienes llegan con vergüenza o inseguridades.
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Profesor de baile y bailarín - La historia del "Negro Manuel"
Romper prejuicios y vivir de lo que ama
El camino no estuvo exento de obstáculos. “Durante muchos años me dijeron que de esto no se podía vivir, que era un hobby, que estaba mal visto”, recordó el bailarín. Los estereotipos y los prejuicios fueron una constante, pero nunca lograron desviarlo.
“Esto me lo dio todo”, afirma con convicción refiriéndose al baile. A los 18 años empezó a dar clases y no paró nunca. “La satisfacción que me da mi trabajo no tiene precio, va más allá de lo económico”, asegura.
Del aula a los escenarios, sin dejar Jujuy
Con el paso del tiempo llegaron los logros. Empezaron las competencias nacionales, los viajes, las experiencias en Brasil y el reconocimiento de colegas internacionales. “Pusimos a Jujuy en un lugar donde no podían creer el nivel que teníamos”, recuerda sobre sus trabajos vinculados a la música brasilera.
Aun así, eligió quedarse. Desde Jujuy dirige su compañía, forma bailarines y sigue apostando a crecer sin abandonar su lugar. “El baile es mi forma de vida, no solo mi trabajo”, resume.
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Más que un profe: escucha, contención y grupo
En sus clases conviven niñas, adolescentes y adultos de todas las edades. “No es solo bailar. Muchas veces también sos escucha, sos apoyo”, reconoció hablando de su trabajo diario. La frustración, los miedos y los problemas personales también entran al salón.
“Acá no importa la persona, importa el grupo. Somos una familia y nos apoyamos”, repite como lema. Para él, pertenecer a una compañía implica compromiso, respeto y acompañamiento mutuo.
“El baile me salvó muchas veces”, confiesa. En cada etapa de su vida siempre estuvo presente. “Para mí no es un trabajo, es la mejor terapia que existe”, dice sin dudar.