Karina Nisinman es una mujer que trabaja haciendo prensa de espectáculos en Buenos Aires. El viernes, el avión en el que viajaba a Israel aterrizó en Estambul para hacer una escala de unas horas. No volvió a despegar.
Esta mujer contó en Facebook cómo sentían las bombas, cómo se protegieron, las relaciones con los otros pasajeros, cómo el personal del aeropuerto se fue y quedaron sólo los pasajeros en tránsito.
En TodoJujuy.com te mostramos textual esta historia de vida, muy bien escrita, por una de las mujeres que estuvo en el intento de Golpe de Estado en Turquía.
Son muchos los amigos que me escriben para saber cómo estamos y qué pasó. Difícil poner en palabras y hacer corto el relato, pero lo intentaré: viajamos con mis hijas a Israel y teníamos que hacer escala en Estambul por unas horas. Llegamos al aeropuerto justo en el momento en que los militares llevaron a cabo el intento de Golpe de Estado contra el presidente turco. Todos los vuelos comenzaron a demorarse y finalmente se cancelaron. Al rato, Atatürk quedó cerrado y rodeado por tanques militares. De repente, toda la gente que estaba en el aeropuerto (que es varias veces más grande que Ezeiza) empezó a correr y se empezaron a escuchar tiros y gritos en árabe a pocos metros de donde estábamos. Algunos corrían y otros nos tiramos al piso. Traté de cubrir a mis hijas, les dije cuánto las amo. Pensé cómo sería la sensación al recibir los balazos, también pensé fuertemente en la posibilidad de zafar. Y a mi manera recé. Después hubo un silencio intenso, más gritos y luego, silencio otra vez. Cuando nos dimos cuenta de que los terroristas ya se habían ido de donde estábamos, nos sentamos y junté coraje para mirar y ver los cuerpos muertos y ensangrentados. Pero no vimos nada de eso, solo gente que estaba como nosotras o deambulando. Johny, un ángel libanés que vive en Suecia -y que viajaba a Beirut para bautizar a su hijo de 3 meses-, se nos acercó para decirnos que nos tranquilizáramos, que había sido todo producto del pánico de la gente (pánico que abarcó al aeropuerto entero). Al rato, se repitió la misma situación: pánico otra vez, y la sensación de que en esta oportunidad sí era cierto. Pero no. Luego nos enteramos de que el presidente Erdogan pidió al pueblo que se rebelara y saliera a las calles. También fue después que nos enteramos que cientos de rebeldes habían burlado las barreras de los militares y entraron corriendo y manifestándose por todo el aeropuerto. Decidimos mudarnos a donde estaba sentado Johny con su familia, a un costado en el piso más alto del aeropuerto, junto con varias personas de diferentes nacionalidades, la mayoría árabes. Íbamos siguiendo las noticias a través de internet (tuvimos la suerte de tener wi fi de un restaurante, a diferencia de la mayoría de los que estaban en todas las otras zonas del aeropuerto, donde no había posibilidad de comunicación con sus familias), así nos enteramos de que había un grupo de 50 argentinos que estaban juntos y contaban más o menos lo mismo que lo que nosotras estábamos viviendo en el piso de arriba. Pasó un lapso largo de tiempo en que estuvimos tranquilos, charlando y esperando que nos avisaran que todo se había normalizado. Nos había llegado la noticia que el golpe había sido sofocado. Escuchamos despegar un avión, lo que nos dio esperanzas porque nos imaginamos que empezaban a activarse los vuelos. Al minuto se escucha un estruendo tremendo, sentimos como si una bomba hubiera caído arriba del techo y que toda la mampostería se nos venía encima, también tuvimos la sensación que habían derribado ese avión que había recién despegado. Todos corrimos y nos tiramos debajo de las mesas, esperando que el techo cayera. Pero no. Después se siguieron escuchando explosiones fuertes, como si bombas cayeran a pocos metros de donde estábamos. La gente a mi alrededor lloraba, yo trataba de contener a mis hijas y a quienes tenía al lado mío. Más tarde nos enteramos de que el presidente había dado un discurso desde el aeropuerto y que lo que se escuchaba era el estruendo de los aviones de guerra rompiendo la barrera del sonido. Hay quienes dicen que el primer ruido fue un helicóptero que derribaron. Después, todo se fue tranquilizando, aunque la mayoría de la gente estaba en estado de shock. Por Whatsapp, mi amiga Marta del Pino me recomendó que contactara al consulado, mi amigo Antonio Levesi Cervi, sin que se lo pidiera, me mandó los teléfonos por las dudas. Yo pensé que no lo iba a necesitar porque confiaba en que temprano a la mañana se reanudarían los vuelos. Tampoco eso sucedió. De repente me di cuenta de que no había ni una sola autoridad del aeropuerto, no había personal de las compañías aéreas, no había mozos ni vendedores. Solo había pasajeros en tránsito. Nadie comunicaba nada por los altavoces, las pizarras no marcaban ningún cambio. Horas más tarde nos enteramos que todo el personal del aeropuerto se había escondido en los refugios y nos dejaron a la deriva sin ningún tipo de explicación. Para desayunar y almorzar tuvimos que "saquear" los bares. Temprano a la mañana siguiente nos animamos a salir en búsqueda del grupo de argentinos. Encontramos un subgrupo que andaba dando vueltas como nosotras y nos sumamos a ellos. Ahí conocí a Mariano, Silvia, Matías, Carolina, Florencia, Diego, Tomy y Roberto, español "infiltrado", que viajaba a Filipinas. Las siguientes horas de angustia compartida, se hicieron menos pesadas y todos sentimos que nos conocíamos de toda la vida, impresionante cómo la intensidad de la situación nos unió. Pasamos juntos todo el día, tratando de conseguir alguna respuesta y solución, tratando de llegar a alguno de los 3 mostradores donde uno o dos funcionarios, con una sola computadora, trataban de responder a los miles de pasajeros que hacían avalancha agitando sus caducas tarjetas de embarque. Desde temprano me puse en contacto con la vicecónsul, quien finalmente se presentó por la tarde con su traductor turco, nuestra única esperanza de acceder al personal de Turkish Airlines. Si no fuera por él, todavía estaríamos en Estambul. Pasada toda esta odisea, me quedo con el cariño y el apoyo de mi familia, amigos y otra gente querida que estuvo presente de alguna u otra manera, y pienso obviedades: que cómo la vida puede cambiarnos de un segundo al otro, que compartiendo con otros una situación límite, se borran las barreras de la religión y la raza, que qué lindo conocer a Johny y a las otras hermosas personas con las que nos abrazamos debajo de las mesas, que no puedo entender el odio y las armas desde ningún punto de vista, que el terrorismo y la violencia en todas sus manifestaciones existen, que no estamos a salvo en ningún lugar mientras cada uno o cada país esté mirando su propio ombligo, y que la única patria posible es el amor.
Sumate al Canal de WhatsApp de TodoJujuy.com
Recibí las noticias en tu celular sumándote al Canal de WhatsApp de TodoJujuy.com. Ingresá al siguiente enlace: https://whatsapp.com/channel/0029VaQ05Jk6BIErMlCL0v0j
Si querés, podés activar las notificaciones.
Además, podés comunicarte con nosotros a través del WhatsApp de las Noticias al 3885007777.
Copyright © Todo Jujuy Por favor no corte ni pegue en la web nuestras notas, tiene la posibilidad de redistribuirlas usando nuestras herramientas. Derechos de autor reservados.