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13 de abril de 2026 - 11:07
Deportes.

Murió Julio Ricardo, una de las voces más respetadas del periodismo deportivo argentino

El comunicador tenía 87 años y se destacó por su estilo sobrio y su paso como comentarista en Radio Rivadavia junto a José María Muñoz.

Redacción de TodoJujuy
Por  Redacción de TodoJujuy

La mesura, la consideración hacia los protagonistas del deporte —especialmente del fútbol, su gran pasión—, el trato respetuoso tanto con la audiencia que lo acompañaba por radio o televisión como con sus colegas, y su esmerado uso del lenguaje, fruto de una sólida formación, definieron el estilo de Julio Ricardo, uno de los comunicadores deportivos más valorados de nuestro país.

Murió Julio Ricardo.

El reconocimiento masivo le llegó cuando José María Muñoz lo sumó como comentarista en Radio Rivadavia, en una etapa en la que sus coberturas y el ciclo “Oral Deportiva” marcaban el pulso del periodismo deportivo. Además, Julio Ricardo tuvo participación en el ámbito del peronismo, donde se desempeñó como militante y funcionario, siempre con el mismo perfil moderado y una postura abierta y plural que le ganó el reconocimiento de sus colegas.

Primeros pasos en los medios

”Sigo teniendo un compromiso personal con un mundo político y con un universo intelectual que a mí me importa, pero traté de no hacer ostentación de eso. No sé si alguien dejó de trabajar conmigo porque pensaba distinto a mí, pero yo siempre respeté a los que opinaban diferente”, sintetizó hace pocos años. Y fue así.

Julio Ricardo —cuyo nombre completo era Julio Ricardo López Batista— nació el 13 de enero de 1939 en la ciudad de Buenos Aires. Su padre, José López Pájaro, también se desempeñó como periodista y tuvo un rol destacado al fundar el Círculo de Periodistas Deportivos, considerado un semillero de profesionales que comenzó a consolidarse desde inicios de la década del 60.

Julio Ricardo junto a Víctor Hugo Morales, durante un acto en Plaza de Mayo.

En una charla mantenida hace algunos años con Julio Lagos, con quien compartió parte de su extensa carrera en los medios, Julio Ricardo recordó una vivencia muy particular: contó que una de las escasas ocasiones en las que había llorado fue en 1982, en Bandeira, en la provincia de Pontevedra, durante su recorrido hacia Santiago de Compostela.

"Yo había ido a transmitir el Mundial de España y me hice una escapada al pueblo de mi abuelo José. ¡Era un personaje extraordinario!… Llegó a la Argentina a los 4 o 5 años y nunca olvidó su tierra natal. Se dedicó a fundar escuelas allá, desde aquí. Él, que era prácticamente analfabeto, decía que lo único importante era la educación. Y contribuyó durante años para que aquella aldea tuviese aulas y un centro cultural. Cuando yo llegué, fui a esa escuela y vi la placa con el nombre de mi abuelo, que él jamás vio porque nunca había regresado a Galicia”.

Orígenes familiares, raíces periodísticas y una anécdota inolvidable

José López Pájaro, padre de Julio Ricardo, estuvo al frente de la revista La Cancha y formó parte del recordado ciclo radial “Los hinchas”, donde compartió micrófono con figuras emblemáticas del periodismo deportivo como Félix Daniel Frascara y Borocotó, ambos referentes históricos de la revista El Gráfico.

Un aviso de Noticiero 13, con la presencia de Julio Ricardo.

Por otra parte, Oscar, tío de Julio Ricardo y uno de los impulsores de la Sociedad Argentina de Locutores, también desarrolló una destacada y extensa carrera dentro del ámbito de los medios de comunicación.

“Ellos dos -y agrego a otro de mis tíos, José, director del diario La Mañana en Mar del Plata- influyeron mucho en mí, en casa había un ambiente de diversidad intelectual que me marcó para siempre. Les agradezco, fundamentalmente a mi padre, por haberme comprometido desde chico con la lectura”.

Julio Ricardo inicialmente se inclinó por la docencia: se graduó como maestro en el Colegio Normal Mariano Acosta a los 17 años. Mientras ejercía la enseñanza en escuelas primarias, dio sus primeros pasos en el periodismo, incorporándose en 1957 al medio Noticias Gráficas.

“Mi primera crónica -le contó a Lagos- fue un partido entre Sacachispas y Deportivo Riestra. Pasé la información desde un teléfono público que estaba en Lacarra y Barros Pazos. Y al poco tiempo empecé a colaborar en las transmisiones de Radio Porteña, con un relator que se llamaba Héctor de Thomas, y que trabajaba con el seudónimo de "Crack". Yo daba la información de los goles de otros partidos y salía al aire diciendo "¡Atento Crack!”…No pasó mucho tiempo, y esas apariciones secundarias dejaron lugar a responsabilidades mayores: Radio Splendid, junto al relator Alfredo Curcu, y el Noticiero Deportivo del Canal 13”.

