En esta época invernal donde las rutas y calles cuentan con la presencia de neblina y bancos de niebla, tienen un tránsito que implica mayor atención por la reducción de la visibilidad, es necesario contar con faros de calidad que permitan mejorar la iluminación durante el manejo, razón por la que la Secretaria de Seguridad Vial brindó las siguientes recomendaciones, en esta ocasión, acerca de los faros antiniebla.

Los faros antiniebla logran una buena iluminación en las zonas muy próximas al vehículo, especialmente hacia la banquina y las líneas de señalización de las rutas; aseguran la conducción en climas de lluvia intensa, neblina y nieve. Estas luces no encandilan porque iluminan hacia abajo; algunos cristales traen rayas que dirigen la luz y se pueden conseguir en amarillo y blanco. Otros vienen lisos y dentro traen un capuchón que enfoca la luz.

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¿Para qué sirven?

Los faros antiniebla sirven para ayudarnos a ver (los delanteros) y ser vistos (los traseros) cuando circulamos en circunstancias que dificultan la visibilidad. Por ejemplo niebla, lluvia intensa, una nevada o atravesemos una nube de polvo o humo. La niebla es un fenómeno meteorológico que consiste en la suspensión de gotas muy finas de agua en el aire, debido normalmente a una humedad alta y una temperatura ambiente fría. En otras palabras, es una nube baja a ras de suelo.

¿Cuándo es oportuno usarlos?

Se usan como complemento de la iluminación normal, para ver mejor. Es decir, la base de su funcionamiento es producir mucha más luz de la normal para recuperar la visibilidad perdida por las circunstancias adversas. De lo cual se deduce inmediatamente que al utilizar este alumbrado especial cuando no existan esas circunstancias adversas estamos produciendo más luz de la deseable. El principal peligro, obviamente, es el deslumbramiento. Es algo similar a una fotografía velada: nuestros ojos están diseñados para admitir un límite de energía luminosa a la vez. Podemos regular más o menos cuanta luz entra en nuestros ojos abriendo la pupila: poca luz y esta se abre, demasiada luz y se cierra. Pero este mecanismo regulador no es inmediato. Un cambio repentino en el nivel de luz puede cegarnos.

Las luces antiniebla sólo se utilizarán como complemento cuando las circunstancias lo hagan imperativo.

Por lo tanto, es lógico que en el código de respeto y solidaridad entre los conductores, se establece que siempre que estemos cerca de otros usuarios, procuraremos utilizar únicamente las luces bajas. De esta forma, evitamos el riesgo que una ceguera temporal nos deje sin el sentido más importante para controlar el vehículo.

A quien lo hace, seguramente no le molesta. Sin embargo, al resto sí. Ahí es donde falla el principio de solidaridad: si otro usuario de la vía decide activar las antiniebla también, entonces el primero es el que puede salir perjudicado.

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