El Chingo vive el Carnaval de Flores con disfraces, música y alegría familiar
Los “alegres del chingo” cumplen 10 años con una bajada que reúne a cientos de vecinos disfrazados y convierte al barrio El Chingo en un escenario de colores.
Mientras en distintos puntos de la provincia se vive el Carnaval de Flores, el barrio El Chingo, en San Salvador de Jujuy, celebra a su manera: con disfraces, comparsas y una escalera que se transforma en pasarela de fiesta. Año tras año, los vecinos se organizan para darle vida a un carnaval propio, bien barrial, donde la música y la alegría se mezclan con la identidad del lugar.
En El Chingo, el carnaval no es solo espuma y baile. Es un momento esperado por toda la comunidad, en el que las familias salen a la calle, se disfrazan y comparten una jornada donde el protagonista es el barrio. Chicos, jóvenes y mayores participan por igual, manteniendo viva una tradición que creció con el paso del tiempo.
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Los Alegres del Chingo cumplen 10 años
En diálogo con TodoJujuy, Enzo Soto, integrante de la comparsa “Los alegres del Chingo”, contó que este año la bajada cumple 10 años. “La hacemos desde el 2016 y congrega a mucha gente del barrio y de otros barrios también”, explicó, orgulloso del crecimiento de esta celebración.
La bajada se realiza por la escalera del barrio, que es especialmente acondicionada para la ocasión. Luces, banderines, colores y música convierten ese espacio cotidiano en el corazón del carnaval. Desde temprano, los vecinos van llegando disfrazados para sumarse al recorrido, que ya se volvió una postal clásica de estas fechas.
Aunque no hay un número exacto, se estima que la participación puede superar los 300 disfrazados, entre comparsas, grupos de amigos y familias completas que se animan a bajar las escaleras al ritmo de la música. “Es un momento de mucha alegría para el barrio”, resumió Enzo, al describir la energía que se vive durante la jornada.
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Un carnaval abierto para quien quiera sumarse
Una de las claves del carnaval en El Chingo es que se trata de una fiesta abierta e inclusiva. No hace falta anotarse ni formar parte de una comparsa para participar. “La gente que desea sumarse no necesita inscribirse, simplemente viene disfrazada y hace la tradicional bajada”, explicó Soto.
Esa dinámica espontánea es la que le da un sello especial: cualquiera que llegue con ganas de celebrar puede ser parte de la bajada, mezclándose entre trajes coloridos, máscaras, lentejuelas y personajes creativos que cada año sorprenden a los vecinos. La vereda se llena de espectadores, las escaleras se llenan de comparseros y el barrio entero se convierte en escenario.
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Un carnaval bien jujeño y bien barrial
En paralelo al Carnaval de Flores que se vive en la provincia, lo que pasa en El Chingo muestra otra cara de la fiesta: la del carnaval barrial, construido desde abajo, con el aporte de los vecinos, las comparsas y la creatividad de cada familia. No hay grandes estructuras ni despliegues comerciales, pero sí hay algo que se siente en cada rincón: identidad y pertenencia.
Desde hace una década, la bajada de los alegres del chingo se consolidó como una tradición que muchos esperan cada verano. Para el barrio, es más que un evento: es un momento para reencontrarse, para que vuelvan los que se fueron, para que los chicos crezcan sumándose a la comparsa y para que la alegría, al menos por unas horas, desplace las preocupaciones de todos los días.