Opinión.. 

Entremos un ratito en una cabeza adolescente

Columna de opinión por la Licenciada en Psicología, Berenice Ruesjas.

Por  Lic. Berenice Ruesjas

En estos últimos meses venimos bastante preocupados y movilizados por lo que sucede con los jóvenes que, hoy son hijos, sobrinos, nietos, primos, amigos de alguien que quizás necesita saber o escuchar algo que ayude o guíe un poco la forma de acompañarlos.

La idea no es seguir repitiendo lo que tanto sabemos de esta etapa, y tampoco creer que debemos pedir auxilio porque un hijo es adolescente. Atentos padres, familiares docentes. No es algo que no podamos transitar, ni sobrellevar ¿Acaso no recuerdan que ustedes también lo fueron? Y acá están…

Les propongo que entremos dentro de sus cabecitas, para conocer desde la biología las razones por las que actúan y se comportan como lo hacen.

Para empezar, sepamos que cuando un hijo llega a la tan temida adolescencia, no sólo son evidentes los cambios físicos. En su cabeza, sus neuronas también tienen un cambio fundamental, pero para entenderlo lo diremos en criollo; las neuronas crecen, hay más conexiones entre ellas, pero estas conexiones se optimizan y refuerzan, preparando esa máquina cerebral para funcionar en la vida adulta. Por eso cuando los profesionales de la salud insistimos, en que los adolescentes realicen actividad física, tengan una alimentación equilibrada y en lo posible saludable, es por este crecimiento neuronal y momento culmine de su desarrollo cerebral.

Pero, así como hay partes que crecen mucho, hay otras partes que aún estarán muy pequeñas y hasta los 25 años ¡sí están leyendo bien! Hasta esa edad, les llevará ese tiempo para madurar. Y se trata de una parte muy importante del cerebro, la que se ubica en nuestra frente, zona conocida como “Lóbulo Frontal” encargada de muchas funciones, pero de la más importante, el control de la conducta.

Cuántas veces escuchamos decir que los adolescentes son impulsivos, desorganizados, que priorizan sus intereses sin pensar en el otro, que no miden el riesgo y parece que viven en la luna olvidando todo. Bueno, ahí tenemos la explicación. Todos estos procesos están tan inmaduros como la parte que se encarga de hacerlos funcionar. ¡Ojo! Tampoco estoy justificando y diciendo que los dejemos libres como pájaros y que sigan así. Por el contrario, que sea inmadura un área, no significa que no la podemos estimular.

Y en este punto es donde me detengo para aclarar que al saber cómo funciona su cabeza, sabremos cómo ayudar para que crezca adecuadamente. Si me relajo con esta explicación y justifico su accionar por inmadurez sin hacer nada, estoy descuidando el acompañamiento que un adolescente requiere.

Es fundamental y casi una tarea diaria enseñarles a nuestros adolescentes a organizarse, a pensar en las consecuencias de sus acciones, a poner en orden las prioridades. Pero ¿cómo? Hablando y escuchando, reflexionando, guiando, aconsejando y utilizando estrategias como horarios, agendas, uso del celular para alarmas, etc.

Si los dejamos sueltos, las consecuencias no serán las mejores. Así que, si piensan en prestarles el auto, es importante saber si están preparados para una responsabilidad como tal, recordando que somos nosotros los que les enseñaremos a cuidarse y a reconocer los riesgos si deciden, por ejemplo; usar el auto.

Así como tenemos un área inmadura, también hay un área muy desarrollada que es la del sistema límbico, justo la encargada de las emociones. Y como bien sabemos los adolescentes se caracterizan por transitar una especie de montaña rusa cuando responden a lo que les pasa emocionalmente. ¿Qué quiero decir en realidad? Que su conducta siempre se verá afectada por lo que esté pasando a su alrededor, puede que en una fiesta estén muy bien y activen los impulsos para hacer algo riesgoso, porque eso provoca bienestar. Pero también puede que algo que pase en ese entorno, les afecte tanto que dejan de estar felices y pasan a sentirse totalmente desganados y tristes. O sea que sí saben reconocer sus emociones, pero no controlar sus respuestas ante ellas.

Su cerebro tampoco les permite aún “tomar decisiones”, este proceso está inmaduro y no lo pueden hacer sin ayuda y soporte, y menos cuando decidir implica aceptar que si elijo esto pierdo aquello, son extremistas por esa causa y la respuesta emocional también es extrema, porque siempre van a querer tenerlo todo, cueste lo que cueste, por eso también asumen riesgos, pero sin pensar mucho en lo que pasará. Creo que con esto está más que claro las áreas muy desarrolladas y las que aún no lo están.

Así que, para terminar sólo me resta contarles que, para un buen desarrollo de estas cabezas, la influencia de los amigos juega un papel fundamental, contar con un amigo es esencial. Pero también debemos estar atentos y preocuparnos cuando un adolescente no tiene amigos, porque estar o tener un grupo es un factor de protección en esta etapa. También puede pasar que notemos que algún amigo o grupo elegido no es una buena compañía, ayudarlos y aconsejarlos a pesar de las muchas peleas que se puedan dar es necesario.

Y ahora enserio cerrando, los dejo pensando que también pueden aparecer indicadores de riesgo frente a alguna condición en la salud mental ¿Cuándo debemos estar atentos? Si notamos que un adolescente permanece por un período de dos semanas o más con un estado de ánimo muy cambiante, mucha tristeza, mucha irritabilidad, aislamiento, desinterés, lo vemos desmotivado, que abandona sus actividades, que está mucho tiempo sumido en el mundo tecnológico y todo esto afecta su vida diaria y la relación con pares o familiares… ahí es momento de consultar con un profesional.

Berenice Ruesjas
Lic. en Psicología MP 330

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