Gustavo Fernández vuelve a enorgullecer el deporte argentino. Quien fuera número 1 del ranking a mediados de 2017, hoy volvió a conmover al mundo al ganar Roland Garros, su segundo Grand Slam sobre polvo de ladrillo.

Fernández otra vez derrotó al inglés Gordon Reid. Ahora, 6-1 y 6-3, en una hora y diez minutos. Fue una gran revancha después de haber perdido las finales en París, de manera consecutiva, frente a Alfie Hewett (6-0, 6-7 y 2-6 en 2017) y a Shingo Kunieda (6-7, 0-6 en 2018).

Nació en Rio Tercero, Córdoba, y un año y medio después sufrió un infarto medular que lo dejó paralizado desde la cintura hacia abajo. Así y todo, en familia de deportistas, no claudicó. A los seis años comenzó a jugar al tenis y, a los 12, se inscribió como Junior en la Asociación Argentina de Tenis. A partir de ahí, nació una leyenda del tenis adaptado más allá de que no mucho no le cierra la idea de ser sólo expuesto como 'ejemplo de superación'.

“Un poco me molesto que sólo me digan que soy un ejemplo de superación. Yo que creo soy un ejemplo de deportista profesional. No me siento discriminado porque no le doy bola. Pero sé que existe. Mi familia me hizo ver que yo tenía que encontrar mis propios límites. Por más que seas discapacitado podés tener la vida que quieras..”, suele decir. Y tuvo razón Lobito. Hoy hace vida de campeón. De campeón de Roland Garros...

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