Una de las afecciones más devastadoras que puede afectar a un individuo es la parálisis cerebral, un conjunto de condiciones que impactan en la movilidad, el equilibrio, el tono muscular y la postura. Esta condición surge a raíz del deterioro del cerebro en desarrollo, generalmente antes del nacimiento.
En la conmemoración de su Día Mundial, resulta esencial generar conciencia acerca de las manifestaciones y señales de la parálisis cerebral, que suelen manifestarse en la niñez temprana o durante los primeros años preescolares. Esta afección se caracteriza por la limitación en la movilidad, acompañada de reflejos excesivos, rigidez muscular o espasticidad en las extremidades y el tronco, posturas atípicas, movimientos involuntarios, dificultad en la marcha o una combinación de estos síntomas.
Individuos afectados por esta afección pueden experimentar dificultades en la deglución y, en general, presentar un desequilibrio en los músculos de los ojos, lo que provoca la falta de alineación de la mirada en un mismo objeto. Además, es común observar una disminución en la amplitud de movimiento en diversas articulaciones del cuerpo debido a la tensión muscular que caracteriza esta condición.
Actualmente, no existe una cura definitiva para la parálisis cerebral. El propósito de los enfoques terapéuticos es apoyar a los individuos afectados en su búsqueda de la máxima independencia posible.
“La causa de la parálisis cerebral y su efecto sobre la función varían enormemente. Algunas personas con parálisis cerebral pueden caminar; otras necesitan ayuda. Algunas personas tienen discapacidades intelectuales, pero otras no. También pueden tener epilepsia, ceguera o sordera. La parálisis cerebral es un trastorno de por vida. No existe cura, pero los tratamientos pueden ayudar a mejorar la función”, explicaron expertos de Mayo Clinic.
¿Qué tipos de parálisis cerebral existen?
La Biblioteca de Medicina de los Estados Unidos identificó diversas categorías de parálisis cerebral:
- Parálisis cerebral espástica: Este tipo prevalece como el más frecuente y se caracteriza por el aumento del tono muscular, la rigidez muscular y la complicación en la ejecución de movimientos. En ocasiones, afecta únicamente a una región del cuerpo, mientras que en otros casos, puede comprometer tanto los brazos como las piernas, el tronco y el rostro.
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Parálisis cerebral discinética: Esta variante ocasiona dificultades en el control de los movimientos de las manos, brazos, pies y piernas, lo que puede complicar la capacidad para mantenerse sentado y caminar.
Parálisis cerebral atáxica: Esta forma genera problemas de equilibrio y coordinación.
Parálisis cerebral mixta: Implica la presencia de síntomas de más de un tipo de parálisis cerebral.
Cuáles son los síntomas de la parálisis cerebral
Los indicios y manifestaciones de la parálisis cerebral pueden presentar una amplia gama de variaciones de una persona a otra. Puede afectar la totalidad del cuerpo o concentrarse principalmente en una o dos extremidades, o en un lado del cuerpo. En líneas generales, los signos y síntomas comprenden dificultades con la motricidad y la coordinación, el lenguaje y la ingestión, el desarrollo y otras cuestiones.
Los indicios suelen manifestarse en los primeros meses de vida, aunque en ocasiones puede retrasarse el diagnóstico hasta después de los dos años. Con frecuencia, los bebés con parálisis cerebral experimentan un retraso en su desarrollo. Avanzan lentamente en la consecución de hitos del desarrollo, como girarse, sentarse, gatear o caminar. También pueden presentar un tono muscular anormal, que puede ser rígido o tenso.
Además, pueden exhibir falta de equilibrio y coordinación muscular (ataxia), temblores o movimientos involuntarios súbitos, movimientos lentos y torsionantes, y dificultades en la motricidad fina, como abotonar la ropa o manejar utensilios.
Los especialistas de Mayo Clinic explican que pueden surgir dificultades en el habla o la alimentación, tales como retrasos en el desarrollo del lenguaje, problemas para comunicarse verbalmente, dificultades al sorber, masticar o ingerir alimentos, e incluso exceso de salivación o dificultades al tragar. En relación a su crecimiento y desarrollo, pueden experimentar desafíos en el aprendizaje, discapacidades intelectuales y un retraso en el crecimiento que conlleva un tamaño inferior al esperado.
