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28 de noviembre de 2016 - 10:56
Tenis

Copa Davis: El equipo menos pensado

Antes de la final con Croacia, la Argentina eliminó a Polonia, Italia y Gran Bretaña como visitante; la intimidad camino al título.

¿Campeón de la Copa Davis por primera vez en la historia, en el quinto intento, y jugando todas las series como visitantes? Debe ser una de ciencia ficción...

¿Campeón de la Copa Davis por primera vez en la historia, teniendo como arma mortal a alguien que hasta hace menos de un año parecía destinado a decirle adiós al mundo competitivo? Debe ser una surrealista...

Todo comenzó en marzo, en Gdansk, Polonia. Mucho frío y una cancha, en el Ergo Arena, que era antirreglamentaria por la velocidad, pero el capitán, Daniel Orsanic, dio señales de cómo mantener la calma en momentos complicados: sólo les advirtió a sus jugadores de "este detalle" una vez que Leonardo Mayer consiguió la victoria en el 4° punto, sobre Michal Przysiezny. Y les había pedido a todos los integrantes del cuerpo técnico ni hacer mención al tema para no generar inquietud. Fue victoria por 3-2, marcó el pase a los cuartos de final y el debut en el certamen de Guido Pella y de Renzo Oliva. ¿La buena señal? Antes de la serie se bajó por lesión el gigante Jerzy Janowicz, el mejor jugador de Polonia (56°) en ese entonces. La próxima escala era en Pesaro, ante Italia, el equipo liderado por Fabio Fognini que dos años antes, en Mar del Plata, tras vencer por 3-1, había enviado a la Argentina al repechaje con Israel.

En julio, a orillas del Adriático, con altas temperaturas y unas playas tentadoras, el equipo de Orsanic tuvo una noticia positiva: el regreso de Juan Martín del Potro. Pero no fue la única. También fue convocado Juan Mónaco y entre ambos sellaron un pacto de convivencia en beneficio del grupo, dejando de lado rencillas anteriores. Es que Pico pensó en alguna ocasión que Del Potro había influenciado al capitán para que no lo citara en la serie contra Brasil, en 2015. Lo cierto es que ambos compartieron la formación, en busca también de mejorar la preparación para los Juegos Olímpicos de Río.

La gran figura fue Delbonis, que ganó sus singles sobre Seppi y Fognini, mientras que Del Potro y Pella triunfaron en el dobles. Así como en Polonia cumplieron una promesa y se tiraron a las aguas heladas del mar Báltico, en Pesaro todos se raparon del lado izquierdo de la cabeza. La armonía y el sentido del humor dominaban la escena. Nuevamente, en la segunda temporada como capitán de Orsanic, el equipo se metía entre los cuatro mejores. Llegaban los Juegos y pocos suponían lo que iba a suceder...

Mientras imaginaba cómo sería jugar en Glasgow, ante el campeón vigente, Gran Bretaña, y contra el mejor jugador de la temporada (Andy Murray), Orsanic empezó a creer que nada era imposible. Del Potro fue medalla plateada olímpica, perdiendo en la final contra el propio escocés, pero además del impulso que significó volver a sentirse en plenitud, estuvieron esos dos triunfos que lo hicieron sentir de nuevo un jugador de elite, frente a Novak Djokovic y Rafael Nadal.

Ya a esa altura del año (mediados de septiembre), Del Potro venía acusando, a la par de una mejoría notable de su juego, una merma física, porque, en rigor, nunca esperó tener rendimientos semejantes y disputar tantos partidos. Y allí, ante Gran Bretaña, Orsanic hizo una de sus jugadas maestras: el 1 del equipo era Delbonis, pero lo dejó afuera en el sorteo. El lugar fue para Pella y Del Potro, que reaparecía después de cuatro años como singlista, era el 2. Así, se cruzaba el primer día con Murray. "Mejor jugar con Andy el primer día y no el tercero", avisó el tandilense. Fue uno de los mejores partidos de Del Potro, le ganó 6-4 en el quinto set y envalentonó a Pella ante Kyle Edmund, al que se lo devoraron los nervios. Del Potro jugó el dobles porque sentía que no estaba para otro singles. Se pasó del 2-0 al 2-2, para el cierre a todo Yaca Mayer. Otra victoria inolvidable para alcanzar la quinta final. Ese día, en el Emirates Arena, se quedaron dos horas festejando en el vestuario, incluido el sparring Marco Trungelitti, santiagueño, muy querido y valorado en el grupo. Hubo baños de champagne, montonera al profe Alberto Osete, y más tarde se tomaron revancha: pizzas y hamburguesas en la cena de festejo, después de haber pasado toda la semana a base de salmón y de pastas.

Saltando con los hinchas en la puerta del hotel y sacándose selfies, empezaron a pensar en Croacia. En Cilic. En Coric. "¡Menos mal que Ivo Karlovic está peleado con la Federación y hace rato que no juega!", deslizó un allegado al grupo.

La película terminó anoche en Zagreb. Ni de ficción ni surrealista: es la historia del campeón menos pensado. El que levantó la Copa Davis lejos de casa, igualmente rodeado del afecto de 4000 compatriotas y que sintió la emoción de todos a la distancia. El tenis argentino quedaba a mano con la historia.

Fuente: La Nación

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