Profesora jubilada del Colegio Nuestra Señora del Huerto, Bibiana acompañó durante 36 años a distintas generaciones de estudiantes en la Fiesta Nacional de los Estudiantes. Primero sobre la avenida Córdoba y, posteriormente, en Ciudad Cultural, fue testigo del crecimiento de los jóvenes, de sus carrozas y de todo el trabajo que existe detrás de cada desfile.
Este viernes, durante una entrevista en el programa Arriba Jujuy, recordó con emoción aquellos años y habló sobre lo que significa para ella seguir vinculada a la FNE.
“Siento emoción, gratitud también por tantos años de haber acompañado a mis distintas promociones a lo largo de la Avenida Córdoba, primero y después en la Ciudad Cultural, y ganas de estar ahí”, expresó.
Mucho más que una carroza
Para Bibiana, lo que el público ve durante los desfiles es apenas una pequeña parte de todo lo que sucede durante meses dentro del canchón. “Uno cuando desfila con la carroza y ve el aplauso del público, de la abuela que está viendo la carroza, de los exalumnos, todos se asombran por lo que ven desfilar”, contó.
Y sin pausas agregó: “Si conocieran todo el trabajo anterior y previo que llevó ese trabajo y que lo realizan chicos, adolescentes, donde muchos dicen ‘son jóvenes, no van a tener responsabilidad, no van a saber qué hacer’, y logran plasmar lo que ellos han dibujado en un papel, en una construcción tridimensional, en un trabajo artístico tridimensional que desfila por una avenida”, explicó.
El canchón como una escuela de vida
Para la profe, el canchón es mucho más que el lugar donde se construye una carroza. Es un espacio donde los estudiantes ponen en práctica conocimientos, descubren habilidades y comienzan a pensar en su futuro. “Aprenden a ser grandes emprendedores. Para mí es la primera vez que ellos ven algo real donde aplican un montón de conocimientos que fueron adquiriendo a lo largo de todos los años”, sostuvo.
Y puso como ejemplo algo tan sencillo como construir un círculo de hierro. Para hacerlo, los estudiantes deben aplicar conocimientos de matemática y buscar soluciones prácticas.
“Tienen que aprender a aplicar las medidas que aprendieron en matemáticas, crear un compás con un hilo y un lápiz, porque no hay compases de un metro, de dos metros o de tres para poder hacer un círculo”, explicó y agregó: "También aprenden electricidad y desarrollan diferentes capacidades relacionadas con la construcción, el diseño y el arte."
Una experiencia que también abre puertas
La experiencia adquirida en el canchón incluso se convirtió, en algunos casos, en una herramienta para acceder a universidades.
Bibiana recordó que tuvo exalumnas que lograron ingresar a la Universidad de San Andrés presentando como parte de su experiencia el proyecto realizado durante la construcción de la carroza.
“Para ingresar a la Universidad de San Andrés tienen que hacer como una presentación personal y tienen que llevar un aval de su secundaria. Muchos han hecho el proyecto, generalmente jefes de carroceros o encargados de distintas áreas, contando su experiencia desde la elección reina hasta la construcción de la carroza”, relató.
Según explicó, esas experiencias les permitieron acceder a becas para esa universidad y para otras instituciones prestigiosas de Buenos Aires.
El lugar donde muchos descubren su vocación
El paso por el canchón también puede convertirse en un momento clave para definir qué quieren hacer los jóvenes en el futuro.
Bibiana contó que dentro de los grupos suelen destacarse estudiantes por su responsabilidad y compromiso, y que algunos terminan descubriendo una vocación.
“Muchos, estando en electricidad, descubren que después quieren seguir ingeniería o arquitectura o se inclinan por el arte”, señaló y remarcó también la parte artistica con los sábados estudiantiles.
“En esa casa estuve más tiempo que en cualquier otra”
Hablar del Colegio del Huerto para Bibiana es hablar de su propia historia. Su vínculo con la institución comenzó cuando era apenas una niña. “Yo fui desde sala de cuatro hasta quinto año”, recordó.
Después de recibirse de la facultad, volvió al colegio como docente y allí desarrolló gran parte de su vida profesional. “Triste. Añoré, añoro todavía un montón mi colegio”, confesó.
Y dejó una frase que resume el lugar que ocupa esa institución en su vida: “En esa casa estuve más tiempo que en cualquier otra casa. Más que en la casa de mis padres, en mi casa allá cuando yo formé mi familia. Así que para mí el colegio es muy importante”.
¿Qué significa ser huertana?
Para Bibiana, pertenecer al Huerto también implica una identidad que permanece más allá de los años. Ante la pregunta sobre qué características tiene una “huertana”, respondió: “Solidaria” y agregó que en el colegio les enseñan a construir identidad y pertenencia.
“Yo me siento, por eso vos entrás a cualquier lado y decís ‘soy huertana’, reconocés a otra huertana”, contó con orgullo. Una identidad que, en su caso, sigue intacta incluso después de la jubilación.
“Sigo siendo huertana, profesora y carrosera”
Aunque ya no ocupa el lugar que tuvo durante tantos años dentro del colegio, Bibiana asegura que hay cosas que no cambian.
Su historia continúa ligada a la institución, a los estudiantes y a la Fiesta Nacional de los Estudiantes.
“Sigo siendo huertana, profesora y carrosera”, es la frase que resume una vida atravesada por la educación y por una de las tradiciones más importantes de Jujuy.
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