El asteroide 2024 YR4 alcanzó una probabilidad récord de impacto con la Tierra para 2032.
Descubrimiento y primeras observaciones del asteroide 2024 YR4
El 27 de diciembre de 2024, el sistema Asteroid Terrestrial-impact Last Alert System (ATLAS), respaldado por la NASA y operado desde Hawái, logró captar un diminuto punto blanco en el firmamento. Larry Denneau, científico líder del proyecto ATLAS, fue quien advirtió la señal y la describió como “un pequeño píxel blanco sobre un fondo negro”. Siguiendo los procedimientos establecidos, Denneau envió la información al Minor Planet Center (MPC) en Massachusetts, la entidad encargada de recopilar y gestionar los datos sobre asteroides y cometas.
El Center for Near-Earth Object Studies (CNEOS) de la NASA lidera el cálculo de la órbita y el riesgo de impacto.
Evaluación del riesgo y estimaciones sobre tamaño y trayectoria
La tarea de determinar la trayectoria y evaluar el potencial peligro de impacto recayó en el Center for Near-Earth Object Studies (CNEOS) de la NASA, liderado por Davide Farnocchia. El sistema automatizado Sentry, operado por CNEOS y especializado en el monitoreo constante de asteroides cercanos a nuestro planeta, reveló una probabilidad concreta de choque en 2032. Por su parte, entidades europeas como el Near-Earth Object Coordination Centre (NEOCC) de la Agencia Espacial Europea (ESA) y el Near-Earth Objects Dynamics Site (NEODyS) respaldaron estos cálculos con sus propios análisis.
En las jornadas iniciales, existía una gran incertidumbre respecto a las dimensiones reales del asteroide. Las proyecciones oscilaban entre 20 y 150 metros de ancho, una diferencia crucial: un objeto de menor tamaño probablemente se desintegraría al ingresar en la atmósfera terrestre, mientras que uno más grande tendría la capacidad de provocar daños significativos en áreas extensas. “Ellos son la primera línea de defensa planetaria”, señaló Kelly Fast, directora interina de la Planetary Defense Coordination Office de la NASA, en declaraciones a MIT Technology Review.
El asteroide 2024 YR4 desafió la capacidad de seguimiento de los telescopios ATLAS por su lejanía.
A medida que se reunían más datos, la posibilidad de un impacto no solo persistió, sino que en ciertos momentos llegó a incrementarse. El 29 de enero de 2025, la International Asteroid Warning Network (IAWN), con el respaldo de la ONU, lanzó una advertencia global: la Tierra enfrentaba una amenaza potencial. La noticia se propagó con rapidez y acaparó la atención de los medios en todo el planeta. “No era un ejercicio. Era real: realmente teníamos que hacerlo bien”, recordó Olivier Hainaut, astrónomo del Observatorio Europeo Austral, en declaraciones a MIT Technology Review.
La advertencia generó una movilización global sin precedentes. Kelly Fast emitió peticiones urgentes a telescopios y centros astronómicos en distintos continentes para continuar el seguimiento del asteroide. Pero el cuerpo celeste ya se estaba alejando rápidamente, lo que complicaba las observaciones. Sin datos adicionales, la incertidumbre sobre su órbita podría extenderse hasta 2028, año en que se esperaba un nuevo acercamiento a la Tierra.
La comunidad científica monitorea constantemente objetos cercanos a la Tierra para anticipar posibles peligros.
En paralelo, el Space Mission Planning Advisory Group, con base en Viena y respaldado por la ONU, comenzó a analizar posibles estrategias de mitigación. Entre las opciones evaluadas se encontraban desviar la trayectoria del asteroide mediante sondas espaciales o, como medida extrema, utilizar dispositivos nucleares, aunque esta última alternativa implicaba complejidades técnicas y dilemas políticos de gran envergadura.
Retos técnicos en la observación y el seguimiento del asteroide
Afinar la trayectoria del asteroide 2024 YR4 requirió enfrentar diversos desafíos técnicos. Aunque los telescopios ATLAS demostraron ser útiles en las primeras fases, no contaban con la sensibilidad necesaria para rastrear un objeto tan remoto. Por ello, el Very Large Telescope (VLT), ubicado en Chile y considerado uno de los más potentes a nivel global, se incorporó al operativo. Gracias a sus capacidades, se logró ajustar la estimación del tamaño del cuerpo celeste a un rango de 40 a 90 metros.
