Muchas de nosotras crecimos jugando con Barbies, inventábamos historias, confeccionábamos ropa a partir de pedazos de tela o de papel y más de una nos atrevimos a hacerle un corte de pelo o una tintura. Seguramente en más de una ocasión el pelo de nuestra muñeca quedó terrible y no había de otra más que regalarla u olvidarla al fondo del montón de juguetes.
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