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10 de agosto de 2023 - 16:07
Salud.

1 de cada 10 argentinos tiene asma: ¿Qué síntomas tiene?

Las personas que lo sufren experimentan dificultades en su rutina, que abarcan desde la presencia constante de tos hasta la imposibilidad de respirar bien.

Redacción de TodoJujuy
Por  Redacción de TodoJujuy

Mi hijo tose toda la noche, muchas noches, varias veces por año”. “La nena se agita sin razón y se le escucha como un silbido al respirar”. “Me dicen las maestras que en el recreo se queda sentado, que no juega con los compañeros porque enseguida le falta el aire”. En estos enunciados, los padres podrían o no estar haciendo referencia a episodios de asma, pero en presencia de virus e infecciones respiratorias, resulta fundamental identificar esta condición, ya que se trata de una afección crónica con un enfoque de manejo distinto. Requiere un proceso de adquisición de conocimientos y ciertas medidas terapéuticas específicas.

A pesar de que el asma representa una afección de las vías respiratorias que puede manifestarse en cualquier etapa de la vida, se observa con mayor regularidad en la población infantil (impactando alrededor de uno de cada 10 niños en Argentina) y en individuos que cuentan con historiales personales o familiares de reacciones alérgicas. “Como sucede con muchas otras enfermedades crónicas, el asma no se cura, pero sí puede obtenerse un óptimo control, lo cual es clave para llevar buena calidad de vida”, aseguró el doctor Jorge Máspero, médico especialista en Alergia e Inmunología Clínica, Director Médico de Fundación CIDEA.

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En esa línea, el especialista dijo que “las personas con asma pueden llevar una vida normal, incluso en los casos más severos, por lo que siempre va a ser importante contar con un adecuado diagnóstico, que considere también el origen del asma, los factores desencadenantes y la gravedad del cuadro, además de la adherencia al tratamiento determinado por el profesional de la salud tratante”.

Las expresiones del asma presentan diversidad en distintos individuos y pueden experimentar transformaciones en un mismo paciente durante su trayectoria, sin embargo, se identifica por signos tales como tos, falta de aire (disnea), impresión de opresión en el pecho y ruidos agudos (sibilancias) en la región torácica.

De acuerdo a lo expresado por los expertos en un mensaje, “el mecanismo subyacente es la inflamación de tipo 2, un proceso inflamatorio presente en hasta el 85% de los casos de asma pediátrica”.

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Cuáles son los cinco punto esenciales sobre esta patología

Se cuentan con una serie de elementos que es imprescindible considerar para abarcar de manera completa si se está frente a un episodio de asma y para establecer la forma en que se manifiesta en cada individuo, con el propósito de evitar complicaciones y lograr un control más efectivo de la afección, destacaron en un mensaje oficial.

1. Síntomas y gravedad de los episodios: “Uno de los grandes objetivos del manejo del asma, sobre todo en los casos graves, es la prevención de exacerbaciones, que son los cuadros que requieren atención médica, muchas veces de urgencia”, señaló la doctora Verónica Giubergia, médica pediatra neumonóloga del Hospital Garrahan.

De acuerdo a su explicación, se requiere determinar la manera en la que emergen, tanto en su comienzo como en su evolución, extensión, grado de fuerza, alteración en el transcurso del día y modelo (persistente o estacional); reiteración, asistencia al servicio de urgencias, ingresos hospitalarios, requerimientos y reacción a los tratamientos, enfatizó.

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El reconocimiento precoz de la aparición de síntomas por parte del paciente y su familia permitirá intervenciones terapéuticas tempranas, evitar la progresión de la crisis y reducir la posibilidad de internaciones”, sumó la especialista.

2. Desarrollo de la enfermedad: “El diagnóstico de asma es fundamentalmente clínico y se confirma mediante una espirometría y una prueba broncodilatadora. En niños pequeños (preescolares) el diagnóstico es más complejo, porque es más dificultoso realizar pruebas de función pulmonar, como la espirometría. Sin embargo, en niños a partir de los 6 años tiende a lograrse de la misma manera que con los adultos”, resaltó Giubergia.

Conforme señalaron los especialistas, el desarrollo de la afección guarda relación con la edad en la que surge, progresión o ausencia de la misma, evaluaciones y terapias anteriores y presentes. Es notable que algunos niños con asma llegan a la edad adulta sin haber recibido un diagnóstico, aunque con frecuencia, los síntomas indicativos de asma comienzan en los primeros años de vida. Alrededor de 4 de cada 10 niños que manifiestan sibilancias al respirar en respuesta a infecciones de las vías respiratorias terminan siendo diagnosticados con asma en los años que siguen.

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Adicionalmente, resulta esencial establecer la seriedad con la que se manifiesta el asma en cada individuo. La supervisión continuada a lo largo de los años en niños que experimentaban asma entre los 7 y 10 años parece ratificar que la intensidad de sus síntomas se sostiene con el transcurso del tiempo: aquellos que desarrollan asma grave durante sus primeros años escolares suelen conservar un asma grave en la etapa adulta.

Es por esta razón, Máspero apuntó: “El asma grave, por definición, es aquella que no logra ser controlada a pesar de la adherencia a la terapia adecuada en dosis máximas o que -aun si se logra controlarla- empeora cuando se disminuye el tratamiento de dosis elevadas; afecta a entre un 5 y un 10% de los casos”.

3. Factores desencadenantes o agravantes: “Hay diversos agentes etiológicos, como alérgenos de interior, ácaros, epitelios animales, hongos o pólenes, que influyen en las exacerbaciones. Hay que evaluar la sensibilización alérgica del paciente y las influencias ambientales, que en muchos casos son modificables, lo que debe ser consensuado con un especialista”, profundizó Máspero.

En efecto, es imperativo determinar el origen de los episodios, ya sea por desencadenantes como infecciones respiratorias, exposición a sustancias alergénicas en el entorno (ácaros, tejidos de animales, esporas de hongos o polen) o a contaminantes atmosféricos (tabaquismo pasivo u otros agentes contaminantes), relación con variaciones en el entorno (viajes, cambio de domicilio), influencias emocionales (llanto, risa), ingesta de alimentos y aditivos, administración de medicamentos (como la aspirina), reflujo gastroesofágico y factores como aire frío, actividad física o cambios climáticos.

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Asimismo, cobra importancia si la residencia se encuentra en una zona urbana o rural, si es una casa o un apartamento; posición geográfica y sistema de calefacción. Detalles sobre el dormitorio (tipo de lecho, almohada, alfombras, juguetes de peluche, literatura). Mascotas en el hogar (gatos, perros, etc.). Tabaco en el entorno familiar (cantidad de fumadores, regularidad, si consumen en espacios cerrados).

4. Impacto de la enfermedad: “Es necesario atender el impacto en la vida de un niño cuando no puede correr o jugar con sus compañeros; cuánto afecta al niño y a toda su familia no descansar por la noche por los síntomas y por el temor a que la dificultad para respirar empeore y deban asistir a Emergencias. Por eso es tan necesario buscar caminos para lograr el mejor control de la enfermedad, para sobrellevar su impacto en los distintos órdenes de la vida”, admitió Giubergia.

De acuerdo con los especialistas, esta condición médica puede ocasionar complicaciones en el paciente, tales como ausentismo escolar, reluctancia a participar en actividades recreativas y deportivas, problemas para conciliar el sueño, retrasos en el desarrollo, en el crecimiento y en el comportamiento. Además, puede ejercer un efecto en la familia al perturbar las rutinas diarias, generar pérdida de horas de trabajo y costos financieros. Por esta razón, resulta igualmente crucial comprender cómo se presentan los periodos exentos de crisis, si persisten los síntomas o no, la tolerancia al ejercicio, así como la necesidad ocasional o constante de medicación, entre otros aspectos.

5. Aprendizaje: siguiendo lo expuesto por Giubergia, “aquellos niños que no logren controlar su enfermedad con los tratamientos habituales, estarán en riesgo de presentar mayor número de crisis, pueden requerir internaciones y reiterados cursos de corticoides sistémicos, cuya sumatoria podría generar riesgos para la salud a largo plazo”.

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En consecuencia, los especialistas señalaron que resulta fundamental la participación activa de la familia y del propio individuo en la comprensión de la afección, su naturaleza crónica, la formulación y supervisión de un programa para el manejo del asma, en colaboración con el profesional de salud. Esto implica también la correcta gestión de los fármacos y directrices específicas acerca de cómo actuar ante una crisis.

En lo que respecta a la terapia, los expertos señalaron la presencia de novedades alentadoras: “Cada vez más, la medicina cuenta con mejores opciones terapéuticas que contribuyen a mejorar la salud y la calidad de vida de los pacientes y de su familia. Por ejemplo, en un evento para profesionales de la salud, se presenta la indicación que el biológico dupilumab (presente en nuestro país desde 2019) había recibido pocos meses atrás, para niños de 6 a 11 años como tratamiento de mantenimiento complementario para el asma severa causada por inflamación de tipo 2, cuando no se logra controlar con el tratamiento estándar; siendo que parte de los estudios clínicos de fase 3 de esta nueva terapia se realizaron en 11 instituciones de salud de Argentina y Chile”, señalaron en el escrito.

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De acuerdo con sus declaraciones, este fármaco demostró, en un año de uso, una disminución del 65% en las agudizaciones en niños de 6 a 11 años que padecían de asma de moderada a severa, sin control efectivo. Además, generó una mejoría rápida, sostenida y de relevancia clínica en la función pulmonar desde los primeros 15 días de tratamiento. "Para una población que disponía de opciones limitadas en cuanto a terapias, es un progreso importante tener acceso a enfoques terapéuticos novedosos que sean capaces de gestionar de manera más efectiva la fisiopatología del asma grave, al tiempo que mantienen un perfil de seguridad mejorado. Es alentador que la investigación continúe avanzando y que podamos contar en nuestro país con avances terapéuticos de esta naturaleza".

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