Amor, maternidad y un salto al vacío: la historia de una emprendedora que eligió Jujuy
Dejó la veterinaria, se mudó a Jujuy por amor y convirtió el crochet en su proyecto de vida. La historia de Julieta Galván y una decisión que lo cambió todo.
Julieta Galván no nació en Jujuy, pero hace años que eligió este lugar para vivir, criar a sus hijos y reinventarse. Llegó desde Orán tras enamorarse de un jujeño y, sin saberlo, ese cambio de ciudad terminó siendo también un cambio profundo de vida. Hoy es emprendedora, diseñadora y docente digital en moda tejida, pero durante muchos años su mundo fue otro: la veterinaria.
“Yo soy veterinaria de profesión. Tenía mi propia vete, atendía todo el día y después seguía con domicilios. Entre paciente y paciente me ponía a tejer, como un cable a tierra”, recordó. El crochet no era más que un hobby, algo que había aprendido de chica y que retomó casi sin darse cuenta, en medio del estrés cotidiano y de la maternidad reciente.
Tejía para su hija, para la casa, para decorar. Dejaba sus creaciones en la veterinaria y la gente empezaba a preguntar si las vendía. “No era la idea, pero se las llevaban. Al principio era un hobby caro, porque tejer no es barato, pero me hacía bien”, contó. Lo que comenzó como algo íntimo y personal empezó a despertar interés, sin que ella imaginara todavía que podía convertirse en su trabajo.
Julieta Galvan
Dejar la veterinaria para perseguir otro sueño
El punto de quiebre llegó cuando Julieta entendió que no podía seguir sosteniendo dos mundos al mismo tiempo. La veterinaria exigía horarios rígidos y una disponibilidad permanente; el tejido y las redes empezaban a crecer, pero pedían energía, creatividad y tiempo. “Me di cuenta de que las energías divididas no potencian nada. Yo estaba un poco en la vete y un poco en Hope, y así no avanzaba”, explicó.
Cerrar la veterinaria fue un duelo. “Estudié seis años para ser médica veterinaria, fue una decisión muy dura. No era solo dejar un trabajo, era dejar una identidad”, reconoció. A eso se sumó el miedo lógico de emprender sin certezas, con hijos y con una familia detrás. “Cuando estás solo, sufrís solo. Cuando sos madre, el riesgo lo sienten todos”, dijo.
Sin embargo, eligió apostar. Se apoyó en su pareja y en una comunidad que ya la seguía desde las redes sociales, donde había empezado a dar clases, compartir procesos y generar vínculo. “Siempre fui emprendedora, también lo era con la veterinaria. La diferencia es que ahora todo pasa por la creatividad”, sostuvo.
Julieta Galvan (2)
Elegir Jujuy y construir otra forma de vivir
Julieta define a su proyecto como esperanza, no solo por el nombre, sino por lo que significó en su vida. “Para mí fue la esperanza de tener otro tipo de vida, una vida donde pudiera manejar mis tiempos y estar más presente con mis hijos”, explicó. Desde Jujuy, lejos de los grandes centros, construyó una comunidad digital que hoy cruza fronteras y acompaña a otras mujeres que quieren aprender, vender o simplemente animarse a crear.
Su historia no es lineal ni idealizada. Habla de miedo, de incertidumbre y de decisiones difíciles, pero también de autenticidad. “Hoppe me permitió ser la Juli que tenía ganas de ser. Si un día quiero cantar en redes, canto. Si quiero contar algo ridículo, lo cuento. Me cambió la vida”, afirmó.
Hoy, cuando mira hacia atrás, no duda: “Sí, lo volvería a hacer una y mil veces”.
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