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8 de octubre de 2026 - 17:14
Sociedad.

Así es el truco del saquito de té que ayuda a controlar el olor del arenero del gato

Un recurso sencillo y fácil de aplicar puede ayudar a reducir los malos olores y mantener más limpio el espacio donde tu mascota hace sus necesidades.

Redacción de TodoJujuy
Por  Redacción de TodoJujuy

Compartir el hogar con un gato puede dar la impresión de que todo resulta sencillo debido a la autonomía que los caracteriza. Sin embargo, su bienestar implica atender necesidades y adoptar hábitos de higiene que también ayudan a conservar los ambientes. Para esto, existe un truco muy particular que solo necesita un saquito de té.

Dentro de la vivienda, la caja sanitaria suele convertirse en uno de los principales focos de suciedad y malos olores, por lo que mantenerla limpia representa una tarea habitual para quienes conviven con felinos.

Una alternativa casera, económica y de origen natural que cada vez despierta mayor interés consiste en colocar una bolsita de té completamente seca en la caja sanitaria del gato. Gracias a sus propiedades absorbentes, el té puede ayudar a reducir la humedad y actuar como un neutralizador natural de los malos olores que se concentran habitualmente en este espacio.

Pero su posible utilidad no termina allí. Los componentes presentes en las hojas de té pueden dificultar el desarrollo de ciertos microorganismos, entre ellos bacterias y hongos, favoreciendo que el arenero conserve mejores condiciones de higiene por un período más prolongado. De esta manera, además de contribuir a mantener un ambiente más agradable y limpio, esta práctica podría repercutir favorablemente en el bienestar del animal.

Para poner en práctica esta alternativa, primero hay que preparar el té y, una vez utilizada la infusión, dejar la bolsita al aire hasta que pierda por completo la humedad. Cuando esté totalmente seca, se puede colocar en uno de los extremos de la bandeja sanitaria. Este paso resulta importante, ya que introducir un saquito húmedo podría favorecer su deterioro y la aparición de hongos o moho en el interior del arenero.

La bolsita debe renovarse periódicamente. Una opción es cambiarla cada vez que se higieniza la caja, aunque también puede establecerse una frecuencia semanal. El momento adecuado dependerá de cuántos gatos haya en el hogar y del uso que tenga habitualmente el arenero.

Por otro lado, es importante impedir que el animal manipule el saquito, lo muerda o lo utilice como juguete. Si llegara a romperlo, el contenido podría terminar disperso por distintos sectores de la vivienda. Ante cualquier comportamiento inusual, molestia o rechazo por parte del gato después de colocar la bolsita, se aconseja retirarla inmediatamente y consultar a un profesional veterinario.

Por qué a los gatos no les gusta el agua

Aunque los felinos domésticos suelen caracterizarse por su comportamiento sereno y afectuoso, no todos reaccionan de la misma manera cuando sus dueños intentan bañarlos. De hecho, son numerosos los tutores que han contado que, al intentar poner a sus gatos en contacto con el agua, reciben respuestas defensivas o incluso agresivas.

Esta conducta suele atribuirse al temor que supuestamente sienten estos animales frente al agua. Sin embargo, la explicación estaría relacionada principalmente con su historia evolutiva y con la manera en que sus antepasados se adaptaron a determinados entornos a lo largo del tiempo.

La especialista en conducta felina Kristyn Vitale, integrante de Maueyes Cat Science and Education, explicó en diálogo con Popular Science cuáles son las razones que pueden estar detrás de la resistencia de algunos gatos al contacto con el agua. Antes de desarrollar su explicación, la experta señaló que no existe una regla que pueda aplicarse de manera absoluta a todos los animales, ya que, al igual que ocurre entre los seres humanos, cada individuo presenta características y comportamientos particulares.

De acuerdo con su explicación, si bien es habitual que los gatos manifiesten incomodidad o rechazo frente al agua, esta característica no puede atribuirse de forma uniforme a todas las razas. La reacción estaría vinculada principalmente con el proceso evolutivo de estos animales y con la historia de adaptación de sus antepasados.

Para encontrar una posible explicación a esta conducta es necesario retroceder hasta épocas muy anteriores a la aparición de los gatos domésticos actuales.

Los felinos que hoy conviven con las personas tienen como antepasado al gato salvaje africano (Felis silvestris lybica), una especie cuyo peso podía situarse aproximadamente entre los 2,7 y los 8,2 kilogramos. Estos animales se desarrollaban principalmente en territorios secos y de clima árido, distribuidos desde regiones de Egipto hasta zonas de Irán.

En esos ambientes, las precipitaciones eran poco frecuentes y el acceso a grandes cantidades de agua no formaba parte de las condiciones habituales del entorno.

Por este motivo, a lo largo de su evolución, estos felinos no desarrollaron características físicas ni conductuales especialmente orientadas a desenvolverse dentro del agua. Esta particularidad ayuda a comprender por qué el contacto con este elemento no forma parte natural de sus hábitos.

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