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18 de octubre de 2014 - 20:04

¿Qué carrera debo elegir?

Cuando los teens terminan la etapa escolar y están a punto de entrar a la universidad, la gran duda es qué hacer con sus vidas. Qué estudiar y dónde. Aunque estas parezcan preguntas simples, son decisiones que se deben tomar con responsabilidad y seriedad.

En esta ocasión, te presentamos una guía y consejos para hacer que el proceso de decisión sea un poco más fácil y sobre todo claro. Éstos son otorgados por María Isabel La Fuente Taborga, Doctora en Psicología Social de la Universidad Complutense de Madrid, Magister en Psicología Social Comunitaria de la Pontificia Universidad Católica de Chile, Docente de Pregrado en la Universidad Católica Boliviana y en la Universidad Privada Abierta Latinoamericana, y Psicóloga Propium de Psicólogos Asociados.

Salir bachiller significa terminar una etapa importante de la vida, no solamente en el nivel académico, sino también en el personal. Es cuando se ha terminado la infancia, la niñez e incluso también la adolescencia, pues se está entrando de lleno a la juventud. Salir bachiller no solamente supone haber terminado el colegio, sino también haber dejado atrás la inmadurez de la vida dependiente y crecer para tener mayores responsabilidades tanto sociales como académicas.

Cuando los adolescentes están en la etapa escolar, no son ellos los que deciden qué estudiar y qué no, pues existe un currículum que se debe seguir independientemente de lo que se quiera hacer. Mientras que, cuando salen bachilleres, los jóvenes ya son los que pueden y deben decidir.

La Fuente asegura que ese cambio y esa transición son algo confusos, especialmente en Bolivia, por lo tanto, puede que en nuestra sociedad cuesten más. Ella explica que esto se da porque si bien existen otros países donde los bachilleres ya comienzan a independizarse económicamente, pagarse sus estudios y vivir solos, en Bolivia esa es una figura muy rara. En nuestra sociedad, los jóvenes siguen viviendo con sus padres y dependiendo económicamente de ellos, sin embargo, ya son tratados como adultos, lo cual llega a ser algo contradictorio.

Isabel afirma que es normal sentir miedo en esta etapa, ya que tienen miedo a enfrentar solos la universidad y es mayormente por ese miedo que se pueden equivocar al escoger la carrera, pues terminan optando por la carrera a la que van sus amigos porque no quieren estar solos. “No hay cosa más peligrosa que hacer eso, porque siendo honestos, los amigos del colegio no siempre son duraderos. Y ese miedo a elegir mal, a equivocarse, es exactamente el que muchas veces hace que te equivoques. Justamente por todo ésto, es que esta etapa es decisiva, porque marca lo que vas a hacer de aquí en adelante.”, analiza la psicóloga.

Mucha gente cree que cuando se termina el colegio, es cuando se debe empezar a pensar qué estudiar, Isabel enfatiza que no hay nada más lejos que eso: “Debería romperse ese pensamiento de empezar al salir bachiller, se debe empezar mucho antes, incluso a los 14 o 15 años diría yo. Todos debemos obrar por ensayo y error”.

Isa aconseja que cada persona debe ir descubriendo qué le gusta, qué quiere y qué puede. Asegura que es bueno aprovechar las vacaciones para interiorizarse un poco sobre lo que hacen las personas en las profesiones que nos interesan.

Son cosas como que si uno quiere ser médico y tiene un familiar médico, puede ir viendo qué hace en su día a día, cuáles son sus actividades y responsabilidades. Y lo mismo para todo tipo de profesión, si es una en la que no permiten entrar al área de trabajo, por lo menos realizar una mini-entrevista. Son pasos que ayudan a decidir en mejores condiciones qué quiere hacer uno con su vida.

En cuanto a los test de orientación vocacional, Isabel nos dice que mucha gente pone toda la carga sobre ellos y no debería ser así porque esos son solamente lo que su nombre indica, algo orientativo. Ella explica que lo que hace un test de vocación es analizar lo que te gusta, tus potencialidades, tus capacidades, el medio en el que mejor te desenvuelves y las posibilidades formativas y económicas que tienes. Por ejemplo, si uno quiere trabajar en economía pero no tiene habilidades numéricas, sino más bien verbales y además el mercado está saturado de economistas, un test vocacional no te va a sugerir que estudies otra carrera, pero sí te va a poner en perspectiva que probablemente si estudiaras otra carrera, podrías tener mayores y mejores posibilidades, “pero la decisión debe ser tuya”, asegura Isabel.

En resumen, lo que la orientadora trata de explicar es que estos tests ayudan a ordenar tus emociones en función de hacer un análisis de posibilidades reales versus deseos y fantasías. 

Isabel se enfoca en que la decisión de qué hacer con la vida propia debe comenzar antes de salir bachiller. “Es una suerte de investigación, analizar mis potencialidades, mis deseos, mis posibilidades reales, tanto a nivel de cualidades, atributos, competencias, como económicas, analizar la oferta y demanda del mercado. De hecho, si mi familia tiene una empresa grande y yo estudio administración de empresas, es mucho más probable que a la larga me vaya muy bien en ese ámbito, pero si estudio odontología no, porque tendré que empezar de cero a abrirme espacios, lo que no quiere decir que estoy destinado al fracaso, pero sí que lo voy a tener más difícil”, agrega. 

Existe una delicada diferencia entre la vocación, que se remite a todo aquello que uno puede hacer y que incluso es bastante bueno en eso; y la pasión, que viene a ser aquello que una persona ama hacer y que puede no ser tan bueno,  pero lo importante es qué lo llena y le hace feliz. ¿Qué pasa cuando la vocación y la pasión no son la misma?...

En cuanto a esta batalla, Isabel explica que las capacidades se van desarrollando, por lo cual ella recomienda, siempre analizando todos los factores antes vistos, tratar de irse por la pasión, es decir, tratar de elegir carreras que sean de tu agrado.

En palabras exactas ella aconseja: “recomiendo que la decisión se tome teniendo en cuenta lo que te gusta hacer, porque si realmente te gusta, con el tiempo vas a ir desarrollando capacidades para ello. Obviamente una persona que no tiene talento musical, por ejemplo, y decide ser pianista, lo va a tener más difícil, cuesta arriba, tendrá que trabajar mucho y muy duro para poder llegar ahí donde el talentoso llegó, pero ese camino le va a ser entretenido, porque ama lo que hace. A diferencia, por ejemplo, de alguien que elige una carrera porque es apto para ella. Conozco un caso de una persona que eligió economía porque tenía aptitud con los números, efectivamente le fue muy bien, terminó la carrera con éxito y honores, trabajó muy bien, con muy buenos cargos y buenos sueldos, pero cada día de trabajo fue un suplicio hasta el día en que se jubiló porque aunque era muy bueno en lo que hacía, no amaba su trabajo.”

Al final de cuentas, repite que es una decisión seria y responsable que debe ser cuidadosamente analizada y debe ser tomada en cuenta en función al futuro, es decir, no dejarse influir por los amigos, o por variables como la pareja o situaciones semejantes. Es importante tomar la decisión con la madurez que la adultez requiere.

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