Uquía es un hermoso pueblito de 500 habitantes, está en plena quebrada de Humahuaca a 122 km de San Salvador y a 2824 sobre el nivel del mar.

Su desarrollo con la llegada del ferrocarril Belgrano, aún se puede visitar la abandonada estación de tren.

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El paisaje

Desde Uquía nos espera una caminata larga hasta la Quebrada de las Señoritas, ideal para realizar una actividad de trekking.

La Quebrada constituye apenas una porción del área circundante a Uquía, con una antigüedad que varía entre el millón y los tres millones de años. Gracias a su importante historia geológica, nos da la posibilidad de visitar cavernas y grietas tectónicas. Los tonos tierra, rojizos y el azul del cielo se entremezclan para lograr una de las panorámicas más importantes de nuestro recorrido.

Además de la riqueza histórica y arquitectónica, Uquía, posee un importante atractivo natural. Está rodeada de coloridos cerros rocosos, en los cuáles hay estratos de gran valor paleontológico; su historia data de más de 3 millones de años.

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En proximidades del pueblo, se puede observar los criaderos de vicuñas que los pobladores mantienen, lo que constituye una verdadera postal de Uquía ya que es el único lugar en donde se encuentran vicuñas. Cruzando el Río Grande se encuentran los principales criaderos.

Uquía posee además, reservas arqueológicas en donde se conservan ruinas, que pertenecieron a construcciones aborígenes prehispánicos al pie de los cerros.

Iglesia de Uquía

Ubicada frente a la plaza de Uquía, fue declarada Monumento Histórico Nacional al constituir una de las construcciones más remotas, datando de fines del siglo XVII. Su fachada posee la torre separada de la nave principal de la misma y un arco en su entrada que caracteriza cada una de las fotos tomadas.

La Iglesia San Francisco de Paula es el principal atractivo turístico y el motivo por el cual el pueblo de Uquía recibe a cientos de visitantes que realizan un alto en su camino por la Quebrada de Humahuaca.

La iglesia fue construida en el año 1691 y conserva la arquitectura original en un estilo similar a las otras iglesias de la Quebrada y La Puna. La iglesia tiene la torre con su campanario separada del edificio principal. La carpintería de la iglesia está hecha de madera de cardón. Los muros y paredes son de adobe de un ancho grosor. En el interior su altar mayo es de madera y se encuentra cubierto por finas láminas doradas, técnica conocida como dorada a la hoja.

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Los ángeles arcabuceros

Uno de los principales atractivos históricos de la iglesia es la colección de pinturas conocidas como los “ángeles arcabuceros”. Estos cuadros fueron pintados durante la época colonial en la escuela cuzqueña (Cuzco era una ciudad productora de imágenes religiosa para toda la colonia).

En las pinturas se destacan los ángeles vestidos como militares españoles y armados con arcabuces, según los historiadores estás figuras eran utilizadas para atemorizar a los indígenas durante la conquista española donde la cruz y las armas fueron decisivas para someter a los pueblos originarios.

El carácter angélico de los seres representados en los cuadros está dado por los rasgos marcadamente andróginos de los rostros y por las alas. Sus nombres proceden de los textos bíblicos, curiosamente es de las pocas series que fueron pintadas identificando a los ángeles con nombres, aunque solamente tres ángeles: Miguel, Rafael y Gabriel hayan sido aceptados por la Iglesia Católica, pero a pesar de las prohibiciones, se siguieron pintando otros muchos con nombres como Uriel, Osiel, Yeriel, Eliel, Salamiel, Barakiel y otros, cuyos nombres probablemente proceden de diversos escritos judeo-cristianos.

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La serie de los Ángeles Arcabuceros de Uquía, procedentes de la escuela cuzqueña y presentes en la Iglesia desde mediados del S. XVIII hoy está incompleta, pues a través de los inventarios se puede conocer que desapareció uno de los diez cuadros originales, falta que es constatable desde hace más de cien años.

Recomendaciones: si llega a la iglesia y está cerrada puede preguntar algún vecino que por lo general tienen la llave

Un japonés en la Quebrada

En el año 2012 se inauguró el Museo de Takashi Takahashi fue organizado en torno a la antigua casa en donde el artista japonés estuvo radicado en Uquía. En el museo podremos observar obras de su autoría y la historia de quien fuera el fundador de la Escuela da los Niños Pintores de Chucalezna.

¿Quién fue Takashi?

El profesor Takahashi-Takashi nació el 5 de septiembre de 1908 en Kamagawa-Yokohama, Japón y llega a Buenos Aires en 1933 después de participar de la Segunda Guerra Mundial, en el último barco que ancló en ese momento. Trabajó en el Ministerio de Guerra.

En 1949 el gobierno de Salta le otorga el premio “Medalla Consulado de Bolivia en Salta”, por sus obras en pintura.

Entre 1966 y 1972 comenzó a trabajar como profesor de la Taller de Dibujo y Pintura de los Niños Pintores de Chucalezna, luego se radicó en Humahuaca, habiendo sido designado por la Dirección General de Enseñanza Media Especial y Artística como Director del Taller Escuela de Cerámica.

Trabajaba con una pintura muy especial extraída del óxido de la tierra de los cerros, de raíces y flores de la región.

En 1991 adquiere en Uquía esta vivienda, hoy museo, que pasa a ser su hogar y donde forma su propio taller para enseñar a los niños de la zona.

Se jubiló como inspector de escuelas de artesanías. Fallece en 1998 a los 89 años y sus restos descansan en el cementerio de Uquía.

Fotos: web y gentileza de Luis Calizaya

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