Nada importa. Ni el terreno resbaladizo, ni la distancia que se deba recorrer hasta llegar. Solo la profunda convicción que la “mamita del cerro” merece tamaño sacrificio. Y así los peregrinos, munidos de los elementos necesarios para llegar con la menor cantidad de contratiempos posibles, marcharon horas para pedir, agradecer o con cualquier otro motivo que les permita sentirse más cerca de Dios, más cerca del cielo.
Como esa abuela de 62 años, Josefa, que con la sonrisa dibujada en el rostro y el cansancio reflejado en sus pies, aseguraba que era su costumbre desde hace años llegar hasta la Virgen: ”siempre lo hago. Agradezco y le pido a la Virgencita por mi familia, mis nietos. Costó pero llegué”, susurraba mientras descansaba en una piedra al costado del camino.
No es para nada extraño ver cientos de jóvenes en grupo. Y esta no fue la excepción. Sebastián, designado vocero a la fuerza de uno de esos grupos tan coloridos como divertidos, no dudó en afirmar que la experiencia es inigualable: “Subimos el sábado. Fue duro por el terreno. Había zonas mejores y otras no tanto por la lluvia. Pero llegar hasta el santuario y vivir la misa es bárbaro”, aseguraba emocionado mientras sus amigos asentían desde atrás.
El frio fue otro duro escollo. El operativo proporcionaba puestos sanitarios que garantizaban un respiro y segura atención en caso de algún trastorno físico. El Same trabajó sin pausa para proporcionar asistencia médica inmediata. Como los caminantes que padecieron las consecuencias. Hipotermia, problemas musculares y otros trastornos, son parte del sacrificio de un ascenso único en el país.
Después de tanto esfuerzo, llega la cima. Las misas, las lágrimas de emoción y la promesa hecha realidad. Es común ver hombres, mujeres y niños llorando por lo realizado. Las palabras de los párrocos son el disparador para descargar tanta tensión contenida. Y esas lágrimas son el reflejo de la devoción por la Virgen de Punta Corral.
Ahora la Virgen se apresta a visitar el pueblo. Un descenso tan esperado que parece no llegar nunca. Pero de las manos firmes y seguras de los hombres, hasta el rezo de mujeres y niños, pasando por las distintas bandas de sikuris tradicionales, el tiempo se acorta. Y llega a Tumbaya recibida por miles y miles de manos y ramos que hacen de este domingo de Ramos, uno muy especial.
La Virgen De Punta Corral produce una invaluable devoción. Tan singular como el pueblo católico, tan fiel como los jujeños y tan puntual que cada previa de semana santa convoca a miles de cristianos que hacen de la religiosidad una cita impostergable. Es Punta Corral una muestra de la fe de Jujuy que no tiene parangón.
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