Además, las lesiones cerebrales pueden estar relacionadas con otras afecciones neurológicas, como convulsiones (epilepsia), problemas auditivos, trastornos visuales y movimientos oculares irregulares, alteraciones en las sensaciones táctiles o dolorosas, dificultades en el control de la vejiga y el intestino, como el estreñimiento y la incontinencia urinaria, así como trastornos de salud mental, incluyendo alteraciones emocionales y desafíos en el comportamiento.
El trastorno cerebral subyacente responsable de la parálisis cerebral se mantiene estable en el tiempo, por lo que los síntomas tienden a mantenerse constantes y no muestran una tendencia a empeorar con la edad. No obstante, a medida que el niño crece, es posible que algunos síntomas varíen en su intensidad. Es importante destacar que la rigidez y acortamiento muscular pueden agravarse si no se abordan de manera adecuada y continua.
Cuáles son las causas de parálisis cerebral
La parálisis cerebral se origina debido a la formación anómala del cerebro o al daño cerebral durante su desarrollo. Este fenómeno generalmente ocurre antes del nacimiento del niño, aunque también puede presentarse durante el parto o en las primeras etapas de la infancia. En numerosas ocasiones, la causa subyacente permanece desconocida. Existen múltiples factores que pueden contribuir a trastornos en el desarrollo cerebral, según lo indicado por Mayo Clinic. Entre estos factores se encuentran los siguientes:
- Alteraciones genéticas que inducen trastornos genéticos o perturbaciones en el progreso del desarrollo cerebral.
- Infecciones que afectan al feto en desarrollo durante el embarazo.
- Episodios de falta de flujo sanguíneo al cerebro en desarrollo durante la gestación.
- Hemorragias intracraneales ocurridas en el útero o durante el parto.
- Enfermedades infantiles que provocan inflamación en el cerebro o sus alrededores.
- Daños en la cabeza de un bebé debido a traumatismos, como accidentes automovilísticos, caídas o abuso físico.
- La privación de oxígeno en el cerebro vinculada con el proceso de parto complicado o el trabajo de parto, aunque es importante destacar que la asfixia durante el nacimiento es menos frecuente de lo que se creía en el pasado.
Cuáles son los factores de riesgo
Existen diversos factores relacionados con un mayor riesgo de padecer parálisis cerebral.
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Estado de salud materna: Algunas infecciones o exposiciones a sustancias tóxicas durante el embarazo pueden incrementar de manera significativa la probabilidad de que el bebé desarrolle parálisis cerebral. La inflamación ocasionada por la infección o la fiebre puede dañar el cerebro en desarrollo del feto.
Citomegalovirus: Este virus, que provoca síntomas parecidos a los de la gripe, puede causar anomalías congénitas si la madre experimenta su primera infección activa durante el embarazo.
Rubeola (sarampión alemán): Esta infección viral es prevenible mediante una vacuna.
Virus del herpes: Esta infección puede transmitirse de la madre al hijo durante el embarazo y afecta al útero y la placenta.
Enfermedad de sífilis: Se trata de una infección bacteriana de transmisión sexual.
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Toxoplasmosis: Esta infección es provocada por un parásito que se encuentra en alimentos, suelos y las heces de gatos infectados.
Infección provocada por el virus del Zika: Esta infección se transmite mediante las picaduras de mosquitos y puede influir en el desarrollo cerebral del feto.
Infecciones que ocurren durante la gestación: Esto abarca infecciones que afectan a la placenta o a las membranas fetales.
Exposición a sustancias tóxicas: Un ejemplo sería la exposición al metilmercurio.
Otras condiciones médicas: Otras condiciones que afectan a la madre y podrían aumentar ligeramente el riesgo de parálisis cerebral incluyen trastornos tiroideos, preeclampsia o episodios de convulsiones.
Enfermedad infantil
Los expertos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos clasifican la parálisis cerebral infantil según el tipo principal de trastorno del movimiento involucrado. Dependiendo de las áreas del cerebro afectadas, pueden manifestarse uno o varios de los siguientes trastornos del movimiento: aumento del tono muscular (espasticidad), movimientos involuntarios (discinesia), falta de equilibrio y coordinación (ataxia). Las afecciones en un recién nacido que pueden incrementar significativamente el riesgo de parálisis cerebral incluyen las siguientes:
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Meningitis bacteriana: Esta infección bacteriana causa inflamación en las membranas que rodean el cerebro y la médula espinal.
Encefalitis viral: De manera similar, esta infección viral también genera inflamación en las membranas que rodean el cerebro y la médula espinal.
Otra situación importante a mencionar es la ictericia severa o no tratada, que se manifiesta como un tono amarillento en la piel. Este problema ocurre cuando ciertos subproductos de las células sanguíneas no se eliminan adecuadamente del torrente sanguíneo. Además, el sangrado en el cerebro, a menudo provocado por un accidente cerebrovascular que afecta al bebé mientras se encuentra en el útero o durante su primer año de vida, es una circunstancia relevante a considerar.
Factores del embarazo y el parto
A pesar de que la influencia individual de cada uno de estos factores es limitada, existen otros elementos relacionados con el embarazo o el parto que se asocian con un mayor riesgo de parálisis cerebral, como se detalla a continuación:
- Bajo peso al nacer: Los bebés que nacen con un peso inferior a 5.5 libras (2.5 kilogramos) presentan un mayor riesgo de desarrollar parálisis cerebral. Este riesgo se incrementa a medida que disminuye el peso al nacer.
- Gemelos, trillizos y otros partos múltiples: El riesgo de parálisis cerebral se incrementa en casos de embarazos múltiples, como gemelos o trillizos. Esta situación puede estar relacionada con la mayor probabilidad de parto prematuro y bajo peso al nacer. Además, si uno o más de los bebés no sobreviven, los supervivientes tienen un riesgo mayor de desarrollar parálisis cerebral.
- Parto prematuro: Los bebés que nacen antes de término enfrentan un mayor riesgo de desarrollar parálisis cerebral. Cuanto más temprano sea el parto, mayor será la probabilidad de parálisis cerebral.
- Dificultades en el proceso de nacimiento: Complicaciones durante el trabajo de parto y el parto pueden aumentar el riesgo de parálisis cerebral.
Qué complicaciones genera la parálisis cerebral
La falta de fuerza en los músculos, la rigidez muscular y las dificultades en la coordinación pueden dar lugar a diversas complicaciones, tanto en la niñez como en la vida adulta, que pueden incluir las siguientes:
- Contracturas. Una contractura implica la reducción de la longitud del tejido muscular debido a una tensión muscular intensa, que a menudo resulta de la espasticidad. Estas contracturas pueden obstaculizar el desarrollo adecuado de los huesos, causar deformidades articulares, desviaciones o subluxaciones, incluyendo la dislocación de la cadera, la curvatura de la columna vertebral (escoliosis) y otras anomalías ortopédicas.
- Desnutrición. Los desafíos relacionados con la deglución o la alimentación pueden obstaculizar la ingesta adecuada de nutrientes en individuos con parálisis cerebral, especialmente en bebés. Esto puede afectar el desarrollo y debilitar los huesos. En algunos casos, tanto niños como adultos pueden requerir la colocación de una sonda de alimentación para garantizar la ingesta adecuada de nutrientes.
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Trastornos de salud mental. Individuos con parálisis cerebral pueden experimentar trastornos de salud mental, como la depresión. El aislamiento social y los desafíos asociados con las discapacidades pueden contribuir a la depresión, y también pueden surgir problemas de comportamiento.
Enfermedades cardiovasculares y respiratorias. Las personas con parálisis cerebral son susceptibles a padecer enfermedades del corazón y problemas respiratorios, incluyendo trastornos pulmonares. Las dificultades en la deglución pueden dar lugar a complicaciones respiratorias, como la neumonía por aspiración.
- Artrosis. La tensión ejercida sobre las articulaciones o la disposición anormal de estas debido a la espasticidad muscular puede provocar la aparición prematura de esta afección ósea degenerativa dolorosa.
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Fragilidad ósea. Las fracturas relacionadas con la disminución de la densidad ósea pueden ser causadas por diversos factores, como la inmovilidad, la nutrición insuficiente y la utilización de medicamentos antiepilépticos.
Otros problemas. Estos pueden abarcar trastornos del sueño, dolor persistente, heridas en la piel, dificultades intestinales y cuestiones relacionadas con la salud bucal.
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