Para María Portillo, la costura fue una forma de salir adelante y sostener a su familia. La costurera jujeña aprendió junto a su padre y convirtió ese conocimiento en un trabajo que mantiene hasta hoy, con clientas que llegan por recomendación y pedidos que van desde arreglos hasta disfraces.
“Me permitió salir adelante, mantener a mi familia con esto”, contó. Durante la pandemia, el oficio cobró todavía más importancia: confeccionó barbijos y batas para clínicas, en una etapa que recuerda por la cantidad de encargos. “En épocas de pandemia me salvó totalmente”, expresó. “Trabajé muchísimo. Creo que mucho más que en una época normal”.
Un oficio que aprendió de su padre
El vínculo de María con la costura comenzó en su casa. Su padre, que era chapista y había quedado a cargo de cuatro hijos, utilizaba una vieja máquina de su madre para hacerse unos gorros que llamaba “birretes”. Ella se acercaba a mirar y aprender mientras él trabajaba. “Aprendí junto con él. Entonces, de ahí me vino ese amor por la costura”, recordó.
Ese conocimiento también llegó a otros integrantes de la familia. María contó que, durante unas vacaciones suyas, su hijo necesitó arreglar algunas cosas y pudo hacerlo con la máquina de coser.
Los arreglos, entre los pedidos más frecuentes
Actualmente, los arreglos de prendas concentran buena parte de su trabajo. También recibe encargos para hacer cortinas y adaptar ropa comprada que no tiene el talle adecuado. Según explicó, las recomendaciones de sus clientas le permiten sumar nuevos pedidos. “Tengo muchísimas clientas y esas suman otras, y así otras y otras. Vivo ocupada”, señaló.
Para María, resolver cada trabajo requiere más que manejar una máquina. “No solo es cortar y coser, sino también usar la imaginación”, sostuvo.
Los disfraces, su trabajo favorito
Cuando le preguntaron qué le gusta más hacer, no dudó: los disfraces. Entre sus trabajos recientes mencionó unos de pingüinos para chicos que viajaban a Bariloche. Su nieto Augusto también tiene varios hechos por ella, entre ellos uno del Hombre Araña negro. Ahora, María piensa cómo preparar el vestuario para una presentación en la que él bailará como Michael Jackson.
Los trajes de superhéroes están entre los pedidos que considera más complicados. Sin embargo, aseguró que el gusto por el oficio la lleva a buscar la manera de resolverlos.
María también se animó a aprender otras habilidades. Hizo un curso de calzado y contó que las botas que llevaba puestas las había confeccionado ella misma. Desde esa experiencia, recomendó a las nuevas generaciones acercarse a un oficio, tanto como posibilidad de trabajo como para resolver necesidades del hogar. “Que aprendan un oficio. Es muy importante”, expresó. Para ella, aprender a coser y seguir incorporando conocimientos forma parte de las herramientas que le permitieron sostener su trabajo y ayudar a su familia.
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