BICIPEREGRINOS JUJEÑOS A SALTA

Muy temprano una nutrida delegación de fieles de San Pedro y otras localidades jujeñas partió a Salta para ser parte de la fiesta en honor a la Virgen y el Señor del Milagro. Lo particular es que lo hicieron en bicicleta, el medio elegido para transitar los más de 100 kilómetros que los separan de la provincia vecina.

Luego de pasar por la iglesia local, todos se reunieron en pleno centro de la ciudad ramaleña para comenzar el viaje de fe. Con un equipo especial, abrigo y mochilas con lo necesario e indispensable para las horas de periplo, comenzaron a pedalear rumbo a su destino.

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Los fieles llevan no solo banderas, sino también imágenes de la Virgen y el Señor del Milagro. “En ellos va la oración de nuestro pueblo creyente”, dijeron quienes llegaron para despedirlos, apenas pasadas las 8 de la mañana de este viernes.

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El domingo es la celebración central. Fieles de todo el país llegan para honrar a la Virgen y el Señor del Milagro. El Triduo Solemne se realiza desde hoy y hasta el 15 de Septiembre, culminando este último día con la procesión y renovación del Pacto de Fidelidad, convocando año a año a más de 800.000 personas.

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Dice la tradición que el dominico fray Francisco Victoria envió desde España un santo Cristo, como obsequio a la iglesia de Salta. La imagen llegó flotando en un cajón al puerto de El Callao, Perú, junto a otro que contenía la imagen de la Virgen del Rosario. Allí la gente de la ciudad divisa los cajones flotando sobre las aguas y encuentra las dos imágenes. Nunca se supo del navío, ni de la tripulación que los traían. Cuando la comitiva llegó a Salta, se ubicó la imagen del Cristo en el Altar de las Ánimas. Pasaron 100 años y el Cristo quedó completamente en el olvido.

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En septiembre de 1692 comenzaron los terremotos, la ciudad de Esteco quedó destruida; pero fueron evidentes los signos de protección para la ciudad de Salta. La gente desolada se dirigió hacia la plaza y quienes entraron en el tabernáculo pudieron observar la imagen de la Virgen caída de su hornacina, en actitud suplicante. En ese momento, el padre José Carrión sintió una voz que le decía que mientras no sacasen en procesión al Santo Cristo abandonado, no cesarían los terremotos.

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Con dificultad bajaron la imagen y las campanas llamaron a la primera procesión en donde una multitud clamó misericordia, y acabaron los temblores. Entre aquellos primeros hombres y mujeres, y el Cristo y la Virgen se selló el Pacto de Fidelidad; un pacto que año tras año se renueva.

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