Cuando se pudo jugar y no chapotear. Cuando fútbol se pareció a ese deporte de once contra once con una pelota rodando, Boca supo cómo capitalizar su mejor virtud: el gol. No se trata de una característica del once titular que anoche descansó ni del alternativo que presentó apellidos de peso.

Los de Gustavo Alfaro aprovechan su poderío ofensivo incluso cuando hay que ir esquivando charcos o piernas rivales. Así se sacó de encima a Godoy Cruz. Dos golpes y a la lona (o al colchón de agua que fue por momentos El césped de Brandsen 805) para avanzar en la Copa Superliga, a la espera de Vélez o Lanús.

En Ramón Ábila está el mejor ejemplo de lo que pretende Alfaro: que Los suplentes mantengan vigentes a los titulares, esos que jugarán ante Athletico Paranaense el jueves para buscar los 8vos de la Copa Libertadores, el gran objetivo del año.

Pero Wanchope, aunque lo sea, no se siente el suplente de Benedetto. Los 21 goles en 46 partidos en el club que lleva el cordobés tienen un dato más positivo para él: los hizo jugando solo 25 veces desde el comienzo. Y suma 8 en el ciclo Alfaro. La competencia sana (festejan entre ellos ante cada gol) eleva los registros del equipo.

Si en algún momento hubo riesgo, más allá de ese descuento de Prieto (Godoy Cruz también apeló a una formación alternativa), lo esfumaron las atajadas de Esteban Andrada. El arquero, figura en la semana para sumar la estrella 68, estuvo rápido de piernas y de reflejos.

Claro, para que no perdieran ritmo, Alfaro metió un ratito a los titulares. Y Zárate dibujó otro golazo (el tanto 12 en el año) como para que esa gente que se empapó durante dos horas se fuera con una doble sonrisa. El triunfo y la certeza de que a este plantel de Alfaro, suplente o titular, le sobra lo más importante del fútbol: goles.

FUENTE: Clarin
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