Opinión.. 

Tips para lograr armonía en las Fiestas de Fin de Año

Por la Lic. en Psicología Berenice Ruesjas

Por  Lic. Berenice Ruesjas

Hace algunos días leía un posteo que automáticamente me transportó a mi niñez, hacia aquellas navidades dónde el clima que se percibía era muy diferente al que vivimos diariamente. Entonces pensé ¿cómo hacer para que todo salga en perfecta armonía? ¿Existe esa posibilidad, de lograr que la navidad y el año nuevo sean un momento donde las diferencias, las peleas, los malestares queden puertas afuera? Bueno, los invito a encontrar en estas reflexiones algunas sugerencias para lograrlo.

Principalmente debemos plantearnos qué mirada tenemos hacia estas celebraciones, si es algo que nos encanta hacer, como decorar desde el 1 de diciembre para entrar en buenas vibraciones y clima navideño, o sinceramente la idea de todo lo verde y rojo ya nos pone de mal humor. Desde allí, ya podremos vislumbrar si sabemos desarrollar la costumbre familiar o todo implica un gran esfuerzo y no queda otra opción “es lo que hay que hacer”.

Si nos ponemos a pensar, el “Grinch de la Navidad” odia las fiestas porque desde muy pequeño nadie le enseñó sobre la buena tradición que implica. Entonces, ¿podremos interrumpir esto y cambiarlo? Por supuesto que sí, para los que no recibieron ese aprendizaje, están a tiempo de comenzar a desarrollar una buena costumbre desde la cultura que crean más conveniente, porque de eso se trata, de respetar todas las formas de celebración y aprender a sostener la que más nos gusta o con la que más conectamos.

Uno de los puntos álgidos en estas celebraciones, comienza cuando las familias deben decidir cómo reunirse. ¡Qué dilema! Todo inicia en lo que cada uno desea y piensa más conveniente para sí mismo o simplemente hay que adaptarse a lo que el jefe o jefa de familia determina, y varias caras largas comienzan a dejarse entrever. Aún estamos a tiempo para pensar en la esencia de la Navidad, la unión y la armonía. Entonces les pregunto, ¿es fundamental cumplir obligaciones? La mayoría de las personas centran todo el problema en alcanzar lo mejor posible y lo perfecto, porque es lo que la cultura del consumo nos ha llevado a desarrollar en los últimos tiempos, pero justamente es eso lo que podríamos comenzar a cambiar.

Y para lograr este cambio podríamos comenzar escuchando y luego construyendo desde las opiniones o deseos de todos. Quizás alguien tiene ideas frescas y novedosas, pero no se atreve a decirlas, y es justo en este punto donde siempre recomendamos que, para resolver algo, lo fundamental es el diálogo, pero ¡ojo! que no se convierta en pelea, dije “hablar, no discutir”. Otra posibilidad de cambio implica pensarnos en familia, pero no desde las tradiciones ancestrales, muchas veces se conforman nuevos sistemas familiares y esos sistemas tienen derecho a desarrollar nuevas costumbres, respetando lo que traemos desde la cuna, pero también se trata de combinarlo con lo que estoy conformando ahora, entonces Nueva familia, Nuevas costumbres.

Cuando llegamos a fin de año, suele suceder que los desencuentros, los conflictos no resueltos, las diferencias, son lo principal a relucir y por eso la propuesta de cambiar la mirada y planificarnos desde lo que podemos, lo que sabemos hacer, corriendo las exigencias del qué dirán y buscando poner el foco en lo auténtico y no fingido, en no ser perfectos, sino en armonía con lo que pienso y siento.

Y retomando a las familias, muchas modificaron su sistema, su esquema y transitan estas fechas con mucha tensión, intentando resolver cómo repartirán a los hijos, cómo se dividirán con aquel con el que las disputas aún se encuentran a la orden del día. Decidir repartir a los niños suena doloroso, y es un aspecto muy sensible porque cada situación es particular y singular en cada familiar. Sabiendo esto, pensemos en que sí hay posibilidad de resolverlo y se logra conversando con los hijos, reflexionando juntos a ellos, escuchando su deseo, porque quizás con la pureza e inocencia que tienen saben transmitir soluciones a lo que a los padres tanto les atormenta. Quizás suene un tanto ilusorio, pero si lo imaginamos, pasamos a convertir ese deseo egoísta de pensar lo que como padre quiero, a hacer realidad lo que mi hijo me quiere pedir, pero no sé escucharlo. Es importante que el niño no reciba un regalo enorme o muy caro, la huella más importante es el cambio en las decisiones para interrumpir circuitos interminables de errores que cometemos los adultos, y poder poner fin para iniciar nuevas etapas.

Lo esencial es centrarnos en proponer un encuentro con las personas con quienes puedo compartir un momento grato, disfrutando lo que significa reunirse en familia, o con amigos, evitando la soledad, y dejando fuera la obligación de cumplir una tradición que pone en jaque hasta mi propia armonía mental.

Mi deseo para ustedes es poder vislumbrar este tiempo como una posibilidad de cambio, y no como un trabajo, un problema que no se resuelve, una tradición que pesa. Hagamos lo que sentimos que podemos y no desde la obligación sino de la simpleza de alcanzar lo posible y no lo ideal. Y si con estas palabras encontraron la solución… ¡Feliz Navidad y Prospero 2022!

Berenice Ruesjas – Lic. en Psicología MP 330

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