Julio Ricardo, como docente, y Nito Mestre, como alumno.

Entre la docencia y el periodismo

En un momento de su vida profesional, Julio Ricardo se vio ante la dificultad de sostener al mismo tiempo la docencia y el trabajo periodístico, por lo que debió inclinarse por uno de los dos caminos. Sin embargo, él mismo reconocía: “Pese a todo, el sentimiento de maestro de grado siempre permaneció en mí”.

Uno de sus recuerdos más entrañables de su paso por la Escuela Primaria N° 3, ubicada en la calle Puán, estaba ligado a uno de sus alumnos más recordados: Nito Mestre. Décadas después, ambos volverían a encontrarse cuando Julio Ricardo lo entrevistó en uno de sus programas en Radio Nacional, tras más de medio siglo de aquel vínculo inicial.

Finalmente, al momento de decidir su rumbo definitivo, Julio Ricardo optó por el periodismo, donde compartió una etapa de gran relevancia junto a Luis Elías Sojit, otra figura destacada de la narración deportiva.

Guillermo Nimo, Roberto Ayala, Julio Ricardo, Tony Carrizo. Garcia Blanco, Ernesto Cherquis Bialo y Carlos Juvenal en Tribuna Caliente.

“Sojit vivía en Brasil, adonde estaba exiliado luego de la caída de Perón en 1955. Mi papá, que no sólo no era peronista sino que estaba en la vereda de enfrente, movió cielo y tierra para traerlo de vuelta a la Argentina. Y lo logró. De esa manera, Luis Elías pudo volver a trabajar. Ahí fue que lo acompañé en las transmisiones de fútbol, en las que él relataba y yo era comentarista. Eso era para Radio Porteña. Y en 1961, con él, viajé por primera vez a Europa, cubriendo la gira de la Selección Argentina de fútbol que se preparaba para el Mundial de 1962 en Chile”, contó Julio Ricardo.

El inicio de una dupla histórica

En ese recorrido profesional junto a Luis Elías Sojit, también atravesaron uno de los momentos más difíciles de sus carreras. El hecho ocurrió el 3 de marzo de 1963, durante la Vuelta de Olavarría, una de las competencias tradicionales del Turismo Carretera.

Marcelo Araujo y Julio Ricardo.

“Nosotros con el avión siempre seguíamos al puntero, que habitualmente era Juan Gálvez. Estábamos acostumbrados a verlo manejar con absoluta prolijidad, sin tener jamás un despiste ni un derrape. Ese día, como de costumbre, Juan iba puntero, a la altura del Camino de los Chilenos. Yo iba narrando, cuando de repente veo que el auto de Juan Gálvez sigue de largo en una curva. Seguí relatando y contando algo increíble: Juan Gálvez chocó contra un terraplén y su auto empezó a dar vueltas en el aire. Una, dos, tres, vueltas… ¡Yo lo estaba viendo y narrando!… Y entonces dije: Luis Elías, el auto de Juan Gálvez quedó dado vuelta en la ruta… ¡¡¡Yo salgo ahora mismo de la transmisión!!!…”

Julio Ricardo interrumpió la comunicación con Luis Elías Sojit y la aeronave inició un descenso inmediato hasta las cercanías del sitio del siniestro. El aparato, un pequeño Cessna 102, logró posarse de emergencia al borde del camino. “Salimos corriendo hacia donde estaba el auto de Juancito Gálvez… Su acompañante, Raúl Cotet estaba ileso… Pero Juan no… Sacamos los equipos de transmisión que ocupaban casi todo el espacio del avión, subimos el cuerpo de Juan y el piloto lo llevó a la ciudad… Nosotros nos quedamos junto al auto volcado, hasta que después nos fueron a buscar. Lo único que rescaté fue el casco”.

Murió Julio Ricardo.

En una entrevista reciente con Carlos Ares en el Canal de la Ciudad, Julio Ricardo también reflexionaba sobre el fútbol de la década del 60, al que describía como completamente diferente al actual: “era otro mundo, tan distinto a lo que vemos hoy… completamente distinto… Tuve la oportunidad de disfrutar a una maravillosa generación de jugadores, a los Onega y Sívori, por ejemplo”. A su vez, evocaba su cobertura del Mundial 1966 en Inglaterra y el impacto que le generó la irrupción de la revolución cultural encabezada por The Beatles: “Pero yo ya estaba afuera, me sentía grande, me quedé solo con los sonidos…”.

Una mirada única sobre el fútbol mundial

En relación con las corrientes futbolísticas que más adelante polarizaron al ambiente argentino —como la disputa entre menottismo y bilardismo—, sostuvo: “Fue algo demasiado cruel, nos dividió también en el campo periodístico. En realidad, eran diferentes maneras de ver e interpretar el fútbol, más libre en el caso de Menotti, más rígida en el caso de Bilardo. No me ‘afilié’ a ningún bando, traté de rescatar y tomar cosas de ambos”.

El fútbol fue el deporte que más siguió, quien también fue un militante y funcionario del peronismo.

En 1967, Julio Ricardo fue convocado para desempeñarse como comentarista en las transmisiones que realizaba José María Muñoz —conocido como “el relator de América”— a través de Radio Rivadavia. Se trataba de un espacio que había ganado prestigio previamente con la labor de Enzo Ardigó y que posteriormente continuaría bajo la conducción de Enrique Macaya Márquez. Ricardo se mantuvo en ese ámbito hasta 1972, en una etapa en la que la radio ejercía una fuerte influencia dentro del deporte.

Más adelante, durante la presidencia de Carlos Menem, fue designado al frente de ATC (TV Pública) en 1990, aunque su gestión duró apenas seis meses, tras los cuales decidió presentar su renuncia.

“Mi proyecto personal era que los canales tenían que ser difusores culturales. Y la política oficial era la venta de los canales. El tramo en el que yo estuve, durante ese tiempo, le fue muy bien al Canal, llegó a fin de año sin perder más plata. Pero la política general caminaba en otro sentido”, explicó.

Durante esa etapa, Julio Ricardo combinó su labor como columnista deportivo con la conducción del noticiero de ATC. Además, durante casi diez años estuvo al frente de “Tribuna Caliente”, el ciclo ideado por Gerardo Sofovich, donde compartió equipo con Antonio Carrizo y Guillermo Nimo, antes de que el programa pasara a manos de la productora Torneos y Competencias.

Tenía 87 años y alcanzó la popularidad cuando José María Muñoz lo sentó a su lado para comentar en Radio Rivadavia.

Radio, TV pública y la consolidación de una carrera

En 2002 regresó al comentario futbolístico en Radio Nacional, acompañado por Walter Saavedra y Héctor Drazer. Más tarde volvió a la televisión integrando el ciclo “Fútbol para todos” entre 2009 y 2013, durante la etapa de las transmisiones encabezadas por Marcelo Araujo.

Julio Ricardo recibió diversas distinciones a lo largo de su carrera, entre ellas el prestigioso Premio Konex. Más recientemente, en noviembre de 2024, la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires lo reconoció como “Personalidad Destacada” de su actividad en un acto realizado en el Salón Dorado. Durante esa ceremonia, solicitó un reconocimiento especial para la Selección Argentina de fútbol campeona en Qatar y remarcó que “el deporte le está mostrando al mundo que es posible vivir en paz, de no vivir en guerra ni en grietas de manera permanente”.

La iniciativa fue impulsada por el diputado Claudio Ferreño, quien destacó a Ricardo como “un ejemplo para las nuevas generaciones de periodistas deportivos por su trayectoria, su contribución a la democratización del acceso al fútbol y valores éticos”.

Julio Ricardo también fue un militante y funcionario del peronismo.

Un estilo inconfundible: sobriedad, cultura y mirada humanista

A lo largo de su extensa trayectoria en los medios de comunicación, incluso en los ciclos de mayor tensión y debate, mantuvo siempre un estilo mesurado y un perfil fuertemente vinculado a la cultura, sin apartarse de la sobriedad que lo caracterizaba.

“Me he pasado la vida viendo la conducta de los plateístas, que en teoría pertenecen a sectores más favorecidos, y que pierden el control y le dicen barbaridades al árbitro, a los rivales, a sus jugadores, a los periodistas de la cabina. Yo creo que el deporte es un elemento fundamental de la cultura y debe servir para educar, para acostumbrar a los chicos a vivir en comunidad. Para que el otro no sea un enemigo al que hay que destruir. Es un adversario con el que yo voy a disfrutar el tiempo que me está regalando. De grande estoy tratando de aprender a entender al otro, a entender el bien y el mal… y que en realidad esa diferencia es muy fluida. Soy un enamorado de Hannah Arendt, que me enseñó y me hizo reflexionar, se es bueno en un sentido y se es malo en otro. Y al revés. No hay nadie absolutamente malo o absolutamente bueno”, expresó.

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