Como si no existiesen suficientes grietas en el país, la elección en Estados Unidos abre el debate interno sobre si a la Argentina le convendría una nueva presidencia de Donald Trump o un recambio con Joe Biden a la cabeza de la Casa Blanca. Hace unos días, la consultora Poliarquía reveló un sondeo que dice que los votantes del Frente de Todos tienden a preferir al demócrata, mientras que aquellos que eligieron a Macri en las pasadas elecciones se inclinan mayoritariamente por el empresario.
Pero más allá de las preferencias en Argentina, en cuanto a política internacional América Latina no aparece a priori en la agenda de ninguno de los dos candidatos. De hecho, el tema no se mencionó durante los debates y casi no apareció durante la campaña, salvo en aquellos estados con fuerte presencia de latinos, como es el caso de Florida. Aunque hay algunos puntos que podrían definir la relación de Washington con el continente, al que desde siempre considera su ‘patio trasero’.
Y la principal preocupación es que en su propio patio se meta China, que viene disputando el liderazgo internacional de los norteamericanos desde hace años en una lucha que se encarnizó durante la gestión Trump. China tiene proyectos de inversión en Argentina, que van desde represas hasta una base de satélites en Neuquén a la cual desde Estados Unidos le desconfían desde siempre.
A todo eso se suma las buenas relaciones del Frente de Todos con el gobierno de Xi Jinping y la simpatía por la llamada Ruta de la Seda (One Belt One Road), una iniciativa China para mejorar sus vínculos de comercio exterior. El mercado chino es uno de los principales consumidores de soja argentina, por lo que para el país es clave mantener esos buenos vínculos.
Durante la administración de Trump, Macri y Fernández hicieron equilibrio para mantener el buen vínculo con ambos países. Una presidencia de Biden no significará mejores relaciones de Estados Unidos con el gigante asiático, pero quizás sí un poco menos de tirantez. Eso se puede capitalizar.
Aunque Argentina no aparece en el radar norteamericano de manera prioritaria, Estados Unidos sí tiene los ojos puestos en un país latinoamericano: Venezuela. Ambos candidatos no dudaron en tildar a Nicolás Maduro de “dictador”, y parte de la campaña en Florida apuntó a garantizar a los emigrantes y sus familias que se ocuparán de la situación.
La simpatía del Frente de Todos con Hugo Chávez en su momento y algunas oscilaciones respecto a las posturas tomadas por el país dentro de los foros internacionales sobre el tema siembran dudas para Estados Unidos sobre qué hará el Gobierno en caso de que Maduro no coopere para que haya elecciones libres en el país. Se presupone que Biden está más cerca de una salida negociada, parecida a la que propone Europa. Trump en algún momento evaluó la chance de invadir el país, pero luego desistió
Pero quizás el tema más urgente para el país es tener una buena relación para poder acordar cuanto antes el nuevo arreglo con el FMI, donde Estados Unidos es uno de los principales tomadores de decisiones, y uno que tiene poder de veto para rechazar acuerdos. El objetivo del gobierno es cerrar un acuerdo antes de fin de año para poder despejar tensiones cambiarias. Trump había sido clave para que el organismo haga un desembolso récord en 2018 para la gestión de Mauricio Macri, con quien tiene una amistad y varios vínculos de cercanía.
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