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26 de junio de 2023 - 11:24
Ciencia.

La costumbre que daña el cerebro y el sistema cognitivo

Según expertos de la Universidad de Stanford, existe un hábito muy recurrente en las personas que tiene un impacto altamente negativo en la salud del cerebro.

Redacción de TodoJujuy
Por  Redacción de TodoJujuy

Es esencial priorizar el cuidado del cerebro con el fin de asegurar un rendimiento intelectual óptimo, salvaguardar la salud mental y prevenir el declive cognitivo asociado al envejecimiento.

Los expertos resaltan diversos argumentos que respaldan la promoción de la estimulación cognitiva, entre los cuales se encuentran:

  • La prevención de la salud cerebral es fundamental para prevenir trastornos neurológicos, dado que el cuidado adecuado del cerebro puede disminuir el peligro de padecer enfermedades degenerativas cerebrales, como el mal de Alzheimer y otros tipos de demencia.

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  • Estimular el cerebro conlleva beneficios para la memoria, la concentración, la capacidad de adquisición de conocimientos y la toma de decisiones de manera óptima.

  • Apoya el equilibrio emocional, ya que un cerebro en buen estado facilita la gestión del estrés y fomenta la estabilidad afectiva.

  • Aporta al bienestar general de la existencia en su totalidad, al permitir llevar a cabo actividades cotidianas como interacciones sociales, labores profesionales o deberes con claridad mental y discernimiento.

Indudablemente, una de las conclusiones alcanzadas por los expertos en prevención y atención de la salud cerebral es que la práctica constante de la queja provoca un deterioro en el funcionamiento del cerebro. En efecto, esta conducta se encuentra profundamente arraigada en la sociedad contemporánea.

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La realidad es que las personas muestran una tendencia a manifestar quejas por una multitud de motivos: algunas lo hacen con el propósito de expresar su descontento ante una situación o liberar sus emociones; otras lo utilizan como un medio para captar la atención o recibir comprensión de los demás; y también existen aquellos que emplean la queja como una táctica para eludir responsabilidades o justificar sus propias acciones y decisiones.

Existe una frase popular que puede evocarse en relación a esto: "La queja perjudica la salud". Sin embargo, son escasos quienes consideran este enunciado de forma literal. Como respaldo a esta afirmación, una investigación realizada por la Universidad de Stanford demostró que estar expuesto a quejas de otras personas afecta negativamente el rendimiento cerebral.

Además, los expertos revelaron que tan solo 30 minutos diarios de exposición a quejas pueden dañar las neuronas del hipocampo, la región cerebral encargada de la resolución de problemas y el funcionamiento cognitivo.

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Siguiendo estos descubrimientos, el Dr. Travis Bradberry, autor del libro "How Complaining Rewires Your Brain For Negativity", expone en su obra que el acto constante de quejarse provoca una configuración cerebral que favorece la aparición más rápida de futuras quejas.

De esta manera, el cerebro infiere que es más sencillo pensar de manera negativa que positiva, sin importar lo que ocurra en el entorno. Bradberry afirma: “Quejarse se convierte en tu comportamiento predeterminado, lo que cambia la forma en que las personas te perciben”, escribe Bradberry.

¿Cómo se llegó a esta conclusión?

Los científicos de Stanford emplearon imágenes de resonancia magnética (RM) de alta precisión para identificar conexiones entre experiencias estresantes en la vida y la exposición prolongada a hormonas liberadas durante el estrés, lo que resulta en la reducción del tamaño del hipocampo.

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“Cuando estamos estresados o frustrados ya sea por algo que ocurre en nuestro entorno o por tener una conversación complicada, el cuerpo interpreta que está en peligro y comienza a liberar sustancias que tienen como fin ayudar a pasar esa situación de emergencia. Clínicamente cuando sucede esto se dice que se activa el eje hipotalámico-hipofisario-adrenal y se libera cortisol”, explica la médica neuróloga, Lucia Zavala (M.N. 146986).

La experta aclara que, al desencadenarse estos mecanismos como respuesta a un estado de alerta, el cerebro inicia un proceso de sustitución de neuronas, remodelando las dendritas, que son las estructuras encargadas de recibir y transmitir impulsos nerviosos dentro de las células neuronales.

Como consecuencia, se produce una modificación en el sistema nervioso, generando conexiones nerviosas en respuesta a nueva información, fenómeno que se conoce como neuroplasticidad.

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De igual manera, cuando se experimenta un estrés crónico excesivo, se pueden producir desequilibrios en los circuitos neuronales, advierte la Dra. Zavala.“Se ven afectadas varias funciones: la capacidad de decisión, la facilidad para descansar, se come sin pensar, se fuma o se toma alcohol en exceso, entre otras”, revela.

¿Se puede revertir el daño causado por las quejas?

“El cerebro y cuerpo tienen la tendencia a adaptarse al estilo de vida que uno tiene. Si no llevamos una vida neurosaludable, el cerebro no va a tener la misma neuroplasticidad o capacidad de adaptación”, resalta la doctora. En ese sentido, apunta: “el estilo de vida y ambiente en el que vivimos nos afecta y estos efectos no son del todo ‘reversibles’, ya que pueden provocar cambios en la actividad genética”.

De hecho, una investigación llevada a cabo por la Universidad de California reveló que las personas que se esforzaban diariamente por cultivar una actitud y pensamientos de gratitud experimentaban un estado de ánimo y niveles de energía más positivos, así como una notable reducción en la ansiedad debido a que presentaban niveles más bajos de cortisol.

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Esto equivaldría a reconocer cuando se experimentan pensamientos negativos o pesimistas, transformarlos y enfocarse en algo positivo. Siguiendo los principios de la neuroplasticidad, si uno adopta un enfoque neurosaludable, esa actitud positiva puede gradualmente convertirse en un estilo de vida.

Un ejemplo destacado es Trevor Blake, empresario y autor de "Three Simple Steps: A Map to Success in Business and Life", quien en su libro describe cómo los expertos en neurociencia han aprendido a regular la actividad cerebral cuando se enfrentan a diferentes estímulos negativos, incluyendo sesiones prolongadas de quejas.

“El cerebro funciona como un músculo que hay que entrenar”, afirma Blake. “Entonces, si estás atrapado en una conversación durante demasiado tiempo escuchando a alguien ser negativo, es probable que también empieces a comportarte de esa manera”, informa.

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Para evitar contagiarse de las quejas, Blake sugiere: distanciarse de las lamentaciones de los demás; instar a la persona insatisfecha a resolver el problema por sí misma; y si ninguna de estas opciones funciona, aplicar técnicas mentales para bloquear las quejas y preservar las neuronas, como transportarse mentalmente a un lugar imaginario que brinde paz o placer.

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