Alejandro Sanz en Córdoba: príncipe de un cuento infinito

A casi tres años de su última visita, el español pisó nuevamente suelo cordobés con un show que repasó algunos clásicos y temas de su nuevo disco, “La música no se toca”.

La música desata pasiones, y asistir a un concierto de Alejandro Sanz es ser testigo de ello. En un Orfeo colmado de fanáticas (mayoría indiscutible) que ocuparon hasta los rincones más alejados del estadio, el cantautor español brindó un show para cerca de ocho mil personas cargado de emociones, energía, exclamaciones de amor, delirio y mucho romanticismo.

La ecuación fue sencilla: había un artista dispuesto a pasarla bien y miles de seguidores con la misma intención, nada podía resultar mal, y no lo hizo.

"¡Qué pedazo de día nos ha regalado Córdoba! gracias por recibirnos en su tierra, es un honor para nosotros estar acá, vamos a darlo todo para que esta noche sea la que ustedes merecen", dijo el músico en su primera intervención y desató una ola de gritos ensordecedores, que se repitieron hasta el final.

Más allá de las coincidencias que puedan encontrarse con otros shows del estilo, el paso de Sanz por Córdoba tuvo una característica que lo hizo especial. El artista interactuó con sus fans de principio a fin, les recibió sus regalos, hizo subir a dos de ellas al escenario, leyó sus carteles y hasta bromeó con algunos hombres de las primeras filas, únicos "valientes" entre una multitud femenina.

"Con esta canción te voy a hacer levantar", le dijo el cantante a un joven que, por compromiso de novio, se encontraba sentado en la primera fila. Y así fue como, con una seguidilla de clásicos (los más cantados y esperados de la noche), todos, incluidos los hombres, se pararon y cantaron con él.

Mención aparte merece la puesta en escena, que se conjugó a la perfección para crear una velada memorable. La escenografía, que por momentos parecía simular un cielo estrellado, sumado al romanticismo de las canciones y la simpatía de Sanz hizo que las mujeres se retiraran del show con la sensación de haber vivido una cita perfecta, encuentro que a cualquier otro hombre le cuesta tanto recrear.

Pero el tiempo se terminó y después de más de dos horas y media de show y un cúmulo de buenos momentos, el cantante se despidió. Amiga mía e Y si fuera ella le dieron el broche de oro a una velada que muchos hubieran deseado infinita. La gente cantó las últimas canciones a todo pulmón y quedó demostrado que son esos eternos clásicos los que, a pesar del paso del tiempo, siguen haciendo valer la entrada.

Sanz se fue de Córdoba con la felicidad del deber cumplido, los brazos llenos de regalos y una sonrisa genuina -símbolo de una gran noche-. Y sus fanáticas (de edades tan variadas como mujeres había) cruzaron el puente del Orfeo agradecidas por el encuentro y listas para que sus maridos, novios, hermanos, abuelos o padres (que esperaban cual batallón a la salida del show), las devolvieran a la realidad.

Llamando a la mujer acción, Cómo decir sin andar diciendo, Corazón partío, Mi soledad y yo, El alma al aire, Cuando nadie me ve, Enséñame tus manos, Hay un universo de pequeñas cosas, La música no se toca, No me compares, Looking for paradise, No es lo mismo, El alma al aire y Mi Marciana fueron algunas de las canciones que musicalizaron la noche.

Fuente: La Voz del Interior

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