En el Hospital de Canberra, ubicado en Nueva Gales del Sur, Australia, la doctora Hari Priya Bandi realizó una intervención quirúrgica en la que extrajo con éxito un gusano vivo de ocho centímetros de longitud del cerebro de una mujer de 64 años. Este caso marca un hito, siendo el primero en el mundo registrado de una infección por Ophidascaris, también conocida como tiña parásita, proveniente de una serpiente y que afectó a un ser humano.
“La paciente manifestó dolores intestinales, se le hizo una resonancia magnética nuclear y allí se detectó la imagen extraña”, señala Fernando Knezevich (M.N. 40.461) neurocirujano del Hospital Italiano de Buenos Aires y expresidente de la Asociación Argentina de Neurocirugía.
En relación a la forma en que el gusano accedió, se brindó información que apunta a que posiblemente atravesó la pared intestinal y posteriormente utilizó algún vaso sanguíneo para adentrarse en el cerebro. Es altamente probable que la paciente haya consumido algún tipo de vegetal que albergaba el huevo del gusano proveniente de la serpiente pitón.
La persona afectada vive en las proximidades de un lago donde crece una variedad de hierba autóctona, la cual sirve como hábitat para serpientes pitón que, por medio de sus heces, podrían haber liberado los huevos del gusano redondo.
Es muy probable que en las deposiciones se encontraran larvas del parásito que posteriormente encontraron refugio y se desarrollaron en su cerebro, permaneciendo allí durante un período aproximado de dos meses, según las afirmaciones de los investigadores que presentaron sus conclusiones en la publicación Emerging Infectious Diseases.
Cuáles son los síntomas de tener un gusano en el cerebro
Los primeros síntomas de la mujer fueron:
- dolor abdominal
- diarrea
- tos seca
- fiebre
- sudores nocturnos.
“En retrospectiva, los primeros síntomas probablemente se debieron a la migración de larvas de lombrices intestinales a otros órganos, como el hígado y los pulmones. En aquel momento, tratar de identificar las larvas microscópicas, que nunca antes habían sido identificadas como causantes de infección humana, era como intentar encontrar una aguja en un pajar”, indicó la directora de Microbiología Clínica del Hospital de Canberra, Karina Kennedy.
Dado que nunca se había registrado previamente esta forma de infección parasitaria en un individuo, los profesionales de la medicina se vieron en la necesidad de realizar ajustes precisos en la terapia farmacológica de la paciente a lo largo de varios meses, con el propósito de abordar sus manifestaciones clínicas.
"Esa pobre paciente fue tan valiente y maravillosa”, dijo Senanayake. “No querrás ser la primera persona en el mundo con una lombriz encontrada en pitones y realmente nos quitamos el sombrero ante ella”, se puntualizó.
Los especialistas señalan que estas instancias de infecciones parasitarias "no se transmiten entre personas" y que la paciente es solamente un portador fortuito. Asimismo, están explorando la posibilidad de que una afección preexistente, la cual condujo a una disminución en su sistema inmunológico, haya generado un ambiente propicio para que las larvas se establecieran en su cuerpo.
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