Con apenas 11 años, el jujeño Nicolás Armella tiene una historia marcada por el fútbol desde sus primeros pasos. Comenzó impulsado por su papá, pasó por distintas posiciones hasta encontrarse cómodo como enganche y, a los 9 años, tuvo la oportunidad de viajar a Buenos Aires para probarse en Estudiantes de La Plata.
Una pelota desde los dos años
El principal responsable de su vínculo con el fútbol, según contó entre risas, fue su papá. Nicolás asegura que prácticamente desde que comenzó a caminar tuvo una pelota cerca.
“Mi papá me enseñó a jugar a la pelota. A los dos años ya me empezó a enseñar”, relató.
Aunque no conserva recuerdos propios de aquella etapa, las historias familiares se repiten cada vez que hablan de sus comienzos. Incluso recordó que una de esas primeras aventuras con la pelota terminó con un golpe en la ceja y una visita al médico.
Con el paso de los años, aquella diversión comenzó a convertirse en entrenamiento y aprendizaje.
Cuyaya, el lugar donde empezó su camino
Entre los tres y cuatro años llegó al Club Cuyaya, donde comenzó formalmente su recorrido futbolístico.
Además de los entrenamientos, Nicolás pasaba muchas horas jugando en la plaza con amigos. Allí fue aprendiendo diferentes formas de pegarle a la pelota, mejorar el control y animarse a nuevas jugadas.
“Siempre lo más lindo era practicar en la plaza con mis amigos de Cuyaya, jugar a la pelota y tirar unas cuantas veces magia” “Siempre lo más lindo era practicar en la plaza con mis amigos de Cuyaya, jugar a la pelota y tirar unas cuantas veces magia”
También acostumbraba compartir cancha con chicos mayores, algo que lo obligó desde pequeño a adaptarse a un fútbol más exigente y físico.
De delantero a enganche
Antes de encontrar su actual posición, Nicolás pasó por varios sectores de la cancha.
“Primero jugué de nueve, después quise probar de volante, alguna vez de defensor y en un momento quise probarme en el medio y me gustó”, explicó.
La elección de desempeñarse como enganche fue propia. Desde allí disfruta participar constantemente del juego y asumir responsabilidades dentro del equipo.
Esa personalidad también aparece durante los partidos. Nicolás contó que habla permanentemente con sus compañeros y, cuando es necesario, ayuda a ordenar al equipo.
“Mucha comunicación”, resumió sobre una característica que considera importante dentro de la cancha.
La prueba que lo llevó hasta Estudiantes de La Plata
Uno de los momentos más importantes de su corta carrera llegó a los 9 años. Participó de una prueba de Estudiantes de La Plata realizada en Palpalá y fue seleccionado para viajar a Buenos Aires.
Fue también su primera vez en la capital del país.
“Me fui a probar a Estudiantes acá en Palpalá y me seleccionaron para ir a Buenos Aires” “Me fui a probar a Estudiantes acá en Palpalá y me seleccionaron para ir a Buenos Aires”
De aquella experiencia todavía conserva una pulsera del club platense. Pero, más allá del recuerdo, el viaje también le permitió conocer otra intensidad de juego.
“Lo que mucho diferencié es que allá se juega con mucha más velocidad y ritmo. Acá es más toque y más juego en equipo; allá también se juega en equipo, pero son mucho más rápidos”, explicó.
El aspecto físico fue otro de los puntos que le llamó la atención, especialmente al momento de disputar cada pelota con jugadores de su edad.
Una rutina entre el colegio y los entrenamientos
Actualmente, Nicolás combina sus responsabilidades escolares con una rutina deportiva exigente.
Después del colegio regresa a su casa, almuerza, descansa un momento y luego continúa con sus actividades. El gimnasio, las tareas y los entrenamientos forman parte de sus jornadas habituales.
Según contó, también mantiene un buen rendimiento escolar, algo que acompaña al esfuerzo que realiza diariamente dentro del fútbol.
Aprender a jugar para el equipo
Otro aspecto que Nicolás decidió trabajar es la parte mental. Explicó que comenzó a recibir acompañamiento profesional porque, cuando los resultados no eran favorables, intentaba resolver los partidos por su cuenta.
“Cuando iba perdiendo quería hacer todo solo, pensando que podía, y no era así. Tenía que jugar en equipo” “Cuando iba perdiendo quería hacer todo solo, pensando que podía, y no era así. Tenía que jugar en equipo”
Con ese trabajo aprendió a interpretar de otra forma su función como mediocampista.
“Me enseñó que no hay que jugar solo. Yo, jugando en el medio, tengo que hacer jugar más al equipo y apoyar siempre a mis compañeros”, señaló.
Cómo enfrenta una derrota
La frustración también forma parte del aprendizaje. Nicolás admite que perder todavía le genera enojo, pero asegura que intenta no trasladarlo hacia sus compañeros.
“Me enojo, pero me lo guardo y sigo apoyando a mis compañeros. Puedo estar frustrado por dentro, pero trato de demostrar lo mejor”, expresó.
A los 11 años, Nicolás Armella continúa entrenando, aprendiendo y sumando experiencias. Con el acompañamiento permanente de su familia y sus compañeros, su objetivo es seguir creciendo dentro del fútbol y aprovechar cada oportunidad que aparezca en el camino.
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