Opinión. 

30 años del MERCOSUR

El Mercado Común del Sur cumple 30 años y vive un contexto atípico por la pandemia. Nota de opinión de la doctora Stella Juste.
Por  Dra. Stella Juste

El 26 de marzo el bloque regional compuesto por Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay celebrará sus 30 años de existencia a través de una cumbre virtual y es inevitable reflexionar sobre los avances y retrocesos, como así también los desafíos próximos de la integración sudamericana.

Luego de un año difícil y negativo para el devenir de la región, el trigésimo aniversario se produce en un contexto enrarecido no sólo por la pandemia sino, además, tensionado por los últimos acontecimientos. A la detención de Jeanine Áñez y el apoyo argentino en Bolivia hay que sumar las verborragias de Jair Bolsonaro sobre la gestión de Alberto Fernández, el silencio regional sobre la situación de Venezuela, las diferencias cada vez más marcadas sobre el futuro del bloque, y una fuerte resistencia de algunos sectores al acuerdo con la Unión Europea, entre otros.

Con este panorama la cumbre de presidentes pasó al formato virtual, justificado con el avance del virus y las nuevas cepas. Pero, ¿qué cuestiones se han concretado y cuáles son los pendientes del MERCOSUR a 30 años de su nacimiento?

En 1985 el Acuerdo de Foz de Iguazú entre Argentina y Brasil marcó un momento histórico, transformando la relación de desconfianza y rivalidad en un vínculo de confianza y asociación. A partir de entonces, ambos países entendieron que sus problemáticas de desarrollo debían ser afrontados de manera conjunta. El diálogo dio paso a la firma del Tratado de Asunción en 1991, acuerdo al que se sumaron Paraguay y Uruguay y que dio origen al proceso de integración regional bajo la forma de unión aduanera que aspiraba a convertirse en mercado común. El ambicioso proyecto nacía en el auge de la globalización, mirando de reojo la experiencia de integración de los países europeos.

Durante los años que prosiguieron, el MERCOSUR experimentó momentos de crecimiento, pero también de caída y estancamiento. Claramente, los cambios de las situaciones políticas internas de sus integrantes tuvieron gran impacto en el bloque y su desarrollo. La inestabilidad política y los vaivenes económico-sociales de Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay influyeron en los avances y retrocesos acaecidos.

La pandemia del Covid19 profundizó las tendencias subyacentes y mostró la peor cara del MERCOSUR actual: la parálisis para coordinar una estrategia regional frente a la crisis económica, sanitaria y social. Esta falta de reacción visibilizó, además, los desafíos latentes que deberá enfrentar para sobrevivir si quiere ser una herramienta de desarrollo útil. El primero de ellos es recuperar el liderazgo regional, para lo cual las tensiones entre Argentina y Brasil deben quedar atrás y sus presidentes superar las diferencias ideológicas. El segundo desafío es trabajar puertas adentro para alcanzar un consenso sobre el arancel externo común y la capacidad de los integrantes del bloque para negociar con terceros países, evitando destruir la inserción internacional estratégica como bloque regional. El tercer desafío tiene que ver con pensar y trabajar en cadenas de valor integradas; el poder que nos otorga las riquezas naturales debe ser potenciado con transformación y valor agregado y los gobiernos locales pueden ser un factor clave en este proceso. A esto se suma la creciente presencia de los actores asiáticos como China, India, Corea del Sur, que a través del comercio y las inversiones pueden llevar a la competencia entre los países del bloque.

Es un panorama sombrío, sí, pero no imposible. El MERCOSUR es un bloque regional muy reciente si se lo compara con la Unión Europea, el proceso de integración más fuerte y avanzado que la historia conoce y que nos deja en claro que la integración es un paso a paso, y que a veces para avanzar hay que retroceder.

Pese a las idas y vueltas, estos 30 años del MERCOSUR y los cambios en el tablero mundial nos dejan una lección a tener presente: el desarrollo no se produce en soledad. Sin integración no hay desarrollo.

Por Stella Juste - Doctora en Relaciones Internacionales de la UE-CISOR CONICET (Unidad Ejecutora en Ciencias Sociales y Regionales del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas)

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