Posteriormente, el 5 de febrero, la NASA dio luz verde para emplear el James Webb Space Telescope (JWST), situado a 1,6 millones de kilómetros de la Tierra, con el objetivo de analizar el asteroide en el espectro infrarrojo. Andy Rivkin, del Laboratorio de Física Aplicada de la Universidad Johns Hopkins, encabezó la iniciativa: “El tamaño era la principal motivación”, comentó.
Fotograma de la animación del asteroide 2024 YR4.
Las observaciones del JWST facilitaron una medición precisa del diámetro, incluso cuando el objeto ya había dejado de ser detectable desde los telescopios en la superficie terrestre.
Otros observatorios, como el Gemini South en Chile y el Magdalena Ridge Observatory (MRO) en Nuevo México, también contribuyeron con información valiosa para el seguimiento del asteroide. Eileen Ryan, directora del MRO, destacó la potencia de su equipo: “Tenemos la capacidad de detectar un objeto del tamaño de un celular a una distancia de 35.000 kilómetros”.
Sin embargo, pese a los progresos obtenidos, la fase de luna llena en febrero supuso un obstáculo importante, interrumpiendo las observaciones durante varios días. “Detestamos la luna”, admitió Denneau, expresando la frustración compartida por la comunidad científica ante la imposibilidad de continuar con las mediciones.
Así fue el operativo secreto que eliminó el riesgo del asteroide 2024 YR4 y salvó a la Tierra.
Cómo se redujo y eliminó el riesgo para la Tierra
Con el inicio de la luna nueva, los telescopios reanudaron su monitoreo constante. El 18 de febrero, observaciones recientes elevaron la posibilidad de impacto al 3,1%, el nivel más alto jamás registrado para un asteroide con esas dimensiones. Esta noticia generó preocupación a nivel global, aunque los expertos confiaban en que nuevos análisis podrían descartar el peligro.
Al día siguiente, el Very Large Telescope (VLT) y el Magdalena Ridge Observatory (MRO) captaron imágenes que disminuyeron la probabilidad a 1,5%. Posteriormente, el 20 de febrero, el telescopio Subaru en Hawái, bajo la dirección de Tsuyoshi Terai, proporcionó datos decisivos que redujeron el riesgo al 0,3%. “Fue un alivio. Me alegró mucho que nuestros datos contribuyeran a eliminar el riesgo de 2024 YR4”, declaró Terai en declaraciones recogidas por MIT Technology Review.
El 24 de febrero, la International Asteroid Warning Network (IAWN) comunicó la esperada buena noticia: la posibilidad de colisión se redujo al 0,004%, eliminando por completo cualquier peligro. “En mi opinión, los observadores y los equipos de órbita fueron las estrellas de esta historia”, destacó Fast. Mientras tanto, Farnocchia describió el desenlace como “el resultado esperado”, aunque reconoció que no sabían con exactitud cuándo se confirmaría.
El uso de sistemas automatizados, telescopios de vanguardia y coordinación global permitió descartar el mayor riesgo de colisión registrado para un objeto de estas dimensiones.
Impacto potencial en la Luna y relevancia para la ciencia
Aunque la Tierra ya no corre peligro, la vigilancia científica del asteroide 2024 YR4 prosiguió. En marzo, el telescopio James Webb (JWST) confirmó que el objeto mide aproximadamente 60 metros de diámetro, tamaño suficiente para provocar daños severos si impactara directamente en una zona poblada. No obstante, apareció una nueva preocupación: se detectó una posibilidad del 3,8% de que colisionara con la Luna en 2032, porcentaje que se incrementó al 4,3% tras observaciones hechas en mayo.
“¡Puede que impacte la luna! Todos siguen muy emocionados por eso”, declaró Denneau. Un impacto de esa magnitud, probablemente visible desde la Tierra, desencadenaría una explosión similar a cientos de bombas nucleares y formaría un cráter que sería claramente visible a simple vista. “Si eso ocurre, será asombroso”, agregó. Para los investigadores, un acontecimiento de este tipo constituye una oportunidad excepcional para analizar los efectos de una colisión y demostrar la eficacia de la predicción y la coordinación mundial ante amenazas espaciales.
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