Historias. 

El jujeño de los milagros: sobrevivió a un rayo y salvó a un niño

Fernando Arnedo en 1989 fue alcanzado por un rayo cuando estudiaba en El Salvador y se salvó. Años más tarde siendo médico fue parte de otro milagro en Córdoba.

Fernando Arnedo es un médico jujeño de 45 años que tiene una historia marcada por dos milagros: primero se salvó tras ser alcanzado por un rayo cuando era adolescente, años después siendo médico atendió y salvó a un niño que se había ahogado, caso que es considerado el “último milagro” del Cura Brochero

El hecho del rayo ocurrió una mañana nublada de 1989, mientras jugaba con una vara de hierro en el patio del Colegio del Salvador. El rayo impactó sobre el joven Arnedo y su onda expansiva dejó postradas a todas las personas del establecimiento, hizo estallar sus ventanas y dejó en la oscuridad a media ciudad. A ello se sumó, según recalcaron en el momento los noticieros y diarios locales, un saldo de 20 niños hospitalizados, todos con afecciones menores, como fracturas y heridas. El único herido de gravedad por el rayo fue Arnedo.

El joven Arnedo fue encontrado por dos médicos, padres de niños de jardín de infantes de su colegio, que al momento del accidente estaban en el establecimiento educativo, viendo el acto de fin de año de sus hijos. Mientras todos corrían, los dos profesionales comenzaron a buscar heridos, y encontraron a un adolescente postrado en posición fetal sobre la cancha de fútbol con su uniforme humeando, era él.

Durante los primeros tres días de internación en el hospital Pablo Soria, el joven sufrió 10 paros cardiorrespiratorios y estuvo al borde la muerte.

Después del hecho, mientras él iniciaba su recuperación física en silla de ruedas, que se extendió durante meses, comenzaron las investigaciones del accidente. Nadie entendía, ni los vecinos ni las empresas de pararrayos que se acercaron a investigar el caso, como era posible que un rayo hubiera logrado sortear todos los sistemas de protección de la zona.

Hoy, 31 años después del accidente, el joven Arnedo es médico, tal como quiso ser desde chico, tiene su propia familia -Regina, su esposa, y Victoria, su hija, de 16 años- y vive en San Luis.

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Arnedo junto a su familia actualmente viven en San Luis.

Arnedo junto a su familia actualmente viven en San Luis.

Su “segundo milagro”

La supervivencia al rayo no fue el único milagro que presenció. El segundo ocurrió en Mina Clavero, Córdoba, en 2013, y se le atribuye al Santo Cura Brochero pese a que todavía no fue investigado por el Vaticano. Thiago Cianzio, de dos años, fue encontrado hundido en el fondo de la pileta de una casa que cuidaba su padre y fue derivado de urgencia al centro médico de la localidad. Allí lo recibió Arnedo, que después de estudiar medicina en Córdoba capital se había mudado a esa ciudad.

“Empezó a trabajar todo el cuerpo médico del hospital de Mina Clavero, intentaron reanimarlo y no pudieron”, detalló, en su momento, Leandro Cianzio, su padre, al Diario Popular.

“Thiago era una ranita azul mojada cuando llegó. Le dije a los padres: ‘díganle al Cura Brochero que este chico no se muere’. Lo entubamos y nos fuimos a Villa Dolores, a casi 50 kilómetros, donde está la terapia intensiva pediátrica más cercana. Thiago estaba con un paro respiratorio y con un electrocardiograma negativo, estaba muerto, pero íbamos a intentar el milagro. Estuvimos reavivándolo una hora mientras rezábamos”, contó Arnedo en una entrevista con La Nación.

Según hizo público la madre de Thiago ese día a los medios locales, “En Villa Dolores fue donde su corazón empezó a latir, después de una hora y algo”.

“Todavía recuerdo el nombre de la pediatra de Villa Dolores que salió a avisar que Thiago estaba vivo: la doctora Mignon, que estaba de guardia. Hubo una fiesta extraordinaria. En seguida nos empezaron a llamar periodistas de todo el país”, recuerda Arnedo.

Para ese momento, el Cura Brochero ya estaba beatificado; la existencia de un nuevo milagro podía ser un hito importante para su santificación. Actualmente, este caso no ha sido confirmado por la Iglesia, pero tanto la familia Cianzio como los médicos que atendieron a Thiago le atribuyen el milagro a este Santo.

Desde antes de este caso, Arnedo ya llevaba consigo una estampita del Cura Brochero a todos lados, y hoy, que dejó la terapia intensiva para dedicarse a la dermatología, lo sigue haciendo.

Él se considera especial, un elegido, y disfruta del misticismo que se creó a su alrededor en Jujuy y, años más tarde, en Córdoba. Pero impone límites. Desde el accidente de Thiago, a veces lo llaman personas de todo el país para pedirle que se acerque a imponerle las manos a sus familiares enfermos, pero él se niega. “Jamás entraría en eso. Si lo hago, ya no sería médico sino un chamán o un brujo. Yo soy un médico común y silvestre al que le han pasado cosas increíbles”.

FUENTE: LA NACIÓN

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