El encuentro tuvo lugar anoche en un colmado AT&T Stadium, de Dallas, en el que Aguero sumó 33 goles con la camiseta Argentina a los 39 minutos del segundo período y Messi 49 a dos del final del partido.
Previamente, Javier "Chicharito" Hernández a los 19 minutos de la primera etapa, de tiro penal, y Héctor Herrera, a los 24 de la segunda, habían puesto en ventaja a los mexicanos.
La primacía táctica en el juego le duró solamente cinco minutos a Argentina, más precisamente hasta que en el "toma y daca" que decantó de un juego de transiciones rápidas en el medio y esquemas muy distintos para defender y atacar, México empezó a prevalecer en el lugar más peligroso para los dirigidos por Gerardo Martino: su propio campo.
Argentina carecía de fluidez en el juego, Lionel Messi debía retroceder hasta su propio campo para hacerse de la pelota y su contacto con Carlos Tevez solamente se circunscribía a alguna habilitación larga, que era lo único que permitía la situación.
Es que Javier Mascherano no era acompañado en el retroceso por los mencionados Banega y Gago, porque ese "triple cinco" que nunca fue tal, pareció no reconocer sus roles en el caso de los laderos del hombre de Barcelona.
Entonces la defensa albiceleste quedaba expuesta a la velocidad de un inasible Javier Hernández, que recorría todo el frente de ataque mexicano corrido por lo general desde atrás por Nicolás Otamendi, que la única vez que lo alcanzó en el primer tiempo fue para cometerle una infracción desde atrás dentro del área que derivó en un penal convertido por el propio "Chicharito" con un derechazo bajo y esquinado, a la izquierda de Nahuel Guzmán.
Iban 19 minutos pero las condiciones mencionadas no variarían hasta la finalización de la primera etapa, con la salvedad que México pudo aumentar sobre la media hora cuando Gago dio un pase al medio igual que capturó Javier Hernández, quien mano a mano con Guzmán remató apenas alto.
El segundo tiempo
Para el segundo período el conjunto argentino varió la estrategia y ya no fue al golpe por golpe, sino que intentó un mayor control de pelota para apaciguar el vértigo mexicano, algo que logró a medias, porque evidentemente extrañaba el equilibrio que le da Lucas Biglia al medio campo, el fútbol de Javier Pastore y la velocidad de Ezequiel Garay para llegar a los costados, muy contrastante hoy con la lentitud exhibida por Martín Demichelis.
Claro que a pesar de todos estos desajustes manifiestos, Argentina tiene obviamente jugadores de jerarquía y solamente por ello logró inquietar en algunos pasajes del comienzo del segundo tiempo a los aztecas.
Pero esas tibias aproximaciones en los pies de Correa y Tevez no tuvieron su correlato con el pobre funcionamiento de sus compañeros, que siempre parecían tener una marcha menos cuando los mexicanos arrancaban lanzados en mitad de cancha y le apuntaban directamente al pecho de los defensores argentinos.
Y esto nada tenía que ver con el pésimo estado del campo de juego, que contrastaba con la belleza de un estadio como el AT&T, propiedad del equipo de fútbol americano de los Cowboys de Dallas, protagonistas de la NFL, que tuvo un total de 90.000 espectadores en sus graderías.
Por eso quizás no sorprendió demasiado que segundos antes de cumplirse los 25 minutos otra vez la defensa argentina fuera otra vez sorprendida muy abierta para que Herrera, ingresando por el medio y con un furibundo derechazo doblegara por segunda vez en la noche estadounidense a Guzmán.
Le pegó a Martino estar perdiendo el tercer partido desde que se hizo cargo del seleccionado (fue el decimosexto en el banco argentino) e inmediatamente después de la conquista del "tri" realizó cuatro cambios en forma conjunta, uno de ellos Sergio Aguero por Tevez.
Y en ese cuarto de hora final en cancha la sociedad entre "Lío" y el "Kun" fue mucho más que la que intentaron el rosarino y el "Apache" en los 75 minutos anteriores.
Primero porque Aguero logró el descuento a los 39 minutos tras una mala salida del arquero Moisés Muñoz y una coreajeada de Ezequiel Lavezzi y posteriormente porque asistió a Messi para que faltando dos minutos el capitán argentino lograra la paridad con una definición similar a la del alemán Mario Gotze en la final del Mundial de Brasil contra el equipo de Alejandro Sabella.
Y fue empate nomás, seguramente con material rico para implementar correcciones de cara al comienzo de las eliminatorias, que en un mes tendrán a Argentina debutando en cancha de River ante Ecuador, pensando en un Mundial 2018 que hoy aparece tan lejano como el buen funcionamiento para este seleccionado argentino